Ana Rosa Díaz Naranjo, poemas

Náufraga

Puedo pintar un soneto por clausura a mi partida,

y estos muros a trasluces contra el excusado mar,

si Can Cerbero es salvaje repleto de hostilidad,

mi retorno es marejada del peligro en su rencilla.

 

Vengo desnuda al desplome, sin mi destino altruista,

sin alas, ni beneficios. He olvidado mi antifaz.

Yo también tengo mis garras, también mis bielas tranquilas

 y en mis reversos, auroras, aullidos tras el vitral.

 

Mas, regreso hasta tus flancos para romper vendavales

en tu cuerpo polvareda, hendir mi piel, escurrirme

entre tus piernas de barro, rememorar los abriles,

saber si fueron testigos a tantos viejos amarres.

 

Esta vez seré tu cómplice glorificada y terrible

y abordaré con mi aliento la plenitud de tu oleaje.


Desidia

Fuimos débiles y la indulgencia nos convirtió en culpables.

                                                           Anatole France

Con qué razón aclamar si no hay conciencia,

vivir serenos, sin que el combate fluya.

Qué pasará cuando el mundo se diluya

y se pierda en el adiós nuestra existencia.

 

Por qué razón compartir ambivalencia,

la incertidumbre constante, (el alma aúlla),

la alevosía, el ardid de quien arrulla

en su esqueleto derrotas y violencia.

 

Cuando no hay luz ni salida, el pensamiento

va disipándose al borde del vacío.

Gana la furia, el dolor, su desafío.

 

No habrá Noé que nos avise del fracaso

ni quien nos ceda cobija con su abrazo.

Somos botín para potros de tormento.


El poeta y la muerte

Era una noche de papel de estraza

la luna de cartón resplandecía

y a lo lejos un ocote se veía

alumbrar una flor de calabaza.

 

El poeta era algún astro, la coraza

en medio del espasmo o su estadía,

el mundo era la nube o el tranvía

que vierte su dominio en la amenaza.

 

El bardo y su alter ego esquizofrénico

transgrede y trae en sí la tempestad,

demuda en el rocío, en la bondad

 

que brota ante la magia del arsénico.

La noche es sortilegio y brevedad

al fondo de un paisaje neurasténico.


Los caminos del verso

Si puedes contenerte en el crepúsculo

y empuñas un verso embolismático

mejor será pedir a un catedrático

que te libere pronto de ese opúsculo.

 

No siempre brota en uno el paramédico,

a veces las palabras son disímbolo

que mueven las endechas como un símbolo

del triste acontecer de cualquier médico.

 

Anulo este sistema hipocalórico

del que adolece tu energía cuántica.

Testigo puedo ser. Y cartomántica.

 

Si la verdad navega en tu semántica

cuando en el verso intuyo lo pictórico

ya vas hacia el umbral de lo alegórico.


Ana Rosa Díaz Naranjo es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.