Ramón Luque, poemas

Carpe Diem

Disfruta del momento, vive y goza,

trata de ser feliz, forja utopías,

siembra a tu alrededor paz y alegría,

que el tiempo no te sea nunca una losa.

 

No dejes que te roa la carcoma,

ama con corazón y saborea

cada dulce ocasión de ser idea,

ponte dos alas; siéntete paloma.


Que no te venzan miedo ni desidia,

sueña despierto, sé verso y brisa,

escapa de la pena y de la envidia.

 

Anda con libertad, viste sonrisa,

porque la vida corre y no perdona

las dudas y el temor a ser persona.

 

Hoy es tu día, mujer

Hoy es tu día, mujer, tú que trajinas

de sol a sol y por la noche velas

el sueño de los tuyos con cautela,

eres lema de paz y medicina.

 

Con tu afecto leal vences inquinas,

te esfuerzas con tesón y eres escuela

donde escribir con dicha la novela

que acaba con el gris de la rutina.

 

Eres ejemplo, pundonor y brisa,

eres liberación, eres futuro,

eres amor sin ruidos y sin prisas.

 

Eres trabajadora, eres conjuro

que vence al desaliento, eres sonrisa

y eres la fuerza que derriba muros.


Cuando la vida aprieta

Cuando la vida aprieta, cuando la noche es larga
y no encuentra consuelo en su carrera,
a veces lo mejor es hacerse el dormido,
quedarse como un leño en medio de los campos,
insensible al arado y empapando la lluvia
sin gozo ni esperanza.
No sentir, no temblar, no verter  una lágrima,
ni acariciar un sueño o acunar un fracaso.
A veces lo mejor es hacerse el dormido
esperando otro sol, el milagro de un beso
o un golpe que derribe la memoria o el miedo.


He sentido tu voz

He sentido tu voz, acariciaba
con un leve susurro mi conciencia,
allí anidaba, allí era querencia
que a mi yo dormitado espoleaba.

Quedamente a mi sueño se abrazaba
y allí mecía al mar de mi inconsciencia,
allí era brisa, rítmica cadencia
que en la piel de mi alma resbalaba.

No sé cuándo, tampoco sé el por qué
el cuerpo descendió de su alto vuelo
y vio que eras la ninfa de un edén.


Me invitaste a sumirme en el desvelo.
Y tu voz y mi yo fueron a un cielo
lejano de la mística y la fe.



El alma es un cuaderno

A Rosario Sánchez

El alma es un cuaderno repleto de palabras,
algo así como un diario íntimo e inquietante
con las  pastas de piel y venas por renglones,
habita entre sus páginas esa increíble historia
que escriben la ilusión y el desengaño
en un desafiante mano a mano.
Es tan particular como la muerte
y es tan universal como los días.
Allí los sentimientos discurren transparentes
en medio de emociones y de lágrimas
que nos han esculpido y conformado
como ángeles en busca de su gloria.
El alma es de cristal y es un incendio
y lleva una oración por vestimenta,
puede ser poderosa como un sable,
bella como una nube entre dos soles,
triste como un lamento en el desierto,
grande como un planeta sin oxígeno,
débill como el rocío entre la lluvia.
El alma es soledad y es un abrazo.
Cuídala con halagos, mímala con caricias,
bésala con razones, nútrela con amores
y por nada del mundo la regales
o sentirás que mueres de abandono.


Olvidos

Me olvido de llorar aunque me hieran
y olvido dar limosna al pedigüeño,
también olvido, a veces, muchas veces,
encender una vela por mis muertos
o apagar un incendio en mi alma.
Olvido que estoy vivo a cada instante
y olvido que mi amor está en la casa
esperando de mí algún poema,
una caricia, un beso, una mirada…
Olvido que soy hombre y no un insecto,
olvido que soy libre y no un esclavo
y olvido que este mundo inabarcable
lo intuyo con un solo pensamiento.
Me olvido de olvidar a los más malos,
olvido perdonar a aquel que yerra
y olvido que los mares son heridas
que sangran de dolor por todas partes.
Me olvido que detrás de las palabras
hay envidia, maldad y una navaja
dispuesta a arrebatarte la esperanza.
Olvido que estoy vivo, ya lo he dicho,
y olvido que morir es mi destino,
olvido que no olvido aunque yo quiero
olvidar para ser un niño bueno.


Tiene guasa la arrob@

Tiene guasa la arrob@. Quién diría
que la vieja medida castellana
renazca hoy cual grácil cortesana
y pida para sí glosa y franquía.

Y viene con su sexo. Qué alegría.
Qué me gusta su pose barragana,
su nombre indefinido de galana,
la moderna espiral de su osadía.

No es letra. No es un gesto. No es un ser.
No es hombre ni mujer. No expresa nada.
Sin embargo pretende el gran poder.

Miradla, pedigüeñ@ y desalmad@,
hermafrodit@ por predestinad@,
llevando los dos sexos a la vez.


Ramón Luque está galardonado con el escudo de oro de la Unión Nacional de Escritores de España.