Poemas de Alejandro Señoris

Arráncame la vida

Arráncame la vida,
la cruz de mi sufrimiento,
roba de mi alma la luz,
a través del calor de tus besos.

Pinta de mis ojos la mirada,
que yo bebo de entre tus dedos,
dejando en mi ser cada palabra,
que renace desde mi pecho.

Recuérdame junto al aire,
que desnuda mi aliento,
creando este amor que palpita,
sobre el caudal de un te quiero.

Desnúdame cada día esta herida,
dejando sobre mi lecho,
cada momento de vida,
que revela nuestro silencio.

Seamos dos sombras furtivas,
que en la noche se escaparon,
para crear en cada paso,
verdades junto al cielo.

Dejemos esa rosa en el alma,
despertemos de este momento,
el amanecer más hermoso,
que tu bendices de mi tiempo.

Tu, gota delicada de rocío,
que engalana mi mirada,
palabra dulce repetida,
ante este canto eterno.

La tenue calma de esta llama,
se desprende de sentimientos,
dejando paso al alba,
que encierra nuestro secreto.


A mi querido padre

En una gota de lluvia junto al alma,
desojo cada uno de tus recuerdos,
para poder decirte cada día en la distancia,
que te quiero más de lo que siempre he querido.

En ti dejo mi corazón,
descubriendote ante el,
con cada palabra de mi mirada,
que despierta ante todos mis sentidos.

La luna te revela sobre el cielo,
ante las estrellas ,
guardando tu reflejo en mis labios,
donde en ti siempre existo.

Desde mi niñez guardo tus palabras,
de las cuales soy el ejemplo,
que tu me diste ante la vida,
de los caminos de mi destino.

Sonrío al verte en cada fotografía,
que retiene tu imagen como si no te hubieras ido,
despertando el amanecer de mi mirada,
sobre el mar de mis profundos abismos.

Pienso en ti cada día,
mirando esa rosa que brilla al alba,
abandono en ti la vida,
que el tiempo abarca entre mis suspiros.

Llegó el momento de ese adiós tan triste,
que el viento ahogó en su silencio,
pero te quedaste en cada palabra de mis lágrimas,
ante el dulce fuego de lo vivido.

Por que tu eres el espejo en el que me reflejo,
te agradezco el tiempo de alegria que me has regalado,
por eso y muchas más cosas tu siempre serás,
esa promesa que te guarda ante mis latidos.

A ti, mi querido padre, te amo.


No soy esa mujer

No soy una voz derrotada,
que mira en un espejo su reflejo,
llorando cada lágrima de sangre,
que resbala entre mis dedos.

No soy esa niña desnuda,
abrazada por cada latigazo nuevo,
soy la que lleva en su vientre,
el calor de un hijo de nuevo.

No , no soy el enemigo de esa bala,
que tu lanzas desde el infierno,
ni el saco de tu gimnasio,
al que tu golpeas sin respeto.

No he sido nunca tu esclava,
y no lucho en ningún duelo,
soy la lluvia de esperanza,
de mi corazón eterno.

No y digo no miles de veces,
ante las manos que me ahogan,
dejando de cada grito tuyo,
secuelas sobre mi cuerpo.

Tú me prometiste amarme,
como nunca nadie lo había hecho,
y te has convertido en una condena,
sobre los años que vivo en silencio.

Estoy cansada de esta lucha,
que me aborda ante el sufrimiento,
no seguiré más tus huellas,
andando descalza sobre tu desierto.

No, ya todo se acaba entre nosotros,
no soy un cántaro vacío de agua,
yo soy una mujer luchadora,
que te venció ante sus miedos.


Soñé que la noche es mía

Soñé que la noche es mía,
mi lecho se estremecía,
la luna llena reía,
mientras yo gozaba en tu cuerpo.
Me hacías sentir reina de todas las reinas.
Soñé saborear tus labios,
bajo el resplandor de estrellas,
vivir una noche intensa,

dos cuerpos en uno solo,
como una fuerte tormenta.
Soñé que la noche es mía,
desperté ya con el alba,

algo recorrió mi cuerpo,
escalofríos, temblor,
solo  me sale decir que a mi lado
te sentía con pasión.

Soñé y viví la vida soñando,
un suspiro murió en tus labios,
nació el sabor de tu boca,
y todo comenzó con un beso.

¿Soñé? quizás no fuese un sueño,
tus manos sobre mis manos,
tu alma sobre mi alma,
y al fin juntos, un mismo corazón.

Dentro de cada palabra,
de todo mi tiempo,
dibuje tu sonrisa,
cuando sufría con dolor.

Real eres como la vida misma,
ya dejaste de ser un sueño,
el mar es la voz de tu mirada,
que bendice nuestro amor.


Vivo sin vivir

Vivo sin vivir,
por que sin ti no me hallo,
y aunque me busco no me veo,
solo tus ojos iluminan mis pasos.

Día tras día te busco pacientemente,
y junto al aire sigo recordando,
cada gota de vida de tus ojos,
que en mi silencio he besado.

Contigo tengo todo amada mía,
el fuego que me arde en mi costado,
el vergel de mi fe escrita,
que entre mis dedos te sigue amando.

Despierto y te siento en el alma,
dejando en mi corazón alado,
la verdad de cada sentimiento,
que en mi ser has creado.

Las palabras se quedan cortas,
y el amanecer se levanta temprano,
para forjarte en cada herida,
que lleva tu nombre grabado.

Tu eres mi lucero de noche,
el sol de la mañana que me atrapa en su abrazo,
la voz bendita de tu imagen la guardo,
en cada reflejo rendido de mis labios.

Vivo sin vivir amor mío,
y cada día te sigo amando,
más que la voz que te recita,
este poema que yo te canto.

Agradezco a dios cada día por tu compañía,
y aun hoy te sigo respirando,
por que tu eres mi voz que se ilumina,
a cada paso de mis años.


En el silencio de tu aroma

En el silencio de tu aroma,
vivo yo para poder amarte,
a través del influjo de tu mirada,
mis manos se despiertan sobre el aire.

Encuentro en tu rostro ese momento,
que permanece en el tiempo inalterable,
como el mar de fondo que me abraza de tus labios,
cuando sobre mi pecho yo puedo reposarte.

En ti dejo cada uno de mis deseos y mis anhelos,
cada latido que en mi corazón arde,
cada gota de lluvia de mi propia sangre,
Que dentro de mi alma desea abrazarte.

Tu eres la luz que desciende en mi camino,
el milagro escrito donde todo renace,
el bajel desnudo de mis sentimientos,
que en tu mirada me reflejan al mirarte.

Vibro ante cada uno de tus pasos,
Cuando el alba viene a despertarme,
Ante el arco iris rendido de tu pelo,
que sobre mi piel vuelve a besarte.

Una rosa roja es la única testigo,
De este silencio que se debate,
Entre las sombras de un mismo secreto,
Dejando estrellas en esta noche inolvidable.  


Carta para Lucía 2

De por qué te amo,
las palabras se quedan cortas para este sentimiento,
solo sé que mis labios mueren por tus dulces besos
siento que mi alma arde y tu estas dentro de mi pecho.

Guardo de tus ojos mi fiel reflejo,
amor te amo tanto que sin ti no hay consuelo,
solo lágrimas que te extrañan,
por ser parte de mi pensamiento.

Dejas en mi esa flecha,
que Cupido enveneno de sentimiento,
despiertas de mi ser la sonrisa,
que abrazo con un te quiero.

Despiertas en la noche las estrellas,
que desean sobre el cielo,
cada palpito herido de tu ser,
durmiéndose sobre mi cuerpo.

Tengo que explicarte que mi vida,
viaja junto al viento,
para llegar a tu lado en la distancia,
sabiendo que contigo todo lo tengo.

Esta carta es una melodía,
que remueve mis cimientos,
sabiendo que cada día que pasa,
más te echo de menos

Pero no muero por quererte,
si te amo sin remedio,
tu formas la lirica,
de cada latido de mi cuerpo.

Sin más que poder decirte,
solo te dejo esto,
tu eres mi vida,
y tú eres lo que más quiero.

besos mi dulce amor.
Tu naces del caudal de mi corazón.


El mar la roca (Ella)

La tempestad llegó triste,
el viento la abrazó,
se oye como el mar riza sus olas.
Las lágrimas que el mar derrama
van en busca de tu amor
y allí a lo lejos como dormida
ella apareció
subida a la roca
vestida de brisa de sal y de color
esa tempestad cayó sobre ella
y sobre ella despertó el sol.
Las gaviotas dibujaron sobre ella
la sombra espumosa de su interior.
Ella triste parecía, pero sus ojos
no tienen dolor
sus lágrimas son de plata
por los rayos que manda el sol.
¿Son signos de alegría?
¿Son muestras de tu amor?
Espero llegar a tu roca
allí tan lejos donde llegue mi amor.
Ella es risa, alegría en mi interior
mi alma viajó junto al viento
con su cáliz relleno de ruegos y promesas
palabras que el tiempo encendió.
Ella es la que esculpió la roca,
la que las flores dibujó,
todo brota de ella,
la que hizo la herida
que encendió en mi interior.