Y nació un nuevo día


Poema de Paco Veira

Nace un nuevo día, 
El sol, asoma entre las montañas, 
Envuelto en malos presagios, 
Iluminando las tierras de Granada 

Cae la tarde, el sol juega al escondite 
Entre los verdes olivares del valle. 
Las aguas calmas del río, 
Reflejan el rojo del sol en su despedida, 
Que se entremezcla con las sombras del relevo de la luna. 
Es el preludio de una calorosa y triste noche, 

Tembloroso, relee sus escritos y poemas, 
¡Ay camborio! ahora me toca a mí, 
Tu, mi guapa monja gitana, reza por mí alma 
Y a ti señora, te pido perdón, 
Creía que eras mocita y no casada. 

Mientras, en sus oídos, 
Retumban de fondo los tambores de guerra. 
En la soledad  de la noche. 
Las almas negras, preso lo llevan 
Los gritos de las conciencias, suplican, 
¡¡¡Qué no llegue el alba!!! 

Entre las montañas de Sierra Nevada 
Despunta el día, casi llega la mañana. 
En medio del campo, como alimaña, 
Sin motivo, ni explicación, tronaron las armas, 
Le rompieron el corazón. 

El eco del grito del adiós, a toda Granada despertó, 
Su voz de muerte, por las torrenteras bajaba, 
Corriendo por el valle, hasta la costa llegó. 

La Alhambra se puso luto, 
En el Generalife, a sus flores estremeció, 
Y en el Sacro monte, 
Las lagrimas del llanto de sus gitanos, 
A raudales corrió. 
La zambra, ronca, enmudeció 
Ya no cantan, 
Ya no bailan, 

Y hasta la guitarra lloró.

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