Simulacro de peligro de linchamiento

Relato de Laura Aguirre

El muchacho había asesinado a la niña, una niña inocente, simpática, querida por todos en el barrio por su simpatía y su carita de ángel.

Los padres de la niña sufrieron un gran choque emocional: la madre quedó muda y el padre sumido en un profundo dolor. El resto de los familiares empezaron a sentir que les hervía la sangre de rabia, los vecinos indignados, comenzaron a tener hambre de venganza: ese hombre no merecía vivir porque había quitado una vida y había destrozado la de sus padres. No, la cárcel no era suficiente, debía correr la misma suerte o por lo menos sufrir las heridas y los golpes de sus vengadores aunque no llegara a morir. Cuando se hubieran hartado de pegarle y de descargar toda su furia en el asesino, una vez que se hubieran quedado satisfechos de haberle golpeado hasta la saciedad, cuando vieran que el criminal estaba cubierto de heridas insufribles, entonces lo dejarían y sentirían que habrían hecho justicia; lo habrían "ajusticiado" a su manera; no según lo legal, sino según su instinto. No según la lógica del pensar sino la locura del sentir; lo más importante aquí era descargar la rabia, una rabia que los quemaba; y poder dormir tranquilo esa noche. 

Iban a rasar con todo: sus principios morales y religiosos, la ciencia, la opinión pública, la conciencia. ¡Al diablo todo ello!

Estaban dispuestos a acabar con él como sea, dañando a su familia, daba igual. Iban a hacerlo a la vista de todos, incluso de niños, sí, en plena calle; "y que aprendan". La policía los detendría porque el linchamiento es ilegal pero ¡no importaba! 

"Lo primero es lo primero y esto urge; no hay tiempo que perder". 

"No importa que nos arresten: hay que vengar la sangre de esa niña". 

Quizás más tarde algunos se arrepientan, por tanto, antes de nada, sin ni siquiera pensarlo ni un segundo, tendrían que dejarlo todo tal como estaba e ir a buscarlo ya. 

"No lo pienses, esas cosas no se piensan; "¡es venganza!".

-"¿Quién dijiste que es?"

-"Aquel de pelo rizado".

-"¡A por él!"
El "ajusticiamiento" tuvo lugar hace ya 3 meses. El asesino acabó pagando con su vida su crimen. Los vengadores... están tranquilos, satisfechos, orgullosos, altivos, impertérritos, fríos, esquivos, dudosos, suspicaces, taciturnos y distantes.

En la comisaría de policía, desmantelada, fría, apartada, solitaria y silenciosa, entra una mujer. Ruda, amargada, asustada y cabizbaja:

 -"¿Qué desea, señora?"

Cruce de miradas, largo silencio...

 -"Yo la maté".

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