Lola Vega, poemas

En mi memoria

La bruma cubre el tibio sol de la mañana,

Temprana

El día viste de gris su infinita tristeza,

Certeza

Del designio que entreteje la avenida,

Teñida

Claroscura en el último destino,

Sino

En santo y seña de la vida,

Perdida

... hoy no sonríe la Gioconda.


Mar y limonero

Frente a la mar

Sal y limón me Impregna

Pinto mis ojos

Verde azul amarillo

Nace un poema

Escrito en pentagrama

Música y canto

Aletean gaviotas

Acompasadas

Acercan horizontes

Ola tras ola

A mis manos de arena

Frente a la mar.


A ti, madre, allá donde estés

Con zapatillas de armiño

vestida con sedas blancas

al albor del nuevo día

tú, con la luna te marchas.

 

Luna nueva, luna llena

luna de tu madrugada,

albahaca, azahares,

aromas de tu almohada,

esbozo de una sonrisa

en primavera estallada,

apremio de tu silencio

en la palabra callada,

refugio de una quimera

principio-fin de morada.

 

Con zapatillas de armiño

vestida con sedas blancas

a la grupa de tu luna

cabalgas madre, cabalgas.

 

Luna, luna de esperanza

donde el tiempo se detiene,

donde los besos se fraguan,

donde la nada es el todo

donde el todo se desgrana,

luna, luna de esperanza,

donde el alma se alboroza,

donde tú, el cielo alcanzas,

donde el amor te despierta

allí donde Dios te habla.

 

Con zapatillas de armiño

vestida con sedas blancas

al albor del nuevo día

tú, con la luna te marchas.


Navego

Hoy navego a la grupa de mis lunas,

Buscando los tesoros de otro tiempo,

Un te quiero tejido en un destiempo,

Perdido en un desierto de mil dunas.

 

Allá duermen historias infortunas,

Producto de convulsos contratiempos,

Presas, yacen prendidas en el tiempo,

A la suerte de azares y fortunas.

 

Me envuelvo de mar, de sales y brisas,

Levanto el vuelo cual gaviota errante,

Al encuentro de besos y sonrisas.

 

En tu puerto seré por siempre amante,

Tu verbo, tus versos, llantos y risas,

Seré luna en tu noche, navegante.



Tristeza

El sol ha templado su calor

Incandescente

Sombríos horizontes, son otros los  días,

Diferentes

Noches alargadas enlazan

Madrugadas,

Transitan eternas en el alba,

Inacabadas

Acompaña luna menguante

Mis desvelos,

Ausencia en mi mar, brillos de plata,

Anhelos

Trenzan recuerdos en mi mente

Desbordada,

Salvaguardan sentimientos del alma

Enamorada

Tiempos de soledad caminan

 El presente,

Tristeza, fiel compañera de viaje,

Permanente.



A tu encuentro

Abriré sendas y caminos
allá por donde pisen mis pies
y te dejaré mis zapatos.

Quitaré con mis manos las piedras del cauce del rio
para que el agua fluya sin obstáculos
y dejaré ropa seca en las ramas del abedul.

Navegaré por el mar azul de los sueños
y te llevaré a salvo de orilla a orilla,
de tu casa a mi casa sin llamar a la puerta.

Te sentarás conmigo a mi mesa,
compartiremos el pan,
y tomarás la palabra.



La palabra

Tomemos la palabra como lanzadera
de mensajes de paz y concordia
allá donde la razón se pierde,
hagamos diana,
despertemos del letargo el sentido perdido
en páginas amarillentas y ajadas.

Tomemos la palabra.
Escribamos nuevas estrofas,
versos de amor universal,
busquemos el equilibrio,
y en el punto justo de la balanza
pongamos la razón.


Horizontes de Paz

Silencio en  las armas del nuevo día
Lechos de madrugada
Se desbaratan
Se levantan
Izan sábanas blancas
Impregnadas de dolor
En banderas de Paz
Que ondean a los vientos
El aire se oxigena, 
Alimenta el alba
Retoma la brisa fresca
De manantiales fraternos
Y tiñe de azul el despertar
Pintando de color la mañana
El horizonte amanece
En  silencios de Paz.


Tiempo de otoño

Muere la tarde...acabando ya…el día.
Aires de otoño levantan  la polvareda
enturbian el espacio vital de los recuerdos.
El sinsentido se instala en la memoria
allá donde las palabras
adquieren otra dimensión,
palabras enredadas,
palabras asidas
a un presente sin memoria
que van, que vienen
en idas y venidas,
deambulan por la vía prohibida de la razón,
entran salen,
transitan,  perdidas en el laberinto de la cordura,
destruyen historias
construyen páginas en blanco.
Historias dormidas en el limbo
pernoctan con parada y fonda en el infinito
sin retorno a un nuevo amanecer.
Caen las hojas del abedul
como gotas de rocío en la templanza de la madrugada
cubriendo recuerdos de otro tiempo,
historias que nacieron  allá por primaveras.
Muere la tarde...acabando  ya…el día,
es tiempo de otoño,
TIEMPO DE BESOS.

Poema dedicado al Alzheimer.

Lola Vega es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.