Poemas y relatos cortos de Vicente Enguídanos

Soneto en el desierto

Cuando he conseguido ser muy completo,
siendo necesario ser muy versado;
quisiera poder hacer un  soneto,
llegando a ser un poeta consumado.

En la riqueza del vocabulario,
expresando con claridad la verdad,
transformando palabras comentario,
tendré para siempre otra oportunidad.

Lo que un corazón hace con libertad,
difundiendo con esperanza la LUZ,
va tomando la forma este panfleto.

Sin que para mí haya sido una cruz,
del  fondo de mi alma con bondad
he terminado, al fin, este soneto.


¡La magia de un beso!

Consiste  en conocer los puntos sensibles de un cuerpo de mujer. Un beso suave, dulce, en silencio, recorriendo muy lentamente  esos puntos que transmiten al centro energético del cerebro esa energía que hace fabricar  las endorfinas que se expanden poco a poco por todos los músculos, arterias y venas, produciendo una relajación que se transforma  en éxtasis y puede llegar hasta el orgasmo.

Una sensación especial que el cuerpo admite como algo extraordinario y que le hace sentir esa placidez de bienestar y una renovación de energía que llega  a lo más profundo de su ser.  

Ese beso que si se empezó por los labios, ha ido ascendiendo por toda la faz y se reparte poco a poco por los ojos, el rostro, la frente, volviendo en su recorrido a los dulces labios que fundiéndose de nuevo llegan a experimentar esa unión de la fuerza del Ying Yang; de dos almas que se sienten transportadas, fusionadas en una sola y sienten la fuerza del Universo en una explosión que va más allá del Infinito.