Nadie vio


Poema de Antonio Carmona
Nadie vio al gato saltar, sino caer
con el pájaro en las fauces.
La ceguera era verde. 
El ruido del tren llegó para salvarlos. Tren.
Entre los almendros, torpemente los peces
agonizaban salto tras salto.
El acero de las espadas y los picos amorosos
de las golondrinas eran de una mina
que tú conocías. Que tú conocías.
Que yo conocía porque los arbustos ardieron. Se veía bien.
La vela que alumbraba el corazón oscuro. Se veía bien.
Bombillas en las casas, luz amarilla. 
Yo conocía la luz. No se veía bien.
La luz de los mecheros en los conciertos
y las cerillas en las acampadas amenazaban incendios.
No sirvió ni para prender el porro.
Los gusanos de la enfermedad
se acomodaron en San Sebastián.
Usé la fotografía
del carnet de identidad para una boquilla.
Y me relegué a las sombras para no ser.

Antonio Carmona es vocal honorario de la Unión Nacional de Escritores de España.
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