Dónde iba yo sin ella


Poema de Antonio Carmona

Yo,
como el que recorre el Mundo
y visita Melilla y Samarcanda,
pasearé las orillas de todos los mares;
llenaré de aire mis pulmones para respirar 
como los campos; me quedaré 
en la tibia humedad del Cámbrico.
Seré consciente de los objetos,
están por todas partes, aunque
yo los haya olvidado; beberé
el vino del sacrificio y me atraerán
los picos de los buitres.
Y como el que da la vuelta al mundo
y pasa por Menfis, Roma y Granada,
despertaré.
Pondré camino a Damasco.
Crearé al Dios de la náusea,
si los muertos no me cobijan.
¡Bendita oración a la nada!
Ángeles fugados y aves de proféticos hígados,
en el alféizar, graznan desde el crepúsculo
al día, el destino y la misión.
Frente al mar y sus abismos,
dando la espalda al caos, frente al acecho,
capa a capa se hacía la noche, velo a velo,
pestaña a pestaña.
El chapoteo de los remos al hundirse
era un consuelo.
Parte del mar se quedó aislado, aún vigoroso.
Ya no habría día siguiente. Por suerte
también se mueren los muertos, si bien,
habrá que seguir alerta porque acecha 
la Vida Eterna. 

Antonio Carmona es vocal honorario de la Unión Nacional de Escritores de España.
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