Diálogo


Poema de José Antonio Fernández

                         1

Dije: He despertado. Voy tierra adentro,
recobro el ansia de vivir, sentir
a manos llenas la vida. Dormir
es un espejo, un soplo helado, lleno

-un tal vez o un “fuera”, así en pretérito-
donde romper el aliento. Morir.
Dije: - Sin niebla me olvidé de herir
a nadie. Vengo desnudo en alma y cuerpo.

Y acabé hundido: quise hallar al hombre
sin alforjas de polvo, y lo perdí
en las sombras. Busqué a Dios para guiarme

y me golpearon en ambas mejillas.
Quedo solo, entre helechos de ceniza.
Tanto vivir me hizo mudo…

  2
           
Dijiste: No calles. Ven y arremete
contra el dolor –la madrugada oculta
tus manos-. Ven y lucha.
Haz en mis carnes la obra única  -creen

todos tu rendición. Ahora vuelve
la niebla, oh dios de la amarga penumbra.
Golpea o serás semilla de sombra,
gota de sueño ajeno. No huyas. Tente.

Dije: -Mañana seré hombre. Hoy
tengo sueño. Tras la hora más oscura
encenderé el llanto. Ya desahogado

descenderé de nuevo a tu piel. Hoy
tengo sueño. Quedo mudo porque la luna
sopla despacio y apenas queda tiempo.


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