Llora una bandera sin viento


Poema de José Antonio Fernández

Llora una bandera sin viento,          
blanca,
canciones de muerte sobre la arena.
El desierto de luz cruje los ojos
y se acuesta de sueño a la voluntad del hombre.

Llora el sol por la ventana, en Oriente;
llora por las puertas y las paredes
como presa de los cuervos con plumas de plata
anidando con la víctima en el pico
sobre los árboles delirantes.

Los ecos de dolor son ya vestidos deshilados
que piden besos
antes de ceder al polvo inconsolablemente.

Y ahora llora la carne herida
y sin dibujos de labios en la cara.

Los trigos se despiden del sol en Oriente

porque no hay hambre de pan
cuando los muertos no lloran ni silencio:
calladas las calle, los niños caen en redondo
como hojas de otoño prematuro.

Alguien, cubierto de cadáveres y rezando
desnuda el amor de los hijos de piel,
pero sólo doblan las campanas
cuando gritan las banderas
nuevas criaturas de polvo.

El desierto, envidiando al mar,
despierta gruesas olas
que bañan, uno a uno,
a cada hombre que retiene el aire para rendir banderas.

                                                      Pero las banderas se ondean
cuando el viento sopla teclados de viento salado y sólidamente oscuro.
Cuando las nubes
llueven sangre, y un millón de cadáveres
son testigos de las manos sedientas
                      y los ojos insaciables.

(Las campanas anuncian el final de la noche:
un millón de cadáveres
lucen los huesos

sobre las olas de arena …¡Un millón de cadáveres!)

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