Encarna Recio Blanco, poema


Cuando lleguen a tus manos mis ofrendas

Que desde esta  colina oculta te envío

Cierra los ojos y siente el amor que me sube

 Y que te mando con  mis cinco sentidos.

 

¡Cómo llamarle a este amor!  ¡Cariño mío!          

Cuando en él se conjugan el cielo y el infierno

Cuando la alegría con el dolor se aúnan

Cual un cometa que se estrella en la tierra.

 

Sabiendo que no es la distancia lo que nos separa

Ni puedo encontrarte en las alturas por donde voy

Subiendo agotada y me vuelvo taciturna con el macuto

Pesado a la espalda subiendo y bajando

Hasta la solitaria estepa que me acuna. 

 

¡Cómo llamar a esta melodía tan maravillosa!

Teniendo  desafinada y sin cuerdas mi guitarra.

 Soy esa odalisca que espera poder bailar

Entre tus brazos, la danza de las esperanzas.

 

 ¡Qué tristeza estar aguardando un imposible!

¡Qué desasosiego vivir entre zarzales y espinas!

Que van floreciendo al compás de una lluvia

Que no calma mi sed, ni riega mis semillas.

 

¿Y por qué han de esconderse de este mundo?

¿Las verdades que encierran almas limpias?

A la vera de los almendros  que florecen

Escoltados por palomas campesinas.

 

¿Y por qué pregunto al cielo que dormido?

¿Contestarme nunca quiere?

Bajo este limonero espero cada noche

Que la luna me haga un guiño placentero.

 

Me lamento de nuestra suerte en esta orilla

Donde el destino retoza  descarado.

Sin importarle  que fue de nuestras vidas

Cuando nos separó, tan largos años.

 

¿Y por qué no has de venir si yo te espero?

Adosando mi impaciencia al sutil eco

De una mensajera con las alas rotas

Clamando al cielo seguir tu vuelo.

 

Si algún día aparecieras a hurtadillas

Por mi huerto  florido  de azahares

Te ofrecería lo mucho, o poco que me quede

Del sufrimiento y el amor

Que te guardo.