Francisco Luque Bonilla, poemas


Pregunto

Ahora

que la miel del corazón está en calma,

y la dulzura del  atardecer 

camina como perdida.

 

Pregunto ¿por cuánto tiempo?

El viento brilla como la plata

y se aleja ondulante

como un río diciendo adiós.

 

Pregunto ¿por cuánto tiempo?

La huella de la distancia

callejea como un  equilibrista

por  un puente con ojos,

azul de París.

 

Pregunto ¿por cuánto tiempo?

La orilla de la mañana

vuela entre hojas, sombra tibia

que vuelve rojizo al silencio

desorientado

por el rosado clavel de los vientos

 

Pregunto ¿por cuánto tiempo?

La nieve de los labios

lleva la estrella que amanece

entre sábanas de lluvia,

y se despierta

como si hubiera nacido.

 

Un triste adiós

Hoy será el primer día del resto de su vida,

de su corazón frágil,  un nuevo sueño brota.

Hay que seguir, empezar de nuevo, aunque esté rota,

hoy le dice adiós, con una  triste despedida.


Superados todos los miedos, no está vencida,

su desmedido coraje, venció a la derrota.

Beberá su libertad hasta la última gota.

No volverá con él, es tan profunda la herida

 

Quiere vivir en paz, sólo vivir sin dolor.

Adiós  al mudo sufrir. No la supo querer

Pero hoy todo cambia, todo cambia alrededor.

 

Cruzó el mar de la esperanza, volvió a renacer,

es libre y en sus alas el viento a su favor.

Adiós a su pesadilla, empieza amanecer.



Era un 18 de agosto

Era un 18 de agosto,

era un verano de sangre.

Era la España, de las dos Españas,

una matanza entre hermanos, eso era.

Era la sinrazón caminando,

era la injusticia que va enloquecida.

Era un huracán de odio

arrasando seres humanos.

 

Una  herida de muerte recorre  Granada.

Está la sangre  amaneciendo en la tierra.

Un negro quejido se oye entre sombras,

una muerte profunda en los cuatro costados.

Han matado a Federico, al poeta.

 

La sangre amanece en Granada.

El  silencio de una  muerte anunciada

el grito de los fusiles,

un silencio de anónimas fosas.

todo está muy quieto.

Han matado a Federico, al poeta

 

Esa madrugada la luz era hierro

no soplaba una brisa y los cipreses de sal

estaban inmóviles, testigo silenciosos.

Aguardando la salida del sol.

Pero el sol ya no se levanta.


Poema dedicado a Federico García Lorca.

Francisco Luque Bonilla es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.