Poemas de José Francisco Romero

Aroma de amor

Luce el alma sin sentido
del utópico momento.
Dulce aroma de naranja
despertar de sentimientos

Luna blanca noche oscura.
Cielo límpido y extraño
como música un suspiro
rompe y ruge como antaño.

Dame tus labios floridos
de una noche embriagadora.
Sal de ti y entra en mi cuerpo
brujo amor que me enamora.

Sigue brillando en mi esencia
luce tu luz en mi ahora;
llévame junto a tu sueño
a despertar en la aurora.

Cierra conmigo la puerta
de soledad infinita:
prende en mi corazón presta
tu boca roja exquisita.


Todo

Todo se abrió en tu luz,
cuando mis ojos te vieron por primera vez;
en el albor de la mañana
se enamoraron hasta el alma.

Todo, simplemente, ardió
en el fuego del amor
cuando tus ojos me miraron
esa primera vez.

Todo llegó a mi alma
en el mismo momento
que mi corazón escuchó tu nombre,
y se llenó de verdad la esperanza
que anhelaba mi andar errante.

Todo se convirtió en aurora,
cuando al amanecer junto a ti
los besos se blandieron cual espadas,
labio con labio,
hasta fundirse como acero
en el fuego de nuestras pasiones.

Todo llegó a ser como atardecer
nunca vista por ojo humano
y sobrevenido sobre el espíritu ardiente
de nuestros corazones embriagados
de besos anhelantes de amor.

Todo surgió esa noche:
una noche que, más que noche,
fue el despertar de una aurora
que, ahíta de pasión, se entregó al alba
para, con los ojos cerrados,
sencillamente decir…
¡Te amo!



No sé si decírtelo

No sé si decírtelo...,
pero llevo cielos nublados queriendo
hacerte rayo de sol;
olas de blanca espuma queriendo
hacerte arena tibia de septiembre.



Silencio...

Tras los ojos dormitaba
la imagen escuálida de su verdad;
el tiempo había logrado que su realidad
se desvaneciera en un sopor de imágenes desvaídas
que contrastaban con aquel certero colorido
que pintó un día su alma, su corazón.

El gris teñía un presente sin remedio.

Lloró sin lágrimas,
porque no acudieron al ladrido impertinente
del fracaso que anidó con vehemencia
en su ahora.

Silencio...,
dos pasos...,
y en el banco del parque dejó su alma
en el asiento de la vida.
A veces la realidad es la más cruel de las verdades. 



El mendigo

Silueta de la noche.
El pensamiento vago que
no piensa en nada.
Yermo sentido de la nada
en la yerma quietud del adiós.

Mente pensante en nada.
Diario que hacer sin sentido.
Yacer de pie,
de pie,
por no yacer tendido;
por no yacer dormido.

En el sopor de un día,
calor abrasador como hielo;
hielo, que quema como sol de agosto,
como sol de justicia,
sol de justicia
que no existe.

Hielo en la mirada del que mira.
Del que mira y sigue.
Y olvida,
y desea no haber visto.
Y desea que no lo
hayan visto.

Del resplandor del naciente
no queda nada.
Sí, la nada naciente,
ni el resplandor;
siquiera el resplandor.

Cae la noche.
Con su vívida quietud
donde apelar al silencio eterno
con la lengua de la farsa
de este mundo engañador.

Tu sien, sobre el desengaño;
tu cuerpo, sobre el dolor.
Tus ilusiones… ¡basura entre cartones!
Que te acompañan al resplandor
de una hoguera no prendida.

De un día en que cambió
ese mundo que reía
y ahora no siente dolor.
Tú reflejas como nadie
el fracaso del amor.


Evocación

(Recuerdos de la Alhambra)

¡Suena guitarra..! ¡Suena!
Baila en mi mente la
locura de esa nota caprichosa 
que me envuelve en suaves
toques de seda, 
en vaporosa imagen de nostalgias...

Aquel que te compuso 
en su capricho, buscó
complicidad en un corazón gemelo,
que al escuchar la nota caprichosa
le de albergue 
presuroso en sus anhelos.

Dulce sensación 
que roza mi labio tembloroso;
latidos... 
que golpean en mi pecho,
llamando a la puerta 
de gozo inenarrable,
casi utópico...
Siento miedo de perderlo... 
para siempre...

Agudos que se clavan muy adentro;
acordes que te sacian el amor.
Arpegios, añoranza del pasado,
que evocan ese tiempo que se fue...
Traídos por las yemas de una mano 
que arrancan con enérgica figuras
la sombra del querer...
 y el no querer.

Capaz de ensimismarse con la cuerda,
con trémolo infinito en su dulzura,
capaz de darle vida a quien te escucha,
capaz de dar la muerte en un recuerdo,
Recuerdos de la Alhambra... 
de una vida,
que llena el firmamento en un segundo,
capaz de amar y amar aún para siempre…

Tal es la soledad que suena a música...
Así suena la música… 
…cuando estás solo.



Sultana mora

La luna sultana mora,
la dueña de mis deseos,
quiere arrancarme ahora
el dolor de mis desvelos.

Tu estrella radiante, mira;
mi luna de plata... observa.
Amor que cándido un día
durmió junto con tu beso.

Un beso... ¡Que no fingido!
Un beso de... ¡Sí, te quiero!
Te quiero dijiste entonces
Te quiero... y no te miento.

Al cabo de cuatro noches
¡Sultana! Rompí mi pecho
al ver que me abandonabas..
no vivo... ¡ya estaba muerto!

¡Podrán pasar medios días!
¡Podrá pasar noche entera!
La luna será mi guía; 
la luna será mi empeño.

¡Que no te dejo con otro!
¡Que quiero tenerte en sueños!
¡Que ya no me queda aliento!
¡Sultana, de mis desvelos!

¡Ni corren ya los caballos
¡Ni granada... es ya mora!
Ni yo tu dueño, Sultana,
Ni tu dueño, ni tu ahora.

Sencillamente te dejo
Que encuentres tu mejor hora.
Que yo ya muero por dentro
Que mi alma solo llora.

Corre libre los caminos,
¡Corre! Corcel que enamoras.
Pero recuérdame siempre
Como alguien que te adora.

Mi luna sultana mora
La dueña de mis deseos.
Te has vuelto luna sombría
Te has ido... ¡ya no te encuentro!



Querer querer

Qué duro es querer querer 
y no encontrar quién quiera 
querer querer como yo quiero 
y necesito querer... 

Porque no todo querer 
es el querer que coincide 
con el querer que uno quiere 
que lo quieran... 

Así de sencillo... 

Crees que crees que te quieren 
como tú quieres 
y cuando menos lo esperas
te desquieren, 
como si unas horas borraran siglos de amor escondido
y querer queriendo hasta el extremo...

Qué negocio imposible de entender... 
este del querer querer 
y nunca llegar a ser querido. 



Inalcanzable

Te juro que aquella tarde,
te vi sin verte;
te juro que aquella tarde,
soñé tenerte.

Te juro que aquella tarde,
roce tu labio, 
y, ante tu dulce mirada,
tembló mi mano.

Te juro que aquella tarde
besé tu sombra; 
la calidez de tu boca
llenó mi alcoba.

Te juro que aquella tarde,
perdí el sentido; 
fue el anhelo de tu ser
mi fiel destino.

Te juro que aquella tarde
no sé a que supo;
fue incierto tu sabor, 
de inalcanzable humo.

Yo voy volando 
por ese cielo
donde tu amor 
resulta un sueño,
donde quererte 
resulta triste,
donde tenerte… 
¡Es ser ingenuo!

Tan solo amo 
lo inalcanzable,
Y quiero solo 
lo imposible;
y vivo intenso… 
lo que no tengo;
y muero por vivir... 
¡Lo que no vivo!