Ella: Si las sábanas hablaran. Historia nº 2

Relato de Nuria González Carrillo

Un hotel y sus sábanas. Si las sábanas hablaran, si pudiesen contar la historia de lo que han dormido entre ellas, pasaría esto............sígueme:

Se aferraba a la nada, mientras sus lágrimas sin esperanza corrían por su cara, sus ojos gritaban lágrimas y más lágrimas. Las lágrimas se hicieron tan fuertes y tan grandes que no tardaron en bañar todo su cuerpo, en empapar las sábanas. Era como si todas las penas a la carrera luchasen por salir, era un mar de ingratitudes, de agotamiento, de caer en la nada, se mezclaban dulces y saladas, mientras tanto, las preguntas iban y venían de su cabeza, con menos fuerza, cada vez más agotada, cada vez más cansada, más apagada. Tanto tiempo, mucho tiempo, se había ido y ella seguía allí, en un limbo infinito y en el que a veces sonreía. Quedó atrás la vida, jamás tuvo ese hijo, ya no podía, nunca a ese hombre, ya no existía, sin trabajo, enferma, al día siguiente se engalanaría y se taladraría una sonrisa que pintaría de rojo sublime. Todos comentarían su esbelta figura, mientras ella la pasearía de manera fantasmal cumpliendo su papel.
Ya no le gustaban las personas, demasiado malas, había aprendido, al árbol caído lo encendían con una cerilla y hacían correr el fuego por sus ramas, lo calcinaban, lo secaban, lo destruían.

Debía fingir, para no ir a la hoguera. Su elegante cuerpo hacía mucho que dejó de soportar tanto maltrato. Se aferró a las sábanas, sentía escalofríos, ella no pidió ser niña para criarse en la oscuridad de los gritos, para vivir en un continuo ataque, no pidió ser mujer, ni siquiera nacer, pero una vez aquí... ¿Por qué no entraba un soplo de vida?

Qué suaves aquellas sábanas, cómo le gustaban, ojalá se parase la noche y no amaneciera. Allí se sentía bien, acostumbrada a vivir en su ocaso. Una vez, la vida fue generosa con ella, cada noche era tanto el miedo a perder su dicha, que rezaba por conservarla, noche tras noche rezaba, así durante una noche de cinco años, pero también se fue, su único tramo dulce, desapareció.

En aquellos momentos tenía sueños, esperanzas, vida, ahora seguía aferrada a aquellas suaves sábanas de seda blanca. Mientras esperaba el momento de disfrazarse y hacer su papel, le salía tan bien, era tan coherente. Se dio cuenta, sus ojos de tanto llorar y llorar se estaban secando, sus pestañas se caían, de una en una, de dos en dos y hasta de tres en tres, pero no le importó, nada le importo, volvió a la nada... No quería existir en ese mundo tan salvaje, tan caníbal, le bastaba un rincón para ir apagándose poco a poco, ya nada podía hacer con sus equivocaciones. Se levantó tantas y tantas y tantas veces, para terminar contra el suelo, que se dejó caer, tal vez en el fondo, muy al fondo, más allá, esperase un milagro o arder para siempre.

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