El mendigo


Poema de José Francisco Romero

Silueta de la noche.
El pensamiento vago que
no piensa en nada.
Yermo sentido de la nada
en la yerma quietud del adiós.

Mente pensante en nada.
Diario que hacer sin sentido.
Yacer de pie,
de pie,
por no yacer tendido;
por no yacer dormido.

En el sopor de un día,
calor abrasador como hielo;
hielo, que quema como sol de agosto,
como sol de justicia,
sol de justicia
que no existe.

Hielo en la mirada del que mira.
Del que mira y sigue.
Y olvida,
y desea no haber visto.
Y desea que no lo
hayan visto.

Del resplandor del naciente
no queda nada.
Sí, la nada naciente,
ni el resplandor;
siquiera el resplandor.

Cae la noche.
Con su vívida quietud
donde apelar al silencio eterno
con la lengua de la farsa
de este mundo engañador.

Tu sien, sobre el desengaño;
tu cuerpo, sobre el dolor.
Tus ilusiones… ¡basura entre cartones!
Que te acompañan al resplandor
de una hoguera no prendida.

De un día en que cambió
ese mundo que reía
y ahora no siente dolor.
Tú reflejas como nadie
el fracaso del amor.

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