Vuelvo a ser yo


Poema de Raquel Gil Espejo

Oigo tus pasos, te acercas, tiemblo.
Decides darme una tregua, te alejas, sueño.
Pero… ¿Por qué te empeñas en regresar?
¿Por qué no decido huir, vivir?
Los jirones de mi piel se olvidaron de sentir.
Mi mirada se secó, luce inerte entre desdibujadas
facciones. No queda nada de mí. ¿O sí?

¡Alto! ¡No me vas a vejar más! Ese tibio reflejo…
                                                                              ¿es mi sonrisa?
–Estoy de vuelta, me ha susurrado.
Se ha liberado de tu opresión.
Las cadenas han caído, la venda se rompió.
Mi piel se ha remendado, mi mirada floreció.
La esperanza ha renacido, la luz que hibernaba
en mi interior, despertó.
Ya no camino bajo tu influjo, tu hiriente yugo,
desapareció.
Mi alma está curada. ¡Vuelvo a ser yo!
Tras de mí se encoge el tormento, los sollozos, el lamento.
Ahora, tan solo queda el eco de tus palabras,
embravecidas, envenenadas.
Y las marcas en mi piel tiznada de verde y mostaza,
la misma que días atrás fuera ultrajada.
No habrá más gritos desgarrados;
                                                  no más llantos ahogados.
Has sacudido mis entrañas.
Me has hecho vomitar piedad, piedad hacia mí misma.
Mis ojos no sangrarán, no una vez más.

Te dejo.
Hoy retomo las riendas de una vida que robaste.
Nunca te pertenecí.
Pero, claro, quién te iba a convencer de lo contrario.
Me acostumbraste a estar conmigo pero sin mí;
                                                                         y has fallado.
Te dejo.
Hoy me he reencontrado.