Poemas de Manuel Vílchez García de Garss

¿Pero tú qué quieres?

¿Pero tú qué quieres?

Un eco que en la penumbra
tome un momento tu viento
y abreve en un hueco adormecido
donde nadie me arrebate el arco iris.
                                           
                                           ¿Pero tú qué quieres?

La espuela que con tristeza inmensa
angulosa y endurecida
seca tu corazón en un lugar aislado
y con la pluma de la noche
fustiga el paso del dolor por mi cuerpo.

quiero que la muerte de tus labios desentierre tu cuerpo desnudo
quiero que la tristeza de mi sonrisa se oculte en tu respiración
quiero que el vacío de tu aliento desgaje con sorbitos el vertido de mis lagrimas
quiero… ¡te quiero!.

                                             ¿Pero tú qué quieres?

Que cuando miro el silencio
tus manos y tus pechos
retuerzan las alas que rasgan mi boca
y desaparezcan entre telarañas.

                                               ¿Pero tú qué quieres?

Que el lucero de tu hendidura
se refriegue entre tus piernas,
que no vuele a campo ajeno
y dulcemente empape
las yemas que estallan
entre los silbidos de la lluvia.

quiero poseer tus deseos vivos aunque destrocen el cisne de mi aureola
quiero doblegar tu sangre sin salir de mi herida y girar lentamente entre tus piernas
quiero dudar del firmamento cuando una lagrima viva se descuartiza sacrificada
quiero… ¡te quiero!.

                                                  ¿Pero tú qué quieres?

Mas valor cuando el cirujano
se infiltra en la vidriera de tu piel
y con su retina vestida de gala
hace la autopsia a tu orgasmo
sin duda no ve


¿qué hay? en tu blusa abierta hasta la cintura,
quiero desaparecer como una resonancia
susurrando hacia la escollera
uno sonido otro quejido, uno olor otro sabor.

quiero que tú llegues con una dalia entre tus piernas y cierres tu recuerdo con ojales
quiero un botón blanco y rojo para en un arrebato rápido rimar en tus pezones gemelos
quiero ver tu carne desnuda en la oscuridad aprisionando mis dedos que atracan los botones en los ojales.

quiero… ¡te quiero!
¡pero!  ¿tú qué quieres?



Versos escarlata

IV.-Una mirada firme

Lo único que vive en el éxodo de la noche a hurtadillas
es la criba del agua pasada, cirujano testigo mi pluma,
son colmenas de sueños  en resurrección perpetua
donde sin tregua los poros de la piel son parábolas migratorias,
las veo como inestables laderas de colinas postreras.
Bailes entre diablos y ángeles, amuletos de dulces vientos,
Íntimo amigo de cada mitad,  alhaja de filial cariño.

Antes yo decía, a vosotros os amo y me inundaba el frio de la aurora,
erais círculos inmensos en el vendaval del silencio.
Yo me sentaba a oír prólogos de placeres y un abanico de velas comulgaba,
era un cazamariposas de inalterable sangre fría, ayer brisa
tan alegre y animado lacayo del lenguaje vulgar de la renuncia
con un corazón vacío como el cielo azul
ese cielo que siempre llevo en mi manta de viaje.
Las nubes en su altura no resolvían la tormenta sobre el valle
pero soterradas me insinuaron la idea;

me acreditaré corresponsal del tiempo y la doncella tierna,
escribiré con mi pluma de tierra el rumbo como mameluco
de los que dejan huellas con sus corazones callados,
consultaré a los mapas, por qué en la espesura de sus notas
el piano contempla el mundo desde los andenes cardinales
y reservaré en mi cesto una antología de todo lo furtivo,
esa tan trasparente que las camisas de flores
en las praderas del polen balancean las nieves del dolor,

sin embargo sobre el destino adyacente
donde yace naufrago el delirio sin semblante
una vez desnudo el yugo y con el rumbo de su rotura
me iré a la deriva en cada hueco de la encrucijada.