Poemas de Manuel Vílchez García de Garss


Mi último verso

Palidece cada minuto
en un juego frío de cartas
luceros entre algaradas
de diáfanas expiaciones,
espumoso espejismo en mi memoria,
mientras desnudo con vuelo lento  
la espuela de sueños de un jinete,
estragos de un ruin
y difuso ecuestre encuentro,
yunque que forja mi  desaliento
entre sombras revocadas al suspiro.
¡Apoteósicas cenizas naufragas!

¿Sin ojos atesorados
qué será de la ilusión
cuando leas que no  hay
dorso en el poema?

Esta noche hablo de lo efímero
entre láminas y soledad de mis textos,
encontrarás el fantasma de una luna
con el paño de sus venas de nana roja,
un arco de viola para una sinfonía
y pergaminos para el concierto de duelo.

¡Mi imagen aún nacida
sacadla de mis poemas!

En este punto
noche sin anhelo
confesemos todo…

“la humedad del deshielo
me deja la boca seca
deshecha en la escarcha”

“mi pincel bordador de paginas
analista de salmos
ya es prepucio
túnica de mis labores”

“quedan precarias oraciones
relojes hechos pedazos
de cansancio y soledad  
en un meridiano de lamento”

“nítido como poeta de mis musas
he saciado mi alma
con mi palabra y su lenguaje,
he besado mi almohada perfumada”

“ya la nostalgia y el barro plasman
mi reposada exhalación,
pueden crear un sueño postrero 
aferrado a la eternidad
¡último renglón de mi verso!”

Ahora mi corazón incuba
caracolas taquígrafas
con un aroma limpio
con fuego y sin silencio. 


No escribiré más al amor

(El amor de un poeta no es fantasía,
es la transparencia de una lágrima del cielo)
Es un cantar viril al eclipse
de un corazón de acero,
es aspiración vital de la raíz del alma
en canales de polen entregados al viento.
Es el anidado olfato de una oscura yegua
en notas de guitarra, dialogo papel que glosa
con marinas de seda la melodía de un romance.

Es el estelar espejo
helado para un ángel,
privilegio de un soñador
cortesano de las heridas del alma.
Divinidad atada al atropellado fin de una rima
torturada y frágil inercia de un poema.
Es sintaxis de un garfio clavado en mi media luna
jaula de incienso con estribillos en la tuya.

Se quiebra mi lengua
empinada en jugos,
oruga mariposa
crisálida en tu rostro,  
quiero ser fuente de tu piel  surtidor de tus sueños
teñida larva de estrellas en un vapor de sombras
que seas tibia flor en la patria de mi Alhambra.

Serás el preludio de un violín
pergamino de una torre.
Sincope  para anillar tu corazón
y volverte a hacer con frenesí
el amor en verso.

¡Hoy no escribiré más al amor! 


Ansiedad

Hoy hay un ramear de lágrimas por el cielo
Es como un arduo lagar adherido al inaccesible refugio
ingenuo recinto donde cohabita el ciclón  y el reloj de arena
paraje que alienta un raído lazarillo entumecido

Tu que lees el argumento herético de mi verso 
¿Por qué en lo más profundo
es erótica la pena? 
Tu que me lees como feligresa helena
¿Mi manantial venéreo
 es borrador del mar que pisotea sus alas   
y exiguo transcribe y desuella los versos?

Hoy es tenso el cuentagotas de la noche
No sirve el mismo carruaje para el laberinto garboso
Ni para el transeúnte de un otoño añejo de dulce armiño 
¿Por qué desaparecen en pleamar las olas enflorecidas?   

Marinero verso te balanceas a destiempo 
Hay una noche simétrica de frente y bajo tierra
mira que tu piel late en un  ambulante otoño 
encrucijada  entre vientos perdidos que no amainan
¡Déjame tenerte, siéntate a solas y ofréceme tu vicio!

En lo infinito de tus ojos de un ópalo sin océanos 
guiña el hermético ballet  de unas pupilas masacradas
Ante ti circulan mis auroras, solo son ojales desgarrados 
con su dedal testigo persuasivo
de suicidas agujas
Símbolos de trovas encadenadas
ganzúas de vanidad
y en lo infinito de tus ojos taquígrafos
un cielo desnudo
malherida coraza que falsamente anota copia de cada llaga

Hoy hay un ramear de lágrimas en mi indiferencia  
Lágrimas de jalea que me sueldan a los poetas siniestros
portan unos imanes donde suenan a perjurios mis odas
y a penetrantes martirios resignados mis rezos
me atrofian deshojadas magnolias y laureles.   


¿Pero tú qué quieres?

¿Pero tú qué quieres?

Un eco que en la penumbra
tome un momento tu viento
y abreve en un hueco adormecido
donde nadie me arrebate el arco iris.
                                           
                                           ¿Pero tú qué quieres?

La espuela que con tristeza inmensa
angulosa y endurecida
seca tu corazón en un lugar aislado
y con la pluma de la noche
fustiga el paso del dolor por mi cuerpo.

quiero que la muerte de tus labios desentierre tu cuerpo desnudo
quiero que la tristeza de mi sonrisa se oculte en tu respiración
quiero que el vacío de tu aliento desgaje con sorbitos el vertido de mis lagrimas
quiero… ¡te quiero!.

                                             ¿Pero tú qué quieres?

Que cuando miro el silencio
tus manos y tus pechos
retuerzan las alas que rasgan mi boca
y desaparezcan entre telarañas.

                                               ¿Pero tú qué quieres?

Que el lucero de tu hendidura
se refriegue entre tus piernas,
que no vuele a campo ajeno
y dulcemente empape
las yemas que estallan
entre los silbidos de la lluvia.

quiero poseer tus deseos vivos aunque destrocen el cisne de mi aureola
quiero doblegar tu sangre sin salir de mi herida y girar lentamente entre tus piernas
quiero dudar del firmamento cuando una lagrima viva se descuartiza sacrificada
quiero… ¡te quiero!.

                                                  ¿Pero tú qué quieres?

Mas valor cuando el cirujano
se infiltra en la vidriera de tu piel
y con su retina vestida de gala
hace la autopsia a tu orgasmo
sin duda no ve


¿qué hay? en tu blusa abierta hasta la cintura,
quiero desaparecer como una resonancia
susurrando hacia la escollera
uno sonido otro quejido, uno olor otro sabor.

quiero que tú llegues con una dalia entre tus piernas y cierres tu recuerdo con ojales
quiero un botón blanco y rojo para en un arrebato rápido rimar en tus pezones gemelos
quiero ver tu carne desnuda en la oscuridad aprisionando mis dedos que atracan los botones en los ojales.

quiero… ¡te quiero!
¡pero!  ¿tú qué quieres?



Versos escarlata

IV.-Una mirada firme

Lo único que vive en el éxodo de la noche a hurtadillas
es la criba del agua pasada, cirujano testigo mi pluma,
son colmenas de sueños  en resurrección perpetua
donde sin tregua los poros de la piel son parábolas migratorias,
las veo como inestables laderas de colinas postreras.
Bailes entre diablos y ángeles, amuletos de dulces vientos,
Íntimo amigo de cada mitad,  alhaja de filial cariño.

Antes yo decía, a vosotros os amo y me inundaba el frio de la aurora,
erais círculos inmensos en el vendaval del silencio.
Yo me sentaba a oír prólogos de placeres y un abanico de velas comulgaba,
era un cazamariposas de inalterable sangre fría, ayer brisa
tan alegre y animado lacayo del lenguaje vulgar de la renuncia
con un corazón vacío como el cielo azul
ese cielo que siempre llevo en mi manta de viaje.
Las nubes en su altura no resolvían la tormenta sobre el valle
pero soterradas me insinuaron la idea;

me acreditaré corresponsal del tiempo y la doncella tierna,
escribiré con mi pluma de tierra el rumbo como mameluco
de los que dejan huellas con sus corazones callados,
consultaré a los mapas, por qué en la espesura de sus notas
el piano contempla el mundo desde los andenes cardinales
y reservaré en mi cesto una antología de todo lo furtivo,
esa tan trasparente que las camisas de flores
en las praderas del polen balancean las nieves del dolor,

sin embargo sobre el destino adyacente
donde yace naufrago el delirio sin semblante
una vez desnudo el yugo y con el rumbo de su rotura
me iré a la deriva en cada hueco de la encrucijada.