El campo se vistió


Poema de Carmen Carrasco

Blanco. Verde. Oro. Amarillo…  ¡Rojo!

El campo se vistió de blanco
cubriéndose con una nívea capa
formada por estrellitas de cristal.
Y se dispuso a esperar el crudo invierno
que con sus pasos lentos y cansados,
anciano de años y aterido de frío,
seguía caminando por la tierra
arrastrando su gélida estación.

El campo se vistió de verde
y en su túnica, alfombra de vida renacida,
brotaban silvestres florecillas de color.
Y pleno de energía en sus entrañas
aguardó con ansiedad la primavera
que, cual hada florida y bienhechora,
llegaba jubilosa sembrando de esperanza
cuanto sus pies de ninfa iba pisando.

El campo se vistió con rayos de oro
regalos del sol ardiente del estío.
Y su paisaje era un mosaico de teselas,
compendio de pasada primavera
que errante emprendió el camino a otro lugar,
y un otoño incipiente que tímido
 asomaba ya su rostro en lontananza.

El campo vistiose de amarillo
con un dorado manto a sus espaldas,
tornasol de infinitos tonos ocres.
Y melancólico, bajo los rayos póstumos
de un sol estival, cálido y suave,
esperó la llegada del otoño
que, piadoso, su cuerpo reseco aliviaría
con las primeras lluvias al caer.
Y el campo se sintió feliz con sus colores.

El campo se vistió de rojo.
Y ya no lució su blanco armiño del invierno.
Ni el cálido dorado con que en otoño se adornó.
Tampoco el verde de la hermosa primavera.
Y los mosaicos del ardiente estío
perdieron uno a uno su esplendor.
Sólo el rojo reinaba sobre aquel paisaje
que antes fuera esplendente arcoíris terrenal.

Y por obra de una mano impía,
¡¡el campo de fuego se vistió!!

“Versos a la Naturaleza”