Poemas de Marlene Denis

Soneto a madre
Traigo manos repletas de tu amor
en la frente conservo el primer beso.
Cuando mi ardiente anhelo estuvo preso
fuiste brisa que alivió su dolor.

No hay barrera imposible para verte
que mi amor no atraviese desmedido.
Ni huracanes, montañas o el olvido
doblegarán esta ansia de quererte.

No hay ráfaga maldita ni demonio
que logren mancillar esta alegría.
Una lágrima tuya es patrimonio

de mi pausado andar en agonía.
Eterna es la partida contra el odio,
es cordón que nos ata, madre mía.


Hablar es un pecado inmenso
Hoy es un día cualquiera
salvo que Mambrú se va a la guerra
                                         como tantas veces
con la incertidumbre de los cadáveres
                                    que cuelgan de sus ojos.
nada retiene el grito.
sobran quimeras
y mucha humedad en los pastizales de la memoria.
son tiempos de muerte y ensañamiento
de brutal tentación en el genital de la esperanza
                                     que corroe nuestro mendrugo
                                               y ensaliva los bronces de la equidad.
Mambrú se va a la guerra de sus hormigas
como un tatarabuelo
en la halitosis del olivar  que bosteza
                               entre las nieves ocultas de una bala.
ya no hay frío ni calor filtrados en la mejilla
ni rinocerontes
                      o calibres de olvido a media asta.
Mambrú no sabe de portaviones
                                                       ni violoncelos.
ignora que estoy hundida
en los senderos de la cruda redención.
no puede saber que mi oratoria
                               se mantiene fuera de la ley.     


Enigmas sin respuestas ante el cráneo de Virgilio

¿Adónde va la esperanza
que nos plantaron en medio de la sangre?
¿Adónde va el aliento
de una tibia canción
                           empujada hacia el alma?
¿Adónde
la embriaguez de un poema remoto
y el tributo que rasgué de mis venas?
¿Adónde vamos las desordenadas criaturas
cuando el cielo atraviesa
                           la cuerda floja del delirio?



Cada día es un día ebrio que se nos cae de los ojos

El tedio cuenta los días que zozobran
mientras repleta mi alforja de orfandad.
Aun así expando los bronces de la voz mutante
entre ojos que acorralan la noche
en la mendicidad de estas murallas
                           junto al aullido del hambriento.
No debo consentir que aten mis palabras al olvido
ni ingerir con cicuta la píldora de la esperanza.
No vendrán días mejores
para solventar los sueños que semejan arcoíris mustios.
¡Jamás volverán esos días!
Sólo audacias sin sentido
y ruedas de prensa gastadas en la luna
                                       han de servirse en mi plato.
Simplemente volverá el mañana
con la rutina de arañar la tierra  o reinventar nupcias
aunque lancen a mi corazón toneladas de escombro.

CCOO 2016


Soneto que no se salva

Camino sobre cuerda escalofriante
que acompaña mi ronda por la vida
cuando apuesto, todo a nada, en partida
de un futuro silencio, lacerante.

Puedo ser incansable caminante
de la arcilla, la madera, el acero...
Y no importa, en el fondo, cuanto quiero
es ser ave y disparo altisonante.

Si me condena el ojo intolerante
ya sabéis que el sendero es un instante
del cual siempre he vivido convencida.

Por lo pronto, juguemos sin medida
que Vida es una carta y lo primero
es quitar nuestra carne del brasero

                                                    (y lanzar piedras con la voz)


Cada día una poesía, otro dolor...

La Poesía nos acoge entre sus alas
para limpiar nuestra aspereza
nuestra mezquindad
y esas carencias que nos culpan
                   de cuanto harapo se desliza por las bocas.
No quiero buscar piedad ante un charco de sangre
que absorba mi prudencia.
No acepto ese trago de hiel
ni ser un número más
entre los arrepentidos de no hacer nada
que blanden el Verbo
             mientras maquillan la existencia.
La Poesía nos acoge en mitad de su lágrima
nos rebota
nos advierte que la soberbia
                           es un modo de soborno,
que urge una pincelada de coraje
un carrusel de puentes…
Nos designa implicarnos en cada incendio del alma
y preparar caminos
                         sobre las grietas de la humanidad.


Remisión certificada de Pilato

Llegará el Cordero
sin embargo no es hora de complicarnos
en salvoconductos hacia los ángeles.
Atrás dejamos los raíles de punta:
                               ¡tribuna con su mártir de bolsillo!
No sé redimirme.
Traigo crónicas en la suela del zapato
y mi humildad se entinta en camposanto de deudores.
Escucho el arpa.
Puedo subir
                                subir hasta caer…
La punta del cielo es tan atroz como la torre
donde el dragón escupe al pecho agujereado de sus fieles.
El hombre está hecho al revés de los sueños
y no habrá perdón para tanto culto estrafalario.
(¡Oren por mí
si no puedo cambiar los grilletes a la servidumbre!)
Este es EL CAOS y EL ORDEN
pero siempre la misma CLOACA.
El Diablo juega al ajedrez con sus marcadas piezas
mientras la vida nos mutila


                                                   y yo me lavo las manos.


Y el mundo lo supo...                         

A Soraya

La niña retoza en el ombligo de la luna
La niña-feto-futura manzana en almíbar
La niña-ronda entre cardos, violetas y lilas
La niña muestra su aro de miel en la cintura.

Cuánto enigma por descifrar arrastra la brisa
en la piedra y trozo perfumado de su sangre
donde todo grito lastimero es barro y carne
más allá del eco, de la rabia y los estigmas.

Cuánta luz emana de la arena y de la espuma
en cada jirón de piel, en su blanca sonrisa,
en travesaños, rosales y crueles espinas,
en el agua que no aplaca la sed, en la bruma.

La llaga postrera no basta para alcanzarle
con esta sensación infinita de negrura
que lleva sin brida canto y duelo en la montura
al horizonte de un verso que en sus ojos late.

La niña-rota dilapidada por la vida
La niña-espejo donde destila nuestra imagen
La niña-mujer entre unas garras de barbarie
La Flor del Desierto que desangra nuestra risa.


La mercenaria

Supongamos que intento una aventura peligrosa
que la Antártida balancea su hielo sobre mi cabeza
                                   a punto de reventar entre escorpiones.
Supongamos
que recreo los paisajes tibios de la despedida
sin hacer otra cosa que mirar a los ojos del futuro.
…Y es que me reciclo en las orgías esteparias
que recomiendo no beberse el Amazonas
ni estos versos:
son las gotas cabizbajas del desastre.
Pero supongamos que Cuba es la suela de mi zapato
la guitarra plañidera de mis bienes terrenales
donde abunda la arcilla y el recuerdo.
¡Ah
si pudiera arrinconarla en el olvido!