Poemas de Enrique Sánchez Campos


Hasta cuándo

Hasta cuándo he de repetirte
que la soledad es mi compañera de toda la vida.
Que desde el día en que nací soy triste.
Que no elegí el canal del parto ni otra salida.

Que ya que estoy aquí –no sé por qué- quiero vivir.
Que no es fácil estar conmigo o hacerme compañía.
Que el arte de aguantar es saber elegir
y dejar estar, sin dar altibajos, en buena armonía.

Que no quiero imponer ni acepto imposiciones.
Que aunque quiero que estés junto a mí sin condiciones
he dejado las puertas abiertas por si quieres irte.

Hasta cuándo he de repetirte
que la soledad es la compañera que llegó sumisa,
haciendo silencios, a poquito a poco, me quita la vida.

De Pinceladas con Alma, IX edición de Cosmopoética


El mar de las miradas

Despierto en medio de ese mar
donde te miro a ti desde la lejanía,
y abro la ventana de mi alma
que deja entrar la luz del nuevo día,
radiante la mirada de tus ojos,
nexo de unión, lejana cercanía,
puente y liana para llegar a ti.

Camino sobre olas de mar calma,
suaves vaivenes me llevan hasta ti,
aunque en el retroceso, la resaca,
presa de celos, saca su fuerza a relucir,
me aleja de tu lado nuevamente
y sigue siendo tu mirada para mí
esperanza de amor y unión latente.

Te miro mientras voy hasta tu lado
sobre esa larga pasarela de deseos;
mas este mar de silencios y calmas
va horadando poco a poco mi alma,
colocando otra vez sus orillas más lejos.

La suave brisa es mensajera y aliada
que acude mansa hasta mi lado,
viaja sobre este mar de las miradas
llevando entre sus brazos tu sonrisa,
obsequiándome el aroma de tus labios.

Está la vieja barca repleta de deseos
y la traíña calada en torno a ella;
guiña la tarde a la noche sus destellos,
en tanto, busco al horizonte el punto bello,
tú, la más hermosa y reluciente estrella
de las septentrionales hijas de Perseo.

Puente de luz  recorre la mirada
recreando tu imagen, niña virgen;
te veo en esas rías, mariscadora,
dueña de los destinos que el mar rige,
larga melena al viento que el sol dora,
buscando el fruto de las rocas con la raña.

Besar con la mirada tus límpidas pupilas
es recompensa que hallo en la distancia,
pues aunque a verte mi mirar no alcanza,
mi onírico viajar de sueños y añoranza
me acerca más a ti al discurrir los días.

Perdido en este mar de las miradas,
sin esperanza busco una nueva ruta,
la senda de libertad insoluta,
que es, más que gravosa, impuesta carga,
y este vivir sin ti arduo y doloso  pago.

Cuando me agota la fatiga de tu ausencia
miro a la lejanía aguzando los sentidos,
y siento despertar mi corazón dormido
si la brisa marina, puente de amor y sal,
traslada hasta mí tu exquisita presencia.

Oníricos los sueños, como lazos y lianas
te atan a mis noches; cual musas desveladas
se acercan a mi lado, bellas enamoradas,
recitan sus poemas entre las blancas olas,
el murmullo del mar y el canto de gaviotas.

Desde esta orilla que se llama Córdoba
miro a Melilla en amoroso abrazo;
fundido amor en ese mar de las miradas
donde se cogen de la mano dos hermanas
unidas por un mar de azul y sal pintado
una mitad, y otra mitad verde olivar,
culto bajel surca el legado de la Historia.

Del libro “Córdoba es poesía”, modificado por el autor para hermanar a Córdoba y Melilla en fraternal abrazo. Melilla fue taifa integrada al Califato de Córdoba (s. X) 


Yo no sé si es fingido

¿Qué será lo que tienen tus ojos airados
que miran a otro lado cuando yo los miro?
…Y ¿por qué cuando busco ponerme a tu lado,
tú, con andar sigiloso, cambias de camino?

Yo no sé si es fingido o me lo parece,
y quisiera que hablaras conmigo como hablas con otros;
sin dejar de reír, sin dejar sobre mí tus silencios angostos;
leyendo en mis labios las frases  que  callé tantas  veces.

Ahora te aproximas, cuando me has quitado
las ganas de ti, de hacerte más que amiga;
de que veas en mí esa soledad que tú me has dejado.

Me sería y es  indiferente que ahora vengas y digas
que pasan los días, hay malentendidos, tiempos olvidados…
Porque los olvidos, las indiferencias, nos quiebran la vida.

De Álbum de otoño, inédito.