Poemas de Beatriz Belinchón


Hermanos y hermanos

Hay, a ratos, actitudes que duelen
del hermano que no se alegra por ti.
Y hay personas que creen que huelen
interés donde el amor es feliz.
Hay hermanos de vida y hermanos de sangre
y, a veces, de ninguno los hay.
Cuando el alma el alma se alegra, o cuando la pena es grande,
sus oídos se alejan y el aire
se puede cortar.
No te cortes, amigos, con puñales de otros
que nunca conocerte quisieron,
que el hermano que no hable “nosotros”,
así mismo y al amor murió
y sus lazos no hirieron al alma inocente
que, presente, su calma plasmó.
Hay motivos por los que alegrarse.
Compartida la dicha es mejor.
Y, si al darla, no quieren mudarse,
Son tan pobres como el roedor
que se come su queso a solas,
atrapado en su triste rincón.
Hay hermanos que ocultan su arte de amar
suponiendo útil la precaución.
¡Y es que amar es volar y el vuelo disfrutar,
¡Confiando en quien lleva el avión!
Hay hermanos que no discernieron
el amor, del interés o de la vacuidad.
No quisieron conocerte y mintieron
de dar y recibir caridad.
Hay hermanos tan huecos de dulzura;
¡hay hermanos tan fríos y sin paz!
No conciben, de la vida, que haya ternura;
no conciben ni dan felicidad,
más que la del “yo mismo” y “yo puedo”,
sin creer en las dádivas de la amistad.
Para ellos no se hizo la alegría.
Reina, en su seno, sequedad.
Retorcieron su alma y filosofía,
Enrareciendo la fe y la bondad.
Como en ellos no hay jugosas emociones,
sólo el tiento para en nadie confiar,
desdibujan el amor, las ilusiones,
y la brisa se trastorna en rechinar.
Hay hermanos que sólo creen que estás con ellos
para obtener un fruto de interés
y no ven, de la vida, lo gratuito y bello,
que es el querer, que es el querer.
Si te encuentras con varios de esa raza agria,
no les sirvas la sopa de tus victorias,
y menos al alcance de la mesa.
Que se busquen y que hablen sus historias
y que llenen el vacío con sus presas.
Pues es raza de caza apátrida.
Si te encuentras con un rancio conocido,
no malgastes tu intención de acomodarle
pues prefieren el asiento puntiagudo.
Ni cojines ni calor van a agradarle.
Y es que tienen en un método muy duro
el saber, ¡y saberte no han querido!
Si te encuentras con aquel que quita brillo
a las pocas o las muchas bendiciones
que las parcas tejiendo te conceden,
no estropees con soplidos tu flequillo.
No es que rían a menudo, ni que penen.
Es que… ¡no saben de amores!  



Salud y verdad/granos y gusanos

Ese blanco pañuelo caído tal vez de unas manos…
me enseñan, de las lágrimas, el rincón de un humano
que ofreció, lleno de grietas, un insulto muy vano;
a destiempo, una queja que quebró a otro ser hermano.

¡Compartes Tierra, pueblo, calle o rellano
y te miras igual, en espejos, los granos!
¿Por qué, por qué gritaste un tropel de ira insano,
de torpezas verbales a ese, que no es cercano,
por la caca del perro, o la prisa, tan temprano?

¿Y, al paisano, a quien tampoco amas, vas ufano
prometiendo besos, suertes y piropos profanos?
¿Por qué, fulano a mengano, y a su cuotidiano
no lanza salud y verdad, y sí los gusanos?

¿Por qué no, de sabios, doctos, educados y ancianos,
imitarnos el arte de convivir, ciudadanos?
De ofrecer el pañuelo caído de unas manos…
pues no aguantan el peso de otro día espartano. 



Niña y el tiempo

Tu Dios no te ha olvidado.
Reina en abismos celestes.
¡Agreste niña, no prestes
tus ondas al huracán airado!

Te sé huérfana de amores
y te paseas por los muelles,
por las ventanas y, cuando llueve,
llueven en ti mil corazones.

Te paseas por la dicha
de un día de abril, piropeado.
Ahíta de sol, el sol anclado
a tu carita de luz, por ti se agita.

Por ti requiebra, y llueve, y llueve…
¿Será que hiciste mal las maletas?
¿Que aún le lloras? ¿Por él apuestas?
¿Y, de tu pecho, la pena, el clima mueve?

¿Vivirá un Dios por ti afectado,
cambiando el curso de cada nube?
Si ríes, todas sus aguas sube;
si lloras, llora tu Dios amado.

Desde las cumbres, hoy no ha atrevido
a florecerse, el clima malo.
En unos meses se ha vuelto ralo,
porque tu alma aún no ha florecido.

¡Alegra a tu Dios, oh, bella, y canta!
¡Virgen de las estepas, de monte herido!
Pues, por empático, a ti se ha unido.
¡Dulce de las dulces, niña de plata!

No quiere Dios acostarte triste.
Quiere que mudes tus ansias chatas.
Por las montañas va, ata que ata,
todos los aires de lamentos que diste.

Alboreará un día tranquilo.
Para que rías, sólo por eso.
Mándale un beso, mándale un beso.
Para que Él ría, pues está en vilo.


Violeta, poeta y mujer

La violeta es caprichosa.
Caprichosa es la violeta.
Profunda como la rosa
y ácida como la fresa.

Caprichosa es la violeta.
La violeta es caprichosa.
Su perfume es mejor cosa
que el incienso anacoreta.

La violeta es caprichosa.
Caprichosa es la violeta.
No vio a aquel poeta
que la regaló a una diosa.

Caprichosa es la violeta.
La violeta es caprichosa.
En su bienestar, golosa;
En su cumbre, muda y quieta.

La violeta es caprichosa.
Caprichosa es la violeta.
Salvaje, humilde, poderosa.
Creíble, sencilla y pomposa.

¡Dame tú de mi violeta
y, al oído, diré hermosa
canción de olvido y graciosa
cuna de prietas

ligazones, que al olor de la violeta,
caerás en las tentaciones,
de abrirme, en tus oraciones,
tu corazón de poeta!


Sangre de ciudad

Sangre rugiente,
ríos de coches.
La ciudad no duerme.
La ciudad oscila,
de clamores viva,
de claxons y gente.

Se esconde el sol
y la ciudad no duerme.
Duerme la amapola
y el galán despierta
y en las veredas de ricas mansiones
su olor ofrece.

Pero en esta ciudad
sólo hay edificios
altos y de oficio,
no hay tanta hermandad.
Ni riqueza ni beneficio
compran la igualdad.

Allende en las villas,
en la casas solariegas,
la fresca buganvilla
de rosas y rojos riega
y de amarilla
la pared que brilla.

La gente pasea
desenfadadamente
y ríe la gente,
andando a la orilla
de un mar benevolente.

Pasea y murmura,
de chismes cobardes,
la cara oscura
de vidas infames.
Famosos perduran
los más honorables.

Hay tarde, paseo,
y mala compaña hipócrita.
Hay velada exótica,
de bañador y pareo.
Hay mucho compadreo
y frases anecdóticas.

Pero, en la ciudad,
que rancio me halla
la valla que calla
de olor ofrendando
la otra buganvilla
también asomando.

Que rujan los coches,
y no un mar amable,
el de los cobardes
de chismes ansiosos.
Y yo, no alevoso,
me rindo a la sangre.

A la sangre de ciudad,
al bullicio y al gentío,
a la rutinaria realidad,
a la normalidad,
a no decir ni pío
contra el vecino y sin piedad.

Sangre de ciudad,
comprensiva y elegante.
Anonimato causante
de discreción.
Que, cuanto más amplia orfandad,
más tolerancia y aguante.

¿Que el vecino te molesta?
Tienes dónde escoger.
¿Qué su vida te violenta?
Tienes en qué ocupar.
En mar, cielo y pareo,
o en rugidos de ciudad.


Romanza del amor entre Marcelo y Florita

Rubia y alta era,
Dama bien nacida,
Rosas sus mejillas,
Su alma sin mancilla.
De salvajes crines,
Pródigo frontón,
Iba un mocetón
Ufano en maitines.
Vióla y feneció
Por sus lindos modos.
Su capa arrojó,
Non pisara lodos.
Por prenda perdida,
Prendada quedó.
La dama rendida
Pronto le cubrió.
Amándose estaban
En un arroyuelo.
Un pez coleaba
Y sedujo a Marcelo.
Florita, ofendida
Que sus dos ojuelos
Fueran menos buenos
Que ese pecezuelo,
Ramatazo al vuelo
Más tirón de pelos.
¡Pobre de Marcelo!
Que el pez fue a coger,
Pensando en placer
Después del papeo!
Un potro alazano
Marcelo anheló.
Florita, a su amado;
El capricho aceptó.
Mas, viendo los cuartos,
Después de comprar
Tres pares de botas
Y el bello animal,
Echó mano al cuello
Del lindo zagal,
Más bien zagalote,
Que toda la dote
Dispuso a gastar
Sacando del bote
De hacer el ajuar.
¡Causó tal rebote!
Florita escuchaba
De madre consejos;
Saberes de viejos,
Y ¡tanta verdad!

(CANCIÓN)
Bello amor, nacido del Cielo,
Gran talento ha de llevar.
Trae, Amor, bravuras y holganzas,
Tiempos de reír y llorar.

El amor tiene solaz
Y entre sus bosques hay cien mil remansos.
Si los dos se vuelven mansos
Pueden nadar.
Buen cortejo es,
Si dura muchos años.
Y si dura hasta el final,
Mejor amor vendrá.

Bello amor, nacido del Cielo,
Gran talento ha de llevar.
Trae, Amor, bravuras y holganzas,
Tiempos de reír y llorar.

Prestos a los celos son
Esos amantes que poco confían
Del amor que día a día
Con ellos va.
De inseguridades
E infidelidades
Líbrense los esponsales
Con harto hablar.

Bello amor, nacido del Cielo…

Amor y dinero son
Dos amantes muy bien avenidos
Pero la fortuna mora
En el corazón.
Si haberes los hay,
Mucho mejor será la cena.
Pero si no los hubiera,
Comed pasión.

Bello amor, nacido del Cielo…

Los amores son de dos;
No son de tres ni son para cuatro.
La familia es para un rato
Y poco más.
De la sangre hay lazo
Y de afinidad.
Más fuerte es el del abrazo
Que dos se dan.

Bello amor, nacido del Cielo…

De los hijos hay que hablar,
Que son retamas en un regio tallo,
Pero nunca las raíces
Que alimentar.
Que el amor del lecho
Sea siempre prioritario:
No los hijos propietarios
Del sabanar.

Bello amor, nacido del Cielo…

Cuan suave la vejez
Va entrando lento y sin mirar razones,
Pero no en los corazones
Que saben ver.
Pasión, lealtad,
Compromiso y amistad
No son piel ni carne son
De caducidad.

Bello amor, nacido del Cielo,
Gran talento ha de llevar.
Trae, Amor, bravuras y holganzas,
Tiempos de reír y llorar.
(FIN DE LA CANCIÓN)

Tan buenos intentos
De abrir los oídos
A miles de amigos,
De voces y libros,
Perdieron el tino
De haber de escuchar
Al lindo Marcelo,
Que su buen sentido
Con sólo un latido
Bien supo explicar.
Y… luego… ¡a un batido
Para merendar!
Cuatro churumbeles
Viven en la casa:
Tres, viendo la tele,
Queriendo, Marcele,
Ver qué es lo que pasa.
Tele ver no puede
Porque el trío alegre
Noticias repele.
Viene la Florita
Con el cuarto nano.
¡Llega berreando!
“¡Ay, cosa bonita!”,
Dice la mamita.
Y cuando Marcelo
Dice: “¡Esto no es justo!”,
“¡Tú sí que eres bruto!”,
Replica bufando.

Bello amor, nacido del Cielo,
Gran talento ha de llevar.
Trae, Amor, bravuras y holganzas,
Tiempos de reír y llorar.