Poemas y relatos de María Fonellosa



Dulces eran los sueños

Dulces como bolas de algodón
en las paradetas de las ferias,
que ríen traviesas en las caras
de los niños, quieren ser payasos 

en el circo de este mundo.
Ironía de la vida que caminas 
y amas en silencio de poeta.
Mañana, nuevo resplandor.

Otro sueño, otro comienzo
Otra esperanza, nueva mirada.
Que no ve.
Que no habla. 
Pero que ama nuevo crisol.
Poesías de algodón
en las paradetas de las ferias.


Una sonrisa

Se vierten lágrimas en amaneceres silenciosos,
ante la impotencia del ver pasar los años
ves una sonrisa tardía que te anima en secreto.
Vuelves a ser niño, cuando todo era de colores
y nadie te decía; eres diferente por ser minusválido.
Una marca y un destino, una sensación de vacío,
soledad temprana en el camino, son muchos los hallados.
Estoy cansada de tu mirada de repudia, callada, casi muerta.
Yo también tengo nombre en el paraíso y ángeles
que me custodian cuando tú me has olvidado.
Sí, soy ciego, cojo, mudo, sordo, pero estoy latiendo
y me preguntó ¿Sabes de que hablo? O huyes como siempre.
Mírame, también yo sueño y pintó arco iris con las manos,
mientras pienso y espero la respuesta que no llega.
Ya no queda tiempo, tal vez mañana no exista
y solo quede la rosa en la tumba, la pregunta y el desprecio.

Cóndor

Planea las cumbres blancas de los Andes, reviste de luz la mañana.
Déjate invadir por nuevas metas, hoy serás como el cóndor chileno,
mágico, silencioso, sobrevolando los cielos con la libertad del poeta.
Serás como copihue, princesa, volcán latiendo incesante con deseos
de cuentos y leyendas que alumbran las miserias y calientan las entrañas.
Bolsillos rotos, duendes al paso de un viaje ya lejano, pero no olvidado.
¡Poetas! Estrellas en mi sueño, imágenes del tiempo amigo y eterno.
Sed como son los vientos amando el firmamento y volando como el cóndor.


A Valencia

Mis primeros recuerdos están entre azahares
y un tren que camina lento entre arrozales,
y unas huellas hundidas  en la arena,
carcajadas y juegos infantiles
que se pierden en la memoria,
y cuando trato de recordar, me mojan la mejilla.
Era noche, cuando volví a cruzar los arrozales
de aquella Valencia niña que dormida
me suplicaba volver a ser mi vida.
Música y fuego, no olvidar a mi Alameda.
Cuantas veces he cruzado con los pies
cansados en la naciente primavera
un cauce de un río llamado Turia,
camino de la Virgen Santa “ la Cheperudeta ”
Flor de Valencia, estrella del alma mía.
Ya veo aquella fallereta con un ramito de claveles
y a la abuela con su oración en el alma,
mientras miles de lágrimas corren viajeras
y  bañan los rostros de mi Valencia querida.
Es esta tierra, capricho de la naturaleza,
busca cobijo en cualquier rincón su belleza,
sus pueblos son abrigo formando racimo.
En la distancia suena la música, se ve subir la banda
por la ribera, con la señera en las mano.
Sinfonía de orgullosos marineros que han tejido
noches con luna, la honra del sufrimiento.
Avanzo en la vida y mi recuerdo de niña,
se transforma en un canto que arde y honra Valencia.


Simba

Silba el viento, golpea la ventana
y recuerdas la gesta de los hombres
que suceden a los tiempos, huellas
en la memoria de la gente, caminan
a escondidas huyendo de su sombra,
van distraídos; silenciosos, olvidados.
Destino; la ausencia y el olvido.
Simba; insiste tras la ventana.


El desierto de las palmas

De camino entre el cielo y el mar
Reina el paraíso.  

Podría ser el bello comienzo de cualquier poema, pero en realidad es una historia de amor entre un Rey y su Reina, entre una mirada y una sonrisa, entre un silencio y una oración.

Así se siente y se ama el Desierto de las Palmas; desde la contemplación de lo bello, de lo insignificante, de lo que nos habla de DIOS y del hombre mismo despojado de todo aquello que le es inútil por perecedero.

La búsqueda de la esencia en la existencia sólo es verdadera cuando volvemos los ojos a nosotros mismos y a nuestro alrededor, no existe la felicidad sin la transformación de los valores del mundo. Aquello que nos aparta de este fin, que no es otro que la felicidad no es válida.

La íntima, la contemplación del paisaje en sus amaneceres, en sus atardeceres, nace como respuesta al MISTERIO de la vida. La respuesta, el silencio, el adorno de lo bello y su entorno es el centro de la existencia en la búsqueda del todo, que no es otro que el universo que me habla.

Nadie cuando comienza la búsqueda sabe a dónde va, pero se lanza a la aventura y su espíritu se revela con fuerza mostrando lo íntimo, lo que no se confiesa a nadie, esa explosión de sentimientos dormidos, extraños, pero dulces como la nana que le cantas a un niño. Así ocurre en un fin de semana. Una hora, un segundo, habla DIOS.

Es el alma misma quien se muestra y alimenta todas las células de tu ser, ya no huyes en cuanto ves la LUZ, aprendes a convivir contigo mismo, escuchas tu corazón y es entonces cuando la presencia del paisaje en la oración te posee. 

El Desierto de las Palmas que pureza para hablar con DIOS.

El tomillo, la manzanilla, los cipreses, el cielo, el viento, el mar y el alma, el paisaje del Amor que todo lo da y nada pide.

Entre el cielo y el mar,
Existe la soledad.

Mi soledad, mi paraíso, mi paisaje.
Cierro los ojos, abro las manos,
La luz me cautiva el alma
Estoy en el cielo, en mi esta Dios 

Me habla el Desierto del olivo y mi alma de Paz 
Me habla el Desierto de una rosa y mi alma de Amor
Me hablan los cipreses del viento y mi alma del cielo
Terso y hermoso como la llama que nunca se apaga.
Como el canto del ruiseñor en la mañana.

El Desierto de las palmas ¿que eres si no, tú mismo paisaje? el bello vestido de un Rey.
Mis pensamientos se nublan ante la serenidad de la tarde y la risa callada de la naturaleza hermana que contemplo desde mi ventana.   
Como la bella durmiente espera la llegada de su príncipe, así el amante espera la llegada de su amada entre zarzas, entre riscos salvajes se cuentan las palabras y dejan paso al poema, a la mirada.  Se intima un Amor Divino, Eterno.

En la noche el éxtasis de la belleza estalla en esa meditación última que se recrea con pasión en la pobreza, una habitación desnuda, un crucifijo lo dice todo.  Retorno a la niñez, al encuentro con los padres, al beso vergonzoso Nace la plegaria, la acción de gracias por el DON del AMOR y descubres la presencia del amigo, del hermano, del padre en el ALMA que te habla en la soledad de ese paisaje que simplemente vive.

La última oración, búsqueda de una estrella en un cielo sin nubes.tTn sólo… dos que parecen dos ángeles guardando la entrada al Paraíso.

Ya sobre la cama, el reflejo de los luceros en la noche y la pobreza del silencio, Dios y yo, la muerte y la vida.

Y volvemos al paisaje en la mañana dulce como el néctar que se desprende de la flor, ¿oyes? De nuevo el ruiseñor y la campana de la Iglesia, los cipreses, los caminos, el bosque y la montaña ora, te espera Dios en su Sagrario.

Sales de la cama al primer toque de campana, tienes hambre, pero sabes que antes has de darle los buenos días, ya vendrá el trabajo, que ahora el ALMA quiere alimentarse en su Señor.

Palabras de vida son ahora mi paisaje.

Quiero volver, quiero volver al Desierto de las Palmas.
Quiero sentir como sienten los ángeles.
Quiero, quiero poseer el tiempo.
¡Llevarme! La esencia de la rosa y la Eucaristía en la mañana.
Abrazar todo el cielo en mi ALMA mientras suena el Aleluya.

Hoy conozco un Paraíso que es delicia, que es fermento, que es alegría al peregrino.