Poemas de Francisco Javier Romero Alanzabes

El rincón de las despedidas

Las avenidas sin semáforos,
la baranda del paseo marítimo mojada,
las nubes juntas y revueltas
y la noche que aparece callada.

La playa derrama algas oscuras,
el agua está fría y sucia,
el viento desnuda las palmeras
y levanta olas furias.

La mañana casi no llega,
tímida, con pocas luces,
mientras cabalga la espuma
sigilosa hacia la urbe.

Este cuadro de espera
ya derrama una despedida.
A la tarde, saboreando las brisas,
cerraré los ojos
abandonado a mi suerte.


Naufragio

Mira, para que no te pierdas:
allí donde pestañea el alba
y madruga la tarde invernal,
donde la noche baila amor sólo para ti
te espero sujetando mi corazón tembloroso
con mis manos encrespadas por tu ausencia
y mis lágrimas que publican lo que el alma está callando.

Mira con tus pupilas devastadoras
los restos de este naufragio,
los besos encallados,
la orilla anegada de esta playa sin corales,
los acantilados donde se ahogan las entrañas de tu recuerdo,
el matrimonio de mi soledad con tu eco,
el abismo desastroso de quererte.

Mira desde las cuevas heladas de tu poderío
si los sueños se dispersan en silencio
en los túneles excavados con tus palabras,
si te espero como a los cielos un sol
o como dos lunas al mar,
con mis cálculos activos de un enamorado principiante
y estas titánicas ganas de ti.

Mira en cada viernes del calendario
nuestra imposible matemática llena de posibilidad,
la urbe iluminada por tu halo,
nuestra casa llena de licores y tabaco de liar.
Dime si tenemos que ir por partes
o viajar a Marte,
o buscarte en cualquier parte para estar juntos toda la vida.

Observa en este árido desierto
la avidez de mis dedos agrietados
sobre las hiedras que cubren tu imaginaria estatua.
Mis párpados, montículos ingrávidos,
reclaman un oasis, una señal.
Apaga mis latidos y compra mi alma
en este inhóspito supermercado de cadáveres.

Y cuando venga a morderme la muerte
te hablaré de este amor sangrante que cae exánime
en los prematuros jardines del otoño.


Normalidad

Que no protesten los silencios mientras nos miramos como si nada.
Que fluya el beso, el verso y el verbo en plural.
Que no te hagas la estrecha
cuando vengan curvas rectas hacia tu cuello,
ni te pongas las mechas en tus párpados de animal.

Que no sea la soledad el secreto de siempre,
e ilumina la noche con la luz de tus ojos feroces.
Que la rutina puta de nuestros sábados sea la fruta mordida,
la bombilla en coma,
el mechero de tu cuerpo,
el papel del cigarro liado,
tu prodigiosa saliva en mi saliva.

Y después,
entre semana,
si quiere que vuelva la urbe a la humanidad,
y la humanidad a la urbe,
tú al hábitat de mi recuerdo
y yo hasta las 7 de la mañana en tu cueva,
en tus tardes fulgurantes,
en tu hastío insoluble.


Esdrújula

Pusiste los puntos sobre las íes,
propusiste puntos para las cicatrices,
te puse una vocal en mi abrazo
y propuse ser consonante en tus textos.
Pasaste palabra
y metiste esdrújulas con hubiésemos y quisiéramos.
Quisiste ser el morfema perfecto con tus interrogaciones,
mientras yo era tu lexema preferido cuando creabas tus propias exclamaciones. Ponías los dones en mayúscula con técnica.
Te hacías suposiciones en retóricas pluscuamperfectas.
Bravo, sin ser romántica.
Creabas literatura mística, misteriosa,
a veces infumable y otras generosa,
con recursos estilísticos propios para una lengua mágica,
tórrida y nada insípida. Majestuosa tu práctica lingüística,
tu sólida analítica de las cosas,
tu cálida sonrisa al recitar unas cuantas estrofas arrítmicas.
De película y lo mío de sátira,
en definitiva parecías lúdica.
Encumbrabas a la fonética a la cumbre más álgida,
era tu diversión favorita hacer de una llana una sobreesdrújula.
Tú siempre tan minuciosamente silábica,
haciendo una parábola de frases aleatorias
para desembocar en historias metafóricas.
Tú siempre tan tremendamente melancólica
cuando acertabas a expresar lo que sentías con tus gráficas.
Soberbia, magnífica.
Por eso ahora te llamas esdrújula
mientras yo trabajo en tus esferas lánguidas y perfectas.
Maravillosa tu dinámica de acentuar, espléndida.
Etcétera.