Poemas y relatos cortos de Hasbia Mohamed


La Venus

En esta tarde entre música y letras,
una lagartija anuncia ser calurosa.
De fondo, se escucha el concierto para violín
nº 1 en La menor, de Joann Sebastián Bach.

La habitación nada entre oxigeno y luz tenue,
y tras la venta entre abierta…Se
refleja un prematuro otoño de verano.

La adorna una escultura de la Venus,
que en tardes como estas, tus recuerdos
salen del olvido de mi arañada piel, 
y mi alma en rastrojo te llama.

Anuncia chaparrón de una muerte
confusa, que sin ver veo y callo ladrando
como perra perdida y llorando entre escombros.

Suplicando a ti invoco ante mi llanto,
que la Venus, la Venus pelee con la guadaña
eligiendo la vida antes que la muerte.

Y en mis sueños mientras dormía,
tu suspiro cerca a mis oídos sentía,
y pedías un helado de limón como 
me lo hacías antes de tu muerte.

Entonces, y solo entonces, comprendí
que mi petición había sido concedida.
La Venus lucha, la Venus lucha,
en este prematuro otoño de verano.


Siento

Siento que no te siento
siento que tu me sientes,

Mirarme, miras,
que yo no quiero
que me mires.

Decir, dices que mala soy
porque no voy...
no voy por no querer,
quiero, pero no quiero querer,

Quieres que te quiera,
me lías y me enredas,
mas liarme, enredarme
pretendes que más quieras
que te quiera.

Amé muchas veces,
cuando mi te quiero,
ansiaba que tu quieras
decirme " te quiero".

Fuiste y volviste,
una vez, otra vez,
que muchas veces...
pensaba, hoy tal vez.

Llorando, lloraba,
y lloraba porque me amaras.

Te ame. Tanto amar...
Para nada, Tu amor...
Quedo en nada.
Ahora que tanto me amas,
siento que no siento nada.


Un sorbo de vino

Un sorbo de vino,
y cuando la espada
surja haciendo surcos en el aire,
y cuando baile la muerte
con su afilada guadaña,
y cuando el cielo se torne negro
balanceando hojas de otoño,
y cuando el hambre
azote tripas secas,
y cuando el odio se instale
en el alma, llorando  justicia,
Y cuando las banderas
pinten una obra de arte,
más vale un sorbo de vino
entre tu pueblo y el mío.



A las cinco de la tarde

A las cinco de la tarde,
a las cinco de la tarde.
Picasso expone el Guernica,
Munch expone su grito,
y tú, Lorca, cumples 81 años
con tu poema a las Ramblas.
A las cinco de la tarde,
a las cinco de la tarde.
Las flores lloran sangre,
derraman savia.
Suenan campanas de
heridos y muertos.
A las cinco de la tarde,
pinta un Picasso
de espinas y odio,
Un Van Gohg deambula
de un lado a otro
huye de pinceles asesinos.
A las cinco de la tarde,
era las cinco de la tarde.
Despiertos de la siesta,
volvían a su siesta.
en paredes de madera, unos,
en paredes blancas, otros.
A las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde,
corría un tupido velo
de asfalto y pólvora.



Una balada

Una balada de otoño
guarda en su recuerdo,
verano de primavera
fijado en invierno.

De un amor inquieto,
de sobresaltos,
de infieles
diálogos y besos.

De sillones abatibles,
de magreos inútiles,
de mirada curiosa
de chabola ruinosa.

Caía la tarde
de un amor incierto,
de caricias confusas
en un mar desierto.

Y en la noche...
de un triangulo amoroso,
de un amor abatido, herido,
llama a su muerte.

Un lápiz raya al amanecer,
despertando en calores,
abrazando su almohada
recordando el ayer.

Una balada de otoño
guarda en su recuerdo,
verano de primavera
fijado en invierno.


Una balada de otoño...


Juegos hápticos

Juegos hápticos
en noches húmedas,
de entornados pórticos,
de palabras mudas.

De miradas ciegas,
de música sordas,
de vaivén de sus manos,
de últimos hálitos.

Juegos Hápticos
de amores queridos,
de amores bebidos.
de amores sentidos,
de invidentes dichosos.



Abrázame así...

Abrázame así...
Donde siento los latidos
vivos de tu corazón,
marcando al compás
cada suspiro que das.

Donde tus labios acarician
flequillos con tus besos,
y respiro profundo
el chasquido bravo,
que me deja sin aliento.

Donde nuestros sentidos
hace vulnerable
ese halo invisible que
nadie ve, solo tu y yo,
sentimos al abrazarnos.

Donde el tiempo se para,
los minutos es pasado,
las horas es presente,
y el futuro está ausente.

Donde hasta el agua
aviva este fuego,
como el Dios Hefesto
aviva de continúo
la llama de su fragua.

Abrázame así...
con tus latidos,
con tus caricias,
con tus sentidos,
donde el tiempo
no existe,
y ve volar al quetzal.



¿Qué querrá de mi?

¿Qué querrá de mi?
me pregunto una 
de cada mil veces
que me hago
la misma pregunta.

Bostezo en mis pensamientos
madejas enredadas en agujas
y espinas de rosas marchitas.
Lágrimas que secan solas
por no vertir la última gota.

Tiritan los párpados 
en el intento del silencio
de las órbitas de mis ojos.

Corazón desconsolado,
buscando los por qué
de este querer, 
que ni si, ni no,
muerde sin un por qué. 

Si pudiera tejer las madejas
enredadas entre agujas
y espinas de rosas marchitas,
el con qué de los por qué
vendría con mi querer.

¿Qué querrá de mi?
ni como ni duermo,
ni sueño ni canto.

Sólo estos versos 
ni tristes ni alegres,

describen mi llanto.


Inmensa

Inmensa, inmensa
la mar que pasea
a nuestro son,
de calma y frescura.

Paseo por el espigón
de orillas salinas,
astro de la tarde
de miradas ocultas.

De palabra silenciadas,
en la tarde recitadas.

De miradas calladas,
en la tarde desatadas.

De besos recuperados,
en la noche perdidos.

De caricias deseadas,
en la noche atada.

De amor consumido,
en la noche retenido.

De placer revivido,
en este día bebido.

¡Que inmensa la mar!
¡Que intenso el amor!

Y junto al espigón,
los números cantan
entre gaviotas,
que anuncia chaparrón.



Ese rato que me dio

Ese rato que me dio,
ese rato que me da.
ese rato, ese ...
la vida me da.

Esa mirada, esa mirada...
Me deja contemplar
ese mundo de butaca,
me deja adentrarme
en ese mundo de actores,
donde los protagonistas
se besan, y los espectadores
esperan la siguiente escena.

Esa mirada, esa...
donde entro en el túnel
de sus pupilas hasta
la niña de sus ojos.
Y me cuentan el guión
de ésta película.

Esa palabra muda
que con la mirada...
esa mirada, si, esa,
esa me abraza
en silencio,
me besa callada,
me hace el amor
reflejado en sus ojos.

Ese rato que me dio
ese rato que me da.
esa mirada, esa...
esa palabra muda,
esa...Es la que no ve
ningún espectador.

Sólo... El y yo.

El y yo haciendo
el amor sin guión,
en esta película
muda de amor.


Besos robados

Besos robados
que como tatuaje
quedaron grabados,
besos inesperados
que tu boca sellaron
con besos deseados.

¡Cómo no quererte!
cuando me preguntas...

¿Me quieres?

¡Cómo no quererte!
enredado entre mi pelo,
besos y eternas caricias,
despeinando mi cuerpo
hasta llegar al cielo.

¡Cómo no quererte!
Cuando mis enojos
también son tuyos.
Mis anhelos, tu suspiro,
y tus miradas mis ojos.

¡Cómo no quererte!
Cuando te pregunto...

¿Me quieres?

¡Cómo no quererte!
cuando enredo mis
dedos entre tu pelo,
beso tu dulces labios
y el contorno de tu cuerpo.

¡Cómo no querer quererte!
cuando mi alma evoca
tu nombre en mis noches,
y despierto en la mañana
aún dormido, queriéndote.

¡Cómo no querernos!
Y...decirnos "Te quiero",
cuando nos despeinamos
en un amor eterno.


Hoy le vi pasar

Hoy le vi pasar,
con la cabeza gacha,
sentado en su vehículo
sin volante ni frenos.

Entre sus piernas,
detiene los temblores
de sus incontroladas
y venosas manos.

Ladea su lengua
queriendo entonar
su canción, recuerdo
del ayer enamorado

Se mira al espejo,
peina sus canas,
y se pregunta por qué
cada día la quiere más.

Le enciende el alma
sin cerillas, sin ascuas,
le araña y le quema,
con su boca le echa agua.

Hoy le vi pasar,
ya no camina,
ni sonríe al pasear,
hoy, todo le da igual.

Su recuerdo lo
atrapó en el ayer,
robándole el sueño,
que jamás pudo creer.

Fuerza para caminar
aíre suave para volar,
chistes para reír,
corazón para amar.

Hoy le vi pasar,
un amor imposible
le atrapó en el ayer,
ése ayer de felicidad.


La noche calla

La noche calla, los peces aletean en su acuario, quien sabe si escuchan el silencio o esperan sirenas, el perro duerme y sus ronquidos desvelan un sueño profundo. Y Yo, en esta soledad que abrazo con mi pluma, que me regaló no se quién, sueño despierta con un mundo mejor. Tal vez me lean y suene música celestial del universo que marca el destino de cada cual. Tal vez, o no tal vez, pase desapercibida, y mis suplicas sean desoídas. ¡Que mas da! nadie es el ombligo de mundo, y seguirá cambiando su rumbo. Ni tan siquiera Thot, el Dios de la escritura, de las ciencias y los conocimientos, mensajero de los dioses, patrón de los estribas y divinidad relacionada con la luna, es capaz de predecir lo impredecible, pero lo intenta.  "Encontraras en tu trabajo grandes satisfacciones y oportunidades, pero deberás dedicarle bastante energía, esfuérzate y pon en ello todo tu entusiasmo, serás recompensado. En muchas ocasiones las presiones y el estrés hacen que deje de gustarnos, aquello a lo que nos dedicamos, Tal vez este sea el momento de recuperar la vocación y el placer por el trabajo, de volver a poner entusiasmo en nuestras ocupaciones. El trabajo es algo a lo que dedicamos gran parte de nuestro tiempo, si dejamos de disfrutar de él, acabará afectando el resto de nuestras vidas". Y yo, sigo amando en la noche callada, mi pluma, mis peces, mi perro, la pintura y esta escritura.


El niño y el mendigo

Anda por el asfalto de las grandes ciudades. Camina sin descanso, con el peso del saco de la vida en su espalda hasta la contractura. Bajo su espeso bigote, un cigarrillo tiñe de nicotina el vello de su nariz. Su mirada, descuida los escaparates, vehículos aparcados, y toda rata de cloaca. Una gorra de lana, cubre su cabeza rapada. Viste pantalón marrón, camisa ocre y chaqueta a cuadros. Viejas ropas no rotas, pero si arrugadas. 

En uno de sus paseos por la calle Murcia esquina con la avenida Carvajal, ve a un niño llorando que llama su atención. Mira de un lado a otro, por encima de su hombro dislocado y con el sonido casi descalzo de sus viejas botas, se acerca despacio. Callado y pensativo, contempla lágrimas empuñadas, mocos que recorren buscando su camino, manos que a modo de pañuelo limpia unas mejillas sonrosadas. Desde la ventana de un gran edificio de personas pudientes, una vieja embadurnada de maquillaje los vigila. Un gato se refugia debajo de un coche ante la amenaza de un perro que pasea con su amo. Tres hojas de un chopo que adorna la calle, se balancean al compás del aire fresco que, parece querer caer sobre la cabeza del niño. El viejo dio dos pasos adelante y con un desgastado periódico luchó contra ellas. Apenas ve. Por un instante, sintió que el niño corría peligro. Con su mano derecha donde se instalan desde hace tres años las quemaduras mal curadas de una hoguera, levanta la barbilla del niño, le mira a los ojos, y en ellos se refleja la vieja de la ventana. Seca sus lágrimas, y con voz ronca y espaciada, le pregunta.

¬Dime niño, ¿por qué lloras?                                                                       

El niño levanta el brazo y de una alzada retira las manos del viejo. Este, ante la actitud de la respuesta obtenida, le pregunta de nuevo.

¬ No temas, niño, no te voy a hacer daño, sólo quiero ayudarte. ¿Puedes decirme por qué lloras tan desconsolado que me estás rompiendo el corazón?

¬ ¡Perdón señor! no quiero romper el corazón de nadie, ya es bastante con el mío. Busco a mi padre que un día salió de casa y no volvió.

¬ ¿ Y cómo se llama tu padre? tal vez, le conozca y te pueda ayudar.

¬ Mi madre dice que se llama Dris Hammú.

¬ ¿Dris Hammú?

¬ Si, señor. Dris Hammú. Mi madre y yo vivimos en Bélgica. Un día, le pedí a Dios que si me llevaba donde está mi padre, no le abandonaría jamás. Y hace unas semanas que llegamos de vacaciones. Mi madre dice que mis abuelos viven cerca de aquí y mi padre vive con ellos, pero… No sabe dónde. Es la primera vez que venimos.

¬ y... ¿sabes cómo se llaman tus abuelos?

¬ No, pero conservo unas fotos de ellos que dejó mi padre, y los llevo siempre conmigo. Algún día, cuando encuentre a mi padre, los conoceré. Y entonces, les daré tantos abrazos cómo años tengo. Pero cada abrazo será de cada uno de los días que no pasé con ellos. 

El viejo, quedó asombrado de aquellas palabras. Comenzó a temblarle piernas y manos. El cigarrillo resbalaba de su boca. Medias babas caían, y medias quedaban anudadas en su garganta. Mientras, el niño sacaba del bolsillo de su pantalón las fotografías, y con la respiración entrecortada por sus lloros, le dice:

¬¡ Mire, mire señor!, estos son mis abuelos, ¿los conoce usted?.

El, con el dedo índice y corazón manchados y quemados de nicotina, cogió las fotografías, las miró de lejos, se las acercó para verlas mejor, y de sus ojos, un fino cristal vertía quedando atrapado entre sus pestañas. Miró al niño, y seguidamente, su mirada escapa del momento. Los recuerdos agolpan en su mente. Golpes tras golpes, señala un pasado muy lejano. Un armario lleno de trajes, aparatos audiovisuales, cámaras, fotografías, películas en blanco y negro, una caja y lapsus en su mente. También recuerda, aquellas rejas, un cable en su cabeza, balizas de líneas rojas y blancas seguidas de un camino embarrado. En silencio recordaba aquel hombre que hoy no es. El niño pasó una mano por sus cabellos, abrochó el primer botón de su abrigo, y con el puño de éste, limpió sus zapatos esperando que le devolviera las fotografías y le respondiera. En vista de que no respondía, decide quitarle las fotografías de sus manos, y muy enfadado, se aleja corriendo. El viejo reacciona llamándolo.

¬ ¡Espera, espera, pequeño!

Pero, no consigue que le escuchara y comenzó a seguirle los pasos. Llegó hasta el lujoso hotel Russaid, entró y tropezó con una señora rubia de elegante traje y sombrero de medio velo y que abrazaba a un niño. El, quitándose la gorra de lana, le pide disculpas.

¬¡Disculpe mi torpeza señora! -¿le hice daño?

La señora, levantó el velo de su sombrero, le miró atolondrada. Limpió las lágrimas y mocos de su hijo con firmeza, y se volvió de nuevo. Sus labios rosados deja ver sus blancos y bien cuidados dientes que, sorprendida al ver aquel hombre, quedaron abiertos sin mediar palabras. No podía creer lo que veía. Un viejo haraposo, pero limpio. Abrazó al viejo y éste le correspondió. Entonces, él viejo entendió aquello que no podía creer cuando veía las fotografías de sus padres ya fallecidos. Dris Hammú recuperó la vida perdida que, por la aduana de algún país, con descargas eléctricas en la cabeza quisieron borrar.

2º Premio del X Certamen Literario Ateneo Blasco Ibañez 2019.