Poemas de Marlene Denis

Sonidos
Los aludes se resisten a las partituras
y tropiezan con la música celestial
mientras observo la ciudad de los ancestros.
La soledad se columpia 
en el susurro del ángel fornicador
que intenta prevenirme del sofoco
y de las cascadas en sequía.
Por suerte
otra vez mi almohada
conserva sus notas
y la fuga.

En el recinto de la malsana vida
La brisa entona himnos salvajes que nadie puede remediar
que nadie quiere…
nadie logra entender mi demanda pública.
¿Qué importa si llora la distancia?
Todo es cara o cruz siempre que exista la moneda
y venga a nosotros el reino extraviado de las rosas.
¿Quién dice si estoy vestida 
o desnuda de amor
y que puedo temblar como una hoja a la deriva?
La textura del sexo es la túnica del ángel 
o la trampa:
plegaria para salvar a los deudores
si acaso tú y yo somos inciertos.
¡Poco importa si Dios anida entre los dedos
o decide entibiar la melodía!
¡Qué más da!
El arpa repite tu identidad de estrella
tu identidad de estrella
tu identidad…

Todos los exilios andan cuesta arriba en el Parnaso
Exiliada de mi hogar me refugian los caminos
que me devuelven el paisaje a contraverso
y me implican en las fechorías de su encanto.

Exiliada en mis demonios 
me refugian acuarelas consumidas en la escarcha
me cobijan los otoños y el sarcasmo.

Exiliada en la poesía 
traigo huesos convertidos en arena y me levanto 
y me echo un unicornio en el bolsillo y voy en busca de café 
y en busca de un sol y de mi cuerpo.

A duras penas ando con un poema inflamable
y su buena carga de nicotina.
A duras penas trato de matarme con un verso.

De mi ronca poesía nacen manifiestos
que me acusan de querer parecerme a los poetas
y no sé prevenir los incendios
que afloran en mis trastornos de conducta.

De mi ronca poesía nacen telarañas
como martillos
celdas o fusiles que apuntan a mi pecho.

Emigrante
La calle es el camino pedregoso
pero esto es amor.
Yo tiento a la ira
mientras muero de girasoles en las piernas.
Mis manos se pueblan de cuerpos
                                        y cascabeles
de violetas
que no se ocultan entre las jaurías del alma.
¡Es amor!
Tú deslizas por mi vientre las estrellas
aunque sé que hay sombras.
¡Sí!
Mi asesino está al acecho
y compra flores.
Es la costumbre de regresar con el pecho roto
                                                                      la costumbre…
¡Demasiado infierno para un poema!
Debo encender otra luna
para derramar la fe por los rincones
y acudir a la semilla
          donde cultivé los anillos del tiempo.
Voy a incinerar los viejos paraísos ahora
cuando la tierra prometida
                        no es más la tierra prometida.
¿Quién volverá entonces a los campos de batalla
y cultivará otro Lepanto
                          otra añoranza?
Necesito perdonar al cuchillo
y al crepúsculo lejos de casa.
Este es el festín del matador.
La sierpe apresura en mi cuello otra carcajada.
Todavía hay premoniciones en la carne.
Sé que alguien me volverá a negar
mientras otro me mate con un beso
lejos de casa.
¡Dios mío
                                tan lejos!

¿Acto de fe?
Ya no salgo de mi corazón
y no podré hallar otra sal para este cuerpo
ni otra miel para mi pedazo de odio.
¿Cómo desnucarme en la tormenta de un vaso de agua
si estoy a la derecha y a la izquierda al mismo tiempo?
El madero es el mismo
y la distancia
y la barca es otro sueño de papel.
Necesito volver aunque nunca partí.
Mis cargos fueron graves ríos
por eso te busqué     Dios    a mi propia semejanza
en las grietas de la calle
y en el pájaro.
Te grité todos los nombres mientras mordía la tierra
y cargaba mi mendrugo de soledad y de rabia
                                      hasta el fin del camino.
Hoy nadie quiere vender mis disfraces.
¿Quién me amputará los cuernos
                                            y la memoria?
¿Quién clavará mi lengua en la bahía?

Todavía me llaman la Gautier
He buscado donde morir a mitad del dedo
pero los anillos del corazón
                               estrangulan mi coraje.
Fui pública
       terrible
       cortesana del reino de la palabra…
Tanta hembra se desborda sin espejos
distinta de los trenes
                    que arrebatan mis orgasmos.
Es cierto que huelo a vieja estación
mientras dejo en el pañuelo
                           los mayúsculos amores.
Hoy
la sábana se empeña en remover estos olvidos
donde no han crecido pasados
                                         ni camelias.

Acto de fe para no degollarme
¿Habrá sol, Dios mío?
Poco importa si espero alguna voz
un jeroglífico o la señal de humo
en una carta que se quema de soledad.
No importa si cuento las lunas ausentes.
La tarde salpica mi estado de gloria
mientras permito que tu imagen se dibuje en los sueños.
Mientras las nieves amenazan mi pubis
ahora haré mi testamento.
Repartiré aquello que me falta
antes que me dejen marchar hacia la camisa de fuerza.
He servido a las rosas del paisaje
y no llevo penas a mi propio advenimiento.
El día va arrastrándose.
Su brújula es mi ombligo
                                         el sur…
Úngeme de palomas mensajeras
ahora que puedo incendiarlo todo
para testar a favor de los que no han venido
con sus cuchillos dorados.

Cuerpo de palabras rotas sin destino

Quien quiera mis ojos

                                que pida mi tristeza.

Este arcoíris de papel juega a la mentira

mientras la alquimia sabe a quemarropa

y bebo su desmayo

para disparar todas las hordas

                             que me arranco de la voz.

Tengo al horizonte entre los dedos

y tengo mi rabia.

Al hacer el amor

                tiendo mi trampa dulce

                                             fulminante…
Quien quiera mis ojos

                        que acepte mi crimen.


Décima libre
I
Una vez que tenga patria
perderé mi independencia.
Me aparto de la tendencia
de sentirme como paria
si la senda me es contraria
como sucede a menudo
prefiero exponer escudo
que atraviese la frontera.
La condición de extranjera
me libera de tal nudo.
                                                                                   
II
“Yo vengo de todas partes
y hacia todas partes voy”
y si supieran que soy
rudo cañón de las artes
no importa si fuese martes
el anfitrión de este día.
La libertad obtendría
con calibre verdadero
el alma es el más certero
pájaro en autonomía.

III
¡Que venga cualquier cuadrilla!
Yo respeto al lobo manso
y al colmillo en riesgo canso
con mi carne en la parrilla.
Ha de morder mi cuartilla
sin comprender los anhelos
de romper todos los hielos
que amenazan el futuro.
Quiero que el aire sea puro
y soñar en los desvelos.

IV
No me siento forastera
al romper las ataduras.
Desconozco dictaduras:
¡mi patria es la Madre Tierra!
No me lleven a la guerra
moral en suelo sagrado.
Ya sé que no es del agrado
en este bello horizonte.
Siento cantar al sinsonte
infinito de mi prado.

Soneto a madre
Traigo manos repletas de tu amor
en la frente conservo el primer beso.
Cuando mi ardiente anhelo estuvo preso
fuiste brisa que alivió su dolor.

No hay barrera imposible para verte
que mi amor no atraviese desmedido.
Ni huracanes, montañas o el olvido
doblegarán esta ansia de quererte.

No hay ráfaga maldita ni demonio
que logren mancillar esta alegría.
Una lágrima tuya es patrimonio

de mi pausado andar en agonía.
Eterna es la partida contra el odio,
es cordón que nos ata, madre mía.

Hablar es un pecado inmenso
Hoy es un día cualquiera
salvo que Mambrú se va a la guerra
                                         como tantas veces
con la incertidumbre de los cadáveres
                                    que cuelgan de sus ojos.
nada retiene el grito.
sobran quimeras
y mucha humedad en los pastizales de la memoria.
son tiempos de muerte y ensañamiento
de brutal tentación en el genital de la esperanza
                                     que corroe nuestro mendrugo
                                               y ensaliva los bronces de la equidad.
Mambrú se va a la guerra de sus hormigas
como un tatarabuelo
en la halitosis del olivar  que bosteza
                               entre las nieves ocultas de una bala.
ya no hay frío ni calor filtrados en la mejilla
ni rinocerontes
                      o calibres de olvido a media asta.
Mambrú no sabe de portaviones
                                                       ni violoncelos.
ignora que estoy hundida
en los senderos de la cruda redención.
no puede saber que mi oratoria
                               se mantiene fuera de la ley.     



Enigmas sin respuestas ante el cráneo de Virgilio

¿Adónde va la esperanza
que nos plantaron en medio de la sangre?
¿Adónde va el aliento
de una tibia canción
                           empujada hacia el alma?
¿Adónde
la embriaguez de un poema remoto
y el tributo que rasgué de mis venas?
¿Adónde vamos las desordenadas criaturas
cuando el cielo atraviesa
                           la cuerda floja del delirio?


Cada día es un día ebrio que se nos cae de los ojos

El tedio cuenta los días que zozobran
mientras repleta mi alforja de orfandad.
Aun así expando los bronces de la voz mutante
entre ojos que acorralan la noche
en la mendicidad de estas murallas
                           junto al aullido del hambriento.
No debo consentir que aten mis palabras al olvido
ni ingerir con cicuta la píldora de la esperanza.
No vendrán días mejores
para solventar los sueños que semejan arcoíris mustios.
¡Jamás volverán esos días!
Sólo audacias sin sentido
y ruedas de prensa gastadas en la luna
                                       han de servirse en mi plato.
Simplemente volverá el mañana
con la rutina de arañar la tierra  o reinventar nupcias
aunque lancen a mi corazón toneladas de escombro.

CCOO 2016


Soneto que no se salva

Camino sobre cuerda escalofriante
que acompaña mi ronda por la vida
cuando apuesto, todo a nada, en partida
de un futuro silencio, lacerante.

Puedo ser incansable caminante
de la arcilla, la madera, el acero...
Y no importa, en el fondo, cuanto quiero
es ser ave y disparo altisonante.

Si me condena el ojo intolerante
ya sabéis que el sendero es un instante
del cual siempre he vivido convencida.

Por lo pronto, juguemos sin medida
que Vida es una carta y lo primero
es quitar nuestra carne del brasero

                                                    (y lanzar piedras con la voz)


Cada día una poesía, otro dolor...

La Poesía nos acoge entre sus alas
para limpiar nuestra aspereza
nuestra mezquindad
y esas carencias que nos culpan
                   de cuanto harapo se desliza por las bocas.
No quiero buscar piedad ante un charco de sangre
que absorba mi prudencia.
No acepto ese trago de hiel
ni ser un número más
entre los arrepentidos de no hacer nada
que blanden el Verbo
             mientras maquillan la existencia.
La Poesía nos acoge en mitad de su lágrima
nos rebota
nos advierte que la soberbia
                           es un modo de soborno,
que urge una pincelada de coraje
un carrusel de puentes…
Nos designa implicarnos en cada incendio del alma
y preparar caminos
                         sobre las grietas de la humanidad.


Remisión certificada de Pilato

Llegará el Cordero
sin embargo no es hora de complicarnos
en salvoconductos hacia los ángeles.
Atrás dejamos los raíles de punta:
                               ¡tribuna con su mártir de bolsillo!
No sé redimirme.
Traigo crónicas en la suela del zapato
y mi humildad se entinta en camposanto de deudores.
Escucho el arpa.
Puedo subir
                                subir hasta caer…
La punta del cielo es tan atroz como la torre
donde el dragón escupe al pecho agujereado de sus fieles.
El hombre está hecho al revés de los sueños
y no habrá perdón para tanto culto estrafalario.
(¡Oren por mí
si no puedo cambiar los grilletes a la servidumbre!)
Este es EL CAOS y EL ORDEN
pero siempre la misma CLOACA.
El Diablo juega al ajedrez con sus marcadas piezas
mientras la vida nos mutila


                                                   y yo me lavo las manos.


Y el mundo lo supo...                         

A Soraya

La niña retoza en el ombligo de la luna
La niña-feto-futura manzana en almíbar
La niña-ronda entre cardos, violetas y lilas
La niña muestra su aro de miel en la cintura.

Cuánto enigma por descifrar arrastra la brisa
en la piedra y trozo perfumado de su sangre
donde todo grito lastimero es barro y carne
más allá del eco, de la rabia y los estigmas.

Cuánta luz emana de la arena y de la espuma
en cada jirón de piel, en su blanca sonrisa,
en travesaños, rosales y crueles espinas,
en el agua que no aplaca la sed, en la bruma.

La llaga postrera no basta para alcanzarle
con esta sensación infinita de negrura
que lleva sin brida canto y duelo en la montura
al horizonte de un verso que en sus ojos late.

La niña-rota dilapidada por la vida
La niña-espejo donde destila nuestra imagen
La niña-mujer entre unas garras de barbarie
La Flor del Desierto que desangra nuestra risa.


La mercenaria

Supongamos que intento una aventura peligrosa
que la Antártida balancea su hielo sobre mi cabeza
                                   a punto de reventar entre escorpiones.
Supongamos
que recreo los paisajes tibios de la despedida
sin hacer otra cosa que mirar a los ojos del futuro.
…Y es que me reciclo en las orgías esteparias
que recomiendo no beberse el Amazonas
ni estos versos:
son las gotas cabizbajas del desastre.
Pero supongamos que Cuba es la suela de mi zapato
la guitarra plañidera de mis bienes terrenales
donde abunda la arcilla y el recuerdo.
¡Ah
si pudiera arrinconarla en el olvido!


Sonidos
Las piedras se resisten al destiempo
tropiezan con la música silenciosa de las almas
mientras contemplo la ciudad rota
ante las voces plañideras.
Mi demencia se columpia
entre los ecos del ángel fornicador
que intenta prevenirme del sofoco
y de los manantiales de estiércol.
Por suerte
otra vez mi almohada
conserva sus notas
                                      y la fuga.


Antiplegaria de un suspiro en medio de la nada
Padre nuestro que estás en la tierra
humanizado sea tu nombre
humanizada sea tu oreja
y pecadora mi palabra si quieres aplacar esta ira.
Regálame un arcoíris con las pieles del sueño
una caricia hecha de estrella.
Entre tú y yo transita un ángel vestido de orgía
tan mudo como el silencio
cuando voy cargando la casa del mundo
sobre una parapléjica hormiga.
Estoy en el maullido de las siluetas.
Soy la cáscara del indio y del negro
del musulmán y el judío.
Soy raquítico panfleto de las virtudes.
Soy la puta el marica el mendigo el suicida
el antipoeta con su escafandra rota.
Soy el mantero y alquimista
el refugiado y otoño
la censura mordaz de mi autocensura.
Soy el toro la rana el vegetal oblicuo y tuerto de los dos ojos
y no acepto que la muerte se ensañe con las olas.
Padre nuestro que estás en la tierra
quiero cortarme la lengua en mil pedazos
que hablen por mil bocas a la vez.


Marlene Denis es delegada regional en Cataluña de la Unión Nacional de Escritores de España.