Olga Ruiz Trinidad, poema

Se busca

Siendo libre estaba en todas partes: 
me daba los buenos días en la cama, 
me esperaba para el café siempre,
me presentaba pasillos y amigos,

me observaba atónito en el baño,
riéndose de mi cabeza mal peinada.

A mediodía, cuando volvía del trabajo,
expulsaba mis demonios con una sonrisa.

A veces se sentaba en el sofá,
miraba por la ventana,
saludaba feliz a los turistas
y se rascaba la oreja
en un enfermizo gesto.
Totalmente hipnotizado
dormía al sol sin gafas.

Jamás le escuché llorar.
Me bastaba su contacto.
Nunca hizo nada extraordinario:
no estudió ninguna carrera,
no construyó hoteles,
no crió hijos, ni escribió libros
ni siquiera sabía limpiar.
Solo comía, dormía y era paciente.

Pero hace un mes se fue.
Y yo me puse el vestido negro 
de los desastres septentrionales 
y me lie a poner carteles por todas partes.
Le he pedido a la luna que haga algo 
y no contesta.
Nadie contesta en realidad.

Hace un mes,  salió a la calle 
por primera y última vez.
Nunca volvió.
Por favor, si lo encuentran
díganle que cuesta la noche, 
duele sin la presencia de sus ojos gatunos.

Es negro y huele a limón.