María Luz Reyes Muñiz, poemas

Bajamar

Los mares de mi rutina

están en tempestad

cuando se calmen sus aguas

volverán mis pasos a tú orilla.

Como un péndulo asomas y te vas

me abrigas me desnudas

confiada y vulnerable,

sintiéndome leña en el cobertizo,

esperando un invierno venidero

sí quieres te digo la verdad…

no estoy acostumbrada a esperar

me abordan dudas,

me tomo la urgencia a bocanadas

llenando el pulmón y las ansias.

Rebosante de miedos

a mí misma me conmuevo

todo rato se prolonga se transforma,

en la historia que toca vivir.

Mejor aprender a remar

que nadar en la derrota.


Poema de princesas

Decidme lo bello que es,

que estoy ciega

por el rayo de un recuerdo

que atravesó el  tiempo de espera,

de poderlo conocer.

Lo saben los sabios

lo saben los necios

que te tengo eterno,

al paso del tiempo.

El hilo sin refuerzo se rompió,

derramando las cuentas por deseos,

que yo te esperaré

por los siglos, de los siglos

doy fe. Está escrito en mi cuento.

Vestida de novia te espero,

para hacerte sentir

unicornio de mis sueños

caballero de mi reino.


Una tarde contigo

El laberinto lleva tu nombre

la escalera de caracol,

a tus pies se expone

eres enigma, el soporte.

Viajas a través del tiempo

mientras cruzas la puerta,

me traes, me llevas, te adentras.

Tan sencillo y delicado

tan grandioso y aquietado

sacaste de paseo los miedos

les compraste caramelos y helado.


Un poco de todo

Un dedal de coincidencia,

que yo también cosí alguna prenda.

¡Caracoles! en la cazuela

que no, con signo de exclamación

en algún verso de poema.

Casi, que llegó a rendirme

por palabras hermanas,

cogí la pluma,

las hice primas, las hice rimas.

Las botas usadas trazaron camino

detrás de una bandada

de pájaros volaban

construyendo destino.

Los sonidos del viento

entonan en el oído,

canciones de amor y fango

desafina alguna nota de pena,

y nace un tango.

Anda súbete al pajar,

que encontremos la aguja

que ayudados del dedal

con el que comenzamos,

remendemos lo que no nos gusta

de la vida, que nos han prestado.


Historias cotidianas

Siempre tan enredados

en el asfalto, el trabajo,

en las prisas, en lo abstracto

con  la cara dura de robarle

el permiso a la vida.

El orden y el desorden, depende de ti

tan solo tienes que decidir,

donde me colocas a mí.

No pienses, descarga tu mente,

baila la música que sientes,

déjate llevar, devora ese mal humor

que fácil sería, dar pasos en la tierra

con la ingravidez de la luna.

Infinitas bocas entreabierta, entregadas

los pasos de una paloma,

sobre las piedras de cualquier plaza.

La lluvia que cae, se alía con las luces

y a cualquier ciudad

le saca todo su brillo y exquisitez,

los secretos, los deseos innombrables,

las cosas sin pasión y el miedo a perder.

Pero… tú sabes que habrá más océano

después del horizonte.


María Luz Reyes Muñiz es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.