Pedro Antonio Martínez Robles, poema


La dicha de amarse

Nos queda la noche para estar solos.

No cierres la ventana, deja que entren

los ruidos de la luna y las cigarras,

el olor de la hierba en el jardín,

la vieja melodía

del agua resbalando en su quijero.

Escucha conmigo el rumor del mundo,

y así, si alguna vez la desmemoria

llegara a arrebatarnos este instante,

tan solo con abrir una ventana

a la luz de la luna,

al agua de la noche o a las cigarras

que apuran su canción en estos días

milagrosos y ardientes del verano,

sabríamos sin duda que fue cierto

este intenso latir de nuestros pulsos

y que juntos vivimos esta dicha

de amar y ser amados, aunque entonces

seamos incapaces de acordarnos.

(Del libro “Tu voz, que ahora importa”)