Juan Francisco Díaz Navarro, poemas

El horizonte

Miro el horizonte,

Y solo veo un largo camino.

Nada me indica,

Cuál será mi destino.

No encuentro señales,

Que me indiquen el final.

Mi vista no alcanza,

A encontrar nuevas vidas.

Ni arboles ni plantas,

Me acompañan al pasar.

Un pájaro sobrevuela,

Un cielo infinito.

Vacio de todo,

Nada más observo volar.

Mis ojos no ven,

El azul de ese cielo.

Mis pasos caminan,

Sin saber el final.

Y me encuentro como un niño,

Que se encuentra perdido,

Ante el tramo de curvas,

Que voy a tomar.

La vida es un callejón con salida.

Un principio que lleva,

A un desconocido final.


Ni blanco, ni negro

No me resigno a las críticas mordaces,

De las personas, que no me conocen.

A las injusticias evitables,

Y a las palabras soeces.

No me resigno,

Al transcurrir rápido del tiempo,

Ni a las esperas prolongadas.

A que las cosas hoy sean blancas,

Mañana, negras y acabadas.

No me resigno,

A las verdades de lata,

Ni a las mentiras dañinas.

Al daño, que se provoca por placer,

Ni a hacer el bien como regla de tres.

No soy,

Ni un ángel, ni un demonio,

Ni listo, ni tonto,

Ni bueno, ni malo.

No me resigno,

A los engaños convertidos en verdades,

A las luchas transformadas en ideales,

Al amor convertido en intereses.

A buscar en el papel,

Las diferencias.

A no estar nunca conforme,

Con lo que no se tiene.

La rebeldía no tiene porque ser locura,

Ni la obediencia un papel en blanco.

La vida es tan difícil como nosotros queramos,

Y por eso no soy,

Ni mejor, ni peor que nadie.

La inteligencia está sobrevalorada,

Lo demuestran las tontunas del día a día.

Solo soy uno más entre las demás personas,

Buscando un sentido a las cosas.

Para entender que cuando se va el sol,

No siempre sale la luna.

Que no hay nada escrito con todas sus letras.

Los espacios en blanco,

Los llenamos siempre nosotros.

Y es que lo blanco también puede ser negro.

Y lo malo darnos un impulso,

Para volver a alzar el vuelo.