Juan Calderón Matador, poema


Pasen y sean

Tengo un mar interior

con aguas putrefactas

que no supieron encontrar

el cauce de mis ojos,

un mar que  tomó forma

en las horas tempranas

del alba de mi vida,

unas aguas que desbordan dolor

y ulceran mi recuerdo.

 

Yo andaba por las calles,

como todos,

me asomaba al abismo de los libros,

como todos,

me bañaba en el río de los juegos,

como todos,

hurgaba entre los velos del futuro,

como todos,

pero no amaba como todos,

una osadía imperdonable

que me hizo prisionero

en aquel zoo humano

que estaba tan de moda por entonces.

 

A veces no es preciso

estar entre barrotes

para sentirse dentro de la jaula,

para notar la burla que te busca

como un escupitajo,

mientras los altavoces cacarean:

“Pasen y sean

               testigos,

                           señoras y señores,

de la gran insolencia de este humano

que tiene el corazón en rebeldía.”