Francisco José Motos, poema

La esperanza es nuestro destino

La mañana se hizo humo de eternidad

Los instantes fecundos acogieron el desvarío

La figura difusa del hidalgo recortó el horizonte

Y los caballeros temblaron con frenesí

 

Gritó a los molinos como un poseso

Leyó en sus piedras un salmo antiguo

Los locos se volvieron cuerdos al escucharlo

Y danzaron con los gigantes que fueron hombres

 

Los rayos de la espada roma brillaron con fulgor

Sancho bailó con furia como si no hubiera un mañana

Dulcinea apareció en lontananza para alegrar la fiesta

Y las ínsulas fueron todas de ellos y al mismo tiempo

 

Los caballeros se agitaron en sus reposos etéreos

La generosidad vestida de hidalguía se hizo fuerte

Los débiles fueron cobijados bajo su amparo

Y el campo se vistió de esperanza y primavera.