Albertina Reinón, poema

Será que soy mayor, quizás los tiempos que vivimos, puede ser que me fijo más en estas cosas de la vida, pero es rara la semana el mes o el día que no llegan tristes noticias a mi oído

Huéspedes de la memoria

Cada día se van yendo mis amigos,
conocidos, paisanos, compañeros;
personas que formaron
parte de mi vida,
como arrastrados por el viento
de un otoño sin lluvias.

Y aquí  yo… triste quedo, pensativa,
en la brevedad de un tiempo incierto;
indómito, irrefrenable
por lo inesperado de la huida.

Quedaron en mi memoria
como huéspedes, entre lo real 
y lo soñado
entre lo tangible y lo etéreo;
donde  la luz y la oscuridad
se decantan, en una niebla seca
por la falta de lágrimas.

No quedan lágrimas para lavar
el polvo del camino andado,
y van aflorando a la memoria
personas que pasaron como sombras,
que fueron, que amaron, que vivieron.
Hoy ya no son
aunque dejaron huella en mí ,
no estoy segura
a ciencia cierta, si existieron.

Quizás fueron creados
en un estado febril de desconcierto
de engañosa consciencia,
quedando colgados de un hilo
en mi memoria.

Surgen palabras cual eco repetido
y el sudor emana de mi cuerpo;
y siento frío y me cobijo
bajo el fantasma de la duda incierta.

Como huéspedes de mi memoria,
quedaron, los que en un tiempo 
pasado me abrazaron, 
me dieron aliento o animaron.
 
Entonces, de improviso
surge el fantasma de la duda,
y en ese vivir, entre el olvido 
y la memoria
aparecen los que ya se fueron;
los que por siempre nos dejaron,
saltando la muralla del tiempo 
y el espacio.
El sabor a tabaco, a café
o a vino, los traen a mi recuerdo
al borde de la noche ,
como  voces, que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.
Fueron en vida mano tibia o techo,
suma de lo ganado y lo perdido.

Así un día, en la barca del  olvido,
de tanta ausencia, abrigarán mi pecho,
quedando su presencia entre nosotros;
huéspedes serán, de nuestra exigua ya memoria
sus hermosos momentos compartidos.