Javier Díaz Gil, poemas

HABLASTE del amor y de una dama

del mar que no cabía en la pupila

de unos labios de acero que se afilan

de sombras escondidas en tu cama.

 

La carne se consume en esta llama

esperando la sombra que vacila

–las palabras no sirven y se apilan–

la luz no es patrimonio del que ama.

 

Ya no hay manos que nazcan de tu piel

sólo importa aquello que no dices:

la boca a la que sabes serle fiel.


El llanto consiguió echar raíces:

se puebla de naufragios el papel.

El poema tendrá tus cicatrices.


Poema de “El mapa de tu cicatrices” (Ed. Lastura, Madrid, 2019)


Yo os convoco


Los dedos que perdieron la memoria.


Mis ojos tanto tiempo

Cerrados.

 

Tierra ávida de tormenta y lluvia.

Sombras que no supieron guarecernos.

Estrellas que ocultaron

El humo y el fracaso.

 

Yo os convoco

Para la nueva vida.

 

Yo os convoco, camino,

mar, los nombres exactos de la carne.

El terrible perfil

De los amaneceres.

Su luz imaginada.

 

Yo os convoco ahora

que la sombra se cubre de amapolas.

 

Venid a fundar juntos

La sangre nueva.

 

Aquí os dejo mi piel.

Es todo cuanto tengo.

 

Una pálida piel

                -su cicatriz-

donde aprender fracasos.



Dentro

 

El silencio se te queda dentro, me dices,

y se te quiebra la voz

como si unas manos diminutas

estrangularan la orilla de los ríos.

 

El silencio de las paredes y los cuerpos

que viste con tus ojos asombrados.

Silencio de madres doloridas.

 

Saber después que fue imposible despedirse,

que el imposible abrazo era 

la más cruel mordedura,

la que no deja huella y tiene

sangre en las pupilas aún abiertas.

 

Cómo sobrevivir a la intemperie,

cómo reconocer el camino de vuelta.

 

Llenar de palabras el silencio

hasta matarlo.

Recordar

para que nadie olvide.


Una grieta en todo

 

Ring the bells that still can ring 

Forget your perfect offering 

There is a crack in everything 

That's how the light gets in. 

 

Leonard Cohen

 

Recuerdo el agua cayendo

desnuda y brutal

en Victoria.

 

Hay una grieta en todo

por donde entra la luz.

 

Aunque todo se pare

y nuestros pies cubiertos

de barro se anclen al camino

hay campanas sonando.

 

Hay campanas sonando

y el agua aún sigue

rugiendo

en las grietas desnudas

de la memoria.

 

El bronce y el sabor de la ceniza

están diciendo tu nombre.

 

Gritan su rebeldía

los pájaros

a nuestro paso.

 

Caminar,

arrojar al fuego 

las viejas botas,

sentir la piel desnuda

sobre la arena.

 

 

Saben las palabras

lo que nuestros ojos olvidan.

 

 

Hielo

 

La lluvia ha deshecho 

la dulce blancura de la nieve.

Lento como se cierran

lentas las heridas del amor

regresa el gris del asfalto.

 

Se resiste a ser agua

-terca cicatriz-

la nieve acumulada en las aceras,

 

su cadáver de hielo.


 

The kid. 1921

 

Es Chaplin huyendo 

por los tejados de la ciudad.

 

Chaplin esquivando golpes,

abrazando a un niño

feliz en su miseria.

 

Es Chaplin abandonado,

        con el frío de fondo

y la injusticia.

 

Apenas sonríe

      su tristeza.

 

 

Me encoge el corazón

 

la mirada de Chaplin

de cien años.



Saskia

 

El pintor del claroscuro

llora la muerte de Saskia.

 

La pintó tantas veces

Una flor entre sus dedos,

su felicidad conyugal.

 

Tenía 29 años.

Era apenas la luz y el ángel 

de su ronda de noche.

 

En la iglesia vieja de Amsterdam,

en el rincón más tenebroso

reposa bajo su lápida.

 

Cada 8 de marzo

a las 8.39 de la mañana

un rayo de luz

ilumina su tumba.

 

En las paredes de los museos

el rostro de Rembrandt emerge 

de la oscuridad de sus retratos.

 

 

Los naufragios invisibles

 

Con la misma medida que midas serás medido

Marcos 4, 21-25

 

 

La medida debe ser exacta.

La cantidad de harina, sal y agua,

de levadura que levantará el pan

y saciará mi hambre.

 

La medida del amor que nos mantiene

en el camino y nos hace crecer

y elevarnos.

 

La cantidad de monedas

que serán trabajo 

y suficientes

para alcanzar la serenidad.

 

El tictac de los números 

que marcan las horas,

los latidos, las veces

que el aire llena y vacía 

mis pulmones.

 

El ritmo exacto de las olas

con que el mar borra

inexorablemente 

mis pasos.

 

La medida debe ser exacta.

 

Pero está el pan y la sal negada, el dolor

que no se cuenta,

las lágrimas sin limite,

la tristeza.

 

Todo lo incontable que sepulta el mar

en los naufragios.

 

Con la misma medida que midas

serás medido.