Poemas de Francisco José Blas Sánchez


Amiga vida

“Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte.”
Miguel Hernández.

Mira la vida pasar
vestida de gala
en la alegre mañana,
vive la Vida su vivir
miles de años a su espalda.
La Vida sonríe
al recibir al alba,
murmullo de niños
jugueteando
en el patio del colegio
en la plaza del pueblo,
más cerca de los niños
deberíamos estar.
Revoloteo canto de pájaros
entre rama y rama
del árbol,
emblema de amor
tallado en su pecho,
cobijo de sombra
ante el caluroso desierto
cobijo,
ante la tormenta
del desamor desértico.
Recreada la mirada
por la belleza de la naturaleza
por la belleza de la vida,
¡qué bella!, vestida
con su ropa nueva,
¡qué guapa!
Vive la Vida,
Vive y muere sintiendo
¡Viva el regalo de Vida!
Vive la Vida su vida,
La Vida.
En el momento de tempestad
será mi presencia ausente.
Al anochecer demasiados árboles talados
testigos de los besos de los enamorados,
testigos de la vida en su historia.
Los ancianos pasean
en el recreo de su descanso.
Camina el trabajador
con prisa hacia su casa
por un plato de comida
y minutos descansados de letargo.
Un llanto,
una sonrisa,
otro niño bienvenido al mundo.
Todos juntos caminamos
por el único camino
con único destino,
coincidimos en las calles de la vida
sin hablarnos, distanciados
amándonos,
odiándonos,
todos somos extraños hermanos
de una gran familia,
Vida nuestra madrina.
¡Ay Vida qué prisas!
tantas veces tan dura
y a veces suave
como entre sábanas de seda.
¡Ay Vida qué injusta!
Quisiera ser pintor
modificar tus pinturas negativas
en el lienzo roto
olvidado, arrinconado
tirado en el suelo.
Vida soy más viejo
me queda menos vida,
Vida.
Perdón de Dios
para ti y para mí
Vida,
que la muerte ya la tenemos
vivimos muriendo
y al morir resucitar quiero.


Miguel Hernández en la memoria

En la soledad te encontraste
materializando sentimientos en versos
con influjos de luna.

El viento arrastraba tu aliento
en una España escindida.
No considerabas yerto al amor.

Tu ser epígono
te llevó donde no cesa el sueño.

¿Por qué esa discordia
que acecha al pueblo?

Ausente quieren dejar a la vida,
ausente quieren dejar al amor,
mientras acompaña la muerte
en el silencio hiriente
de una realidad de desazón.

La huerta quedó huérfana
llora la higuera al sol.

Cayó el grano de trigo a la tierra
poemas ecuménicos son fruto,
pasando de manos a manos
generación tras generación.

Miguel, yo te imagino 
en el más alto pináculo
donde jamás el corazón endureció.


El camino del amor en la vida herida

Suena una bonita canción de amor,
me acuerdo de ti.
Mucho más amable el día,
en la oscuridad
el mal tiene más libertad.
Camino por la vida herida:
es muy bella, coqueta, un preciado tesoro, divina,
dura, amarga, mentirosa, desdichada, diabólica,
es la fruta del bien y del mal:
nos la llevamos a la boca.
Te amo,
te odio,
más tarde te perdono.
Caminamos el amor y yo por la vida.
Me asesinarás por el anhelo
y la huida por intentar cogerlo
al verme tan solo ante la realidad de tanto hielo.
Caminamos el amor y yo por el mundo con una gran herida.
Estoy cansado de caminar.
Triste canción de amor en la oscuridad.
Tú no estás,
sin tu sencilla mirada,
me encanta escuchar tu tono de voz
que me llega al corazón,
tu sonrisa de traviesa niña.
Hay un camino, estoy yo, y el amor.
Hay una vida, tú y una herida.


Integración

Este páramo presente
de mentiras cosechadas,
que no siegue la paciencia sembrada.

En el momento tempero
el dolor olvidado y tirado al humus,

pueda leer en la historia
la tenacidad y heroicidad
de ser simplemente amigos
y que haya la única diferencia
de que no haya diferencia,
sea el paisaje el mismo en su diversidad,
sea el paisanaje el mismo,

esté el hombre enamorado
paz sea su siembra
y como fruto:
hermanos todos
de cualquier etnia.

Abra las puertas el palacio de la sabiduría
a la integración.

La condición 
la impera el dinero.

Dinero a veces diabólico
más valido que cualquier raza y credo.

El poder está en nosotros,
el poder es fraterno
y no lo sabemos.