Poemas de Carlos-Mateo Pérez Llorente


No sé 

No sé si soñé que soñaba 
en un trance de sueño despierto;
no sé si soñé que me amabas
o que tu amor había muerto.
Sólo sé que mi alma se helaba
entre un  extraño desconcierto;
y que mi pensamiento volaba
entre lo cierto y lo incierto.
Y, en el sueño, te alejabas
y volvías... ¡Oh! ¡Qué sueño!


Diosa

Encantadora y lozana mujer,
cual divina diosa te encuentras
y grácil y rítmico movimiento
tus anchas caderas llevan 
cuando suena alegre la música
con marcados perfiles de fiesta. 
¡Están las curvas definiendo
tu capacidad materna!
Con voluptuosidad te contoneas
cuando la orquesta suena
envolviendo tu encantador halo
la vida dichosa en la Tierra.
Diosa,  
mujer que prodigas caricias de seda;
mujer que sutiles caricias esperas;
mujer de ternura infinita plena:
En ti, mujer, la paz se encuentra
y surges, como de la plácida mar
surgen  encantadoras sirenas.
Diosa, 
mujer de sublime presencia y belleza,
misterio y prodigio de la naturaleza;
en ti el milagro de la vida se engendra
cuando feliz el amor te fecunda,
como el grano se fecunda en la tierra.
Y gestarás nuevo ser, en tu vientre,
amando siempre con sufrida espera.
Diosa, 
mujer, ternura, madre, esposa,
vida, amor, brisa, primavera…
Mujer, que protegiendo a tu prole,
te convertirás en terrible fiera.
Heroína, por tus hijos la vida dieras,
despreciando eventuales peligros 
y viviendo grandes quimeras…
Diosa, mujer,
En ti…Solo en ti… 
¡Cuánta grandeza!


Heridas

Me clavaron por la espalda los cuchillos
del rencor,  de los celos y de la envidia
y, por dentro, sentí brotar la sangre
de mi alma dolorida.
Me dolí y me dolió tan profunda herida.
 Nada pude hacer, ni lo intenté,
solo estoicamente aguantarme,
sin pronunciar un solo grito,
sin ninguna queja;  en silencio,
con amargura, desgarrado por dentro;
asomándose también por fuera
lo que serían sentimientos;
y, estando a su lomo subido,
extrañamente lo sentí a cuestas;
pero sin perder nunca la esperanza,
-aunque pareciera una quimera -
pensando  que la justicia divina actuaría;
porque la humana, con tantos recovecos,
perversamente, a veces, se extravía
bifurcándose por los cruces del tiempo
y canales de componendas y arreglos…

Como los perros lamen, yo lamí.
Me lamí las heridas y me cicatrizaron.
Me cicatricé;
pero el recuerdo quedó anclado.
Y algo de improviso  se iluminó en mí.
Me iluminé.
Fue una especie de relámpago
y surgió una preguntada inesperada,
aunque acaso esperada:
¿Algún día olvidaré?
No pude contestar ¡No contesté! 


Rebelión interna

Hay eventos capaces de crear impotencia y rebeldía interior cuando los sentimientos tienen que convivir con hechos sobrevenidos, de aceptación ineludible, que escapan a nuestro dominio y control.

Oigo ya, impávido, el sonido

de ecos silbantes a mi encuentro,

en oscura y brumosa noche sin luna,

que oculta a la vista el firmamento.

Me quedo ensimismado y absorto

y, en silencio, sinceramente pienso:

qué temporal y efímero es todo,

en un instante, en un momento,

cuantas cosas pasan-o no pasan-

para más grande desconcierto

¡Cuántas reflexiones sacuden

y atormentan el pensamiento!

¡Ah! ¡Si las sucesos ocurrieran

como yo quisiera en sueños!

¡Ya no habrían  penas viviendo

en el transcurso del tiempo!

¡Qué incapacidad! ¡Qué impotencia!

¡Qué impotencia tan grande siento!

La rebeldía me domina, me embriaga,

 me tiraniza y me oprime por dentro.

¡Maldita impotencia indómita!

 La siento letal y tóxica cual veneno

que horada y mata el alma,

aunque no mate el cuerpo;

que obliga a ser neutral y pasivo

cuando quisieras movimiento

y deseas remedios y soluciones

estando inmune y libre de riesgos.

Por eso me ciega y me espanta

el puñal que horada y, sangriento,

desgarra infeliz y mísero la garganta...

¡Cuánta  crueldad y sufrimiento!

¡Si se pudiera en la vida evitar

que no sólo fueran lamentos

ni quejas los gritos ahogados

de rebeldía y desconcierto!

Y sólo existiera alegría y dicha,

paz, amor,  felicidad y contento,

ternura, luminosidad, esplendor

y brisas, sin huracanados vientos.

Pero, en mis soledades internas,

el eco resuena sus tristes lamentos

de penas que fueron sembradas

al brutal azar de crecidos vientos.

¡Es infortunio y es  impotencia

 lo que atenaza por dentro!

Es la desdicha, que rinde los frutos

más amargos, crueles y espesos…

No quiero aceptarlo. No lo acepto.

¡Me rebelo! ¡Es indudable! ¡Discrepo!

¿Pero qué hacer ante las fuerzas invisibles

que vilmente azotan y masacran el cerebro?

¿Qué hacer cuando arrecia

-imparable, feroz, cruel y violento-

la espiral de torbellinos mundanos

de malestares, dolores y  sufrimientos?

Un chillido desgarrado y bronco

nace al compás de los hechos;

es un grito que, apagándose

y sordo, hace mutis diciendo:

¡Callad!... ¡Silencio! ¡Silencio!


Escondido

No parece posible, con los conocimientos actuales, poder desvelar los misterios esotéricos del intangible humano, aunque parece haber ciertos indicios de cohabitación inmaterial en nuestro organismo.

Oculto en el cerebro se encuentra

aquello que nos hace personas;

aquello que habita en nosotros

hasta que el cuerpo abandona;

hasta que un día plácido levita

para flotar ingrávido en la nada

el invisible espíritu que tiene,

en su continente incorpóreo, alma.

Aquello que trasciende el éter,

aquello que siente y que ama;

aquello que no puede entenderse

con explicaciones racionales claras…

Que hay nubes que no despejan;

que hay nubes anquilosadas

que interceptan y escapan a la visión

de la etérea e inmaterial sustancia;

de lo que se quisiera poder ver,

pero la perspectiva no alcanza;

de lo que se quisiera poder saber

y la sabiduría también falla,

pero hemos de creer que hay fuego

cuando algo quema o abrasa

aunque sea imposible que se vea

… ¡El resplandor de las llamas! 



Ensoñación

Los sueños son capaces de imaginar, crear y hacer vivir todo tipo de fantasías, vivencias, ideales, e incluso esotéricos fantasmas que yacen acurrucados en algún rincón del cerebro.

Ensueños que despliegan sus alas
y lucen en las noches de estrellas
al compás sereno de brisas y auras
y gemidos de violines y guitarras
bajo la dorada  túnica  de la luna llena.
Del temporal violento - ya adormecido -
hay marchitas ondas en la ribera,
abundantes algas y colchones tupidos
meciendo residuos de allende venidos,
que se integran pacíficos en las arenas.
Metales preciosos de aristas sutiles,
destellan flameantes su brillo y su haz;
y formas etéreas, con desdibujados perfiles,
encauzan el rumbo por perennes carriles
que conducen a la dicha, al goce y la paz.
Pasiones y ansias se encuentran serenas;
el bienestar  colma, realiza, atempera
exquisita existencia de ilusiones llena,
igual que nace florida la primavera:
Sin agobios, sin odios, sin llantos ¡Sin penas!
Todo está despejado, diáfano, transparente;
y el esplendor refulge y brilla placentero…
Rostros con gestos y aires sonrientes,
impregnados de dicha y de amores ardientes,
en un embelesamiento de alcance duradero…
Y aquellos que se fueron sin  regreso
y que de amor colmaron nuestras vidas
¡Los veo! Están presentes en el gran universo,
¡No están solos!  Están todos y están inmersos
en brillante desfile de estrellas prendidas.
Caminos de pétalos y arcos triunfales;
nenúfares flotando en lago dormido;
capullos abriendo de inmensos rosales;
susurros de cantos y de madrigales
sintiendo el aliento de los seres queridos.
Arco iris de fugaces y bellos colores
brindando con copas de néctares plenas
y cubriendo el cielo con mantos de flores
y con cantos y trinos de ruiseñores
en noche clara y tranquila, de luna llena.
¡Qué inmenso y elocuente concierto
de formas y de luces y belleza sin par!
Todo discurre por espacios abiertos,
entre matices de agua y de plata cubiertos;
y de cielo y de dicha y de hogar.
Briosos corceles galopando sin bridas
por infinitos campos de mies dorada,
y amapolas silvestres, de belleza henchidas,
como perenne ofrenda a la libertad y la vida
en mágica y fantástica noche embrujada.
Saturados y embriagados los sentidos
se proyectan raudos al espacio sideral;
y veo tus ojos verdes, en donde han nacido
luceros radiantes,  llenando de luz mi ideal,
mi alma, mi senda y  plácidos días  vividos.
Caricias de seda, de brisa y de labios,
de horizontes serenos, de lluvia y de mar;
sin ira, enojos, molestias ni agravios,
pues sólo un chillido oigo en el escenario:
Es el grito divino de  ¡Amar, amar y amar!...
¡Cómo se acrecientan las sensaciones y el encanto!
¡Cómo emergen súbitas  emociones escondidas!
¿Cómo puede surgir en un momento tanto?
¿Qué se ocultará bajo el celestial manto
y cuantas esperanzas estarán dormidas?
Afloran preguntas y surgen visiones,
que nacen y brotan con fuerza y vigor;
como un solo hito de largas procesiones,
de grandes deseos, bellezas y emociones
¡Que expanden diáfanos su esplendor!
Se suceden de los arpegios los sonidos
de melódicas notas de musical fantasía;
y sigo soñando, acurrucado y dormido,
gratificando los sueños mis cinco sentidos,
con la cadencia eurítmica de melodías…
Nada es estridente. Todo está acompasado.
Estelas celestes formando figuras
repletas de espuma y brillo dorado,
que  contemplo gozoso y ensimismado
por el gran espectáculo de su blancura.
Contemplo en lo humano la figura
de  nobleza, de honra y decencia,
con tal genio, sensibilidad y ternura
que es un sentimiento de dulce locura:
¡Impedir injusticias! ¡Eliminar la indigencia!
Que no se oculte nada en la apariencia;
que no subyaga en la pureza lo podrido;
que nunca gane lo culpable a la inocencia;
y haya auténtica y tranquila convivencia
¡Sin que nadie se sienta preterido!
Y brotan preguntas en secuencia infinita,
mientras mezo mis sueños-en el tiempo inconexos-
y el alma se llena, se crece y palpita,
al compás que el cerebro imagina y medita
¡Qué paradoja! ¿Dónde está el nexo?
El brillo del oro y la púrpura saliendo
con esplendidos colores vivos y relucientes;
y tonalidades de plata y mar emergiendo
de nubes negras que estaban cubriendo
el dulce sosiego de los alicientes.
¡Me quedo contigo! ¡Me uno! ¡Me adhiero!
¡Seguid flotando en mis pensamientos!
¡Seguid expresando amor sincero!
¡Seguid caminando con pasos certeros!
¡Seguid soplando brisas sin viento!
Saciad el espíritu de paz y de amor,
de vivencias felices y de inmensa ilusión,
de colores y de luces de gran resplandor…
¡Quedaos, sueños, a mi alrededor!
¡Quedaos, sueños! ¡Aunque seáis ficción!


Nebulosa

Nebulosa densa y continua
flota ingrávida y saturada,
en espacio cargado de ansias;
y yacen indefensas,
pues están desarmadas,
a merced silenciosa de sutiles rachas
que soplan taciturnas, muy tenues,
casi cansadas...

Confusiones surgidas de brumas extrañas
invaden silentes una luz que se inflama,
tornando el fulgor de noche estrellada,
en visión borrosa de figuras opacas, 
instaurando cruel desolación 
en el fondo de mi alma.

Silencios, siluetas y sombras
-que no dicen nada-
permanecen estremecidas
y coexisten dominadas
por un genuino influjo,
que prende y atrapa
con poder, resistencia 
¡y con brío y con garra!

Visiones de espíritus
están proyectadas
en pantalla que envuelve
cristalinas ánimas
en el universo dormido
de palabras calladas...

¡No me nubléis míseros fantasmas!
¡Que quiero ver imágenes diáfanas!
Perfiles nítidos de figuras claras,
de color natural, impolutas,
¡sin máculas!

Luminosidad hermosa
de hermosa mañana;
mar irisado por luces del alba;
sin bruma que encubra 
el resplandor de la llama,
ni confundan sus nieblas siluetas que nazcan
del caos que confluye en la encrucijada
de caminos cerrados sin razón y sin causa.

¡Pesadilla!:

Despierta al rumor de alegre mañana,
que el sol crepuscular ya asoma

 ¡Es el alba!

Los pájaros ya trinan y ya cantan
con jubilosa alegría y con esperanza
fluyendo la vida por sus gargantas
al recibir el céfiro de la madrugada.

Pétalos de flores, de olor saturadas
e intensas caricias de ráfagas
con destellos de luna 
- blanca y dorada-
y ríos llevando agua que mana
de cúspides - antes nevadas -
discurriendo muy frescas 
desde altas montañas…

 Así se avista, desde la distancia,
 un insólito y bello paisaje
 en visión panorámica:

Ya ondea la flamante bandera,
de colores rojo y gualda,
símbolo de las nobles tierras
de mi nación: ¡España!;
y cielo y mar, azules y serenos,
en esta, mi querida Patria, 
de horizontes diáfanos, 
puros y límpidos 
¡Como patenas sagradas!