Poemas de Isabel Martín Salinas


A un promotor inmobiliario

(Sátira)

Promotor que enladrillas las Españas
y en los suelos, ya rústicos, ya urbanos,
siembras con las licencias que te apañas
de ladrillos los montes y los llanos;
inmensa boca que todo lo engulle
-ancha es Castilla en huertas y secanos-,
voraz excavadora que destruye,
por mor de la codicia de sus manos;
adulador de ediles a porfía,
en busca de recalificaciones,
gran untador de toda ideología,
abonan tu terreno comisiones;
nuevo señor que planta sus pendones
acotando la tierra que cohecha,
el belicoso ardor de tus talones
rinde el centro, la izquierda y la derecha:
en valle, en monte, en playa, ni en ribera,
no hay tierra que se escape a tu guadaña,
que a golpe de ladrillos y chequera
has parcelado el corazón de España.

Poemas para un minuto, Editorial Hipálage, 2007.



Yo anduve con el mundo en mi regazo

Yo anduve con el mundo en mi regazo,
con su infinita sed
de calles y caricias.
Una llama y un nombre
me quemaban los labios.
Unos brazos prohibidos
que oscuramente quise.

(A ráfagas tu nombre, Ediciones Torremozas, 2014).



La negra arquitectura

La negra arquitectura
que promete la tarde
–un juramento de dolor y nieve–
desciende mientras miro
mi sombra hacerse noche.


Rick

Envuelto en melancólicas volutas,
te encomiendas  al vaso en cuyo fondo,
empapado en alcohol, late el recuerdo
de un París acechado de crepúsculos.
Casablanca no existe.
En el fondo del vaso
queda siempre París.
Ilsa, París,  As time goes by
giran en el alcohol de un vaso absorto
del que perpetuamente bebes su recuerdo.

Generación Aljarafe. Antología poética, 2017.



Castillo almenado

Busco en tus almenas la fragancia
perdida 
de antiguas y olvidadas primaveras.
Sueño con tus fuentes cristalinas
y quiero 
en sus aguas renacer a la inocencia.
Velo la penumbra en tus ventanas
tejiendo
guirnaldas de esperanza, tiempo y brisa. 
He dejado en el camino mis canciones:
la noche, inexpugnable,
me cerca  de nostalgia.
Vengo suplicante a tus murallas; 
traigo arena del desierto en mi cabello.
Ábreme la puerta, centinela;
queda atrás cuanto amé: 
dispersos están
mis amores como las estrellas.

Favor del viento. Poemario inédito.