Poemas de Rosa Rodríguez Núñez


El baúl

Un homenaje a la magia de los viernes cuando nos alcanza la madrugada.
Un beso.

…Y no fue la luna que nos mirara
ni el humo que nublara nuestros ojos,
ni la música que nos transportara
a un jardín idílico…
Era nuestro ánimo.
Aquel momento inquietante y nervioso,
aquel sutil hechizo de las cartas,
aquel recorrido por nuestras vidas
desnudándonos desde las entrañas
dejándonos libres…
Ese baúl con aroma a café
con gotas de alcohol, inspiró los versos
más frescos e ingenuos.
Ese baúl raído nos atrajo,
-viejo baúl mágico-.
Baúl de viajantes y de piratas,
de olvidados genios…
esa noche fuiste nuestro equipaje
irreal y azul.
Te cargamos de palabras nacidas
de una madrugada.

En Móstoles, a  28 de marzo de 2011.


Agua

Agua de lluvia, agua del deshielo,
agua de los desprecios…pero dame
agua. Quiero mojar mi piel quemada;
que mi boca sofoque la sequía
violenta que tus manos me dispensan.
Ofréceme la gota que silencie
tu velada bondad en el cristal.
No derrames las lágrimas perjuras
al mirarme a los ojos con virtud.
Vacía  los  bolsillos de avaricias
y riega los jardines de mis tierras
humildes que descubran las riquezas
de aquel dios generoso que olvidó
mitigar nuestros vivos corazones.
Agua de lluvia, agua del deshielo,
agua de los desprecios…agua, agua.


A cuchillo

No lo he soñado,  no pertenezco a este mundo.
Me muevo entre sombras de una calle que desconozco.
Un muro electrizado me bloquea.
Mi peso ya no es ligero
y las moscas  me molestan con su asqueroso revoloteo.
Todo es inanimado, de piedra y del revés.
Necesito pisar los bordes  y no dejar márgenes
en las páginas que nunca escribiré.
Pero todo es soportable, hasta la soledad 
que entra sin hacer ruido.
Asumo esta carga sin pensar que sea locura.
¡Qué prodigio vivir en la ingenuidad,
ser  estúpido y tragar las migajas que te arrojan…!
pero ser idiota no me seduce
aunque los locos, posiblemente, sean más dichosos
tumbados en el sillón de batas blancas.
Sufro lágrimas de condenado a muerte
y no deseo a nadie con quien hablar
porque  mi puerta es un cuchillo que afila las palabras.