Poemas de Marielo Bonet



Abrazando la nada

Hoy mi boca, sabe a muerte.
Siento asco y repulsión
de mi propio ser descompuesto.
Olvidados quedaron los días
que de mis labios bebías.
Olvidadas las risas.

Hoy mis ojos, están ciegos.
Pozos sin fondo. Oscuridad,
donde adivinar no podrán
las lágrimas vertidas.
Ni el temor a dejar de verte.
Olvidadas las sonrisas.

Hoy mis brazos, están cruzados
abrazando la nada.
Una música dulce al fondo
entre nubes y luz blanquecina,
me hacen flotar sin cuerpo.

Y tengo miedo...
¡Mucho miedo!
Despierte, ¡Despierte, señora!
que ya le hemos sacado la muela.
¡Uff!! ¡Qué susto!... ¡Creí que me moría!



Llovieron caricias

Más de mil veces quiso morirse.
Decir que tenia mojada hasta el alma,
seria creer, qué algo seco le quedaba.

No tenía un mal resguardo. Era la nada.
Tiritaba con espasmos sumergido
medio cuerpo en sucias aguas.

No había salida. Solo la muerte
esa noche lo esperaba.
En el último latido, recordó a su ama.

Llovieron caricias y tontas gracias.
Requiebros y jolgorio. Cantos y celadas
por dentro y fuera de la casa.

Decir que el sol los iluminaba
seria tontería vana. Eso hacia siempre
cuando juntos los pillaba.

Recordó su cálida manta. Y lloro.
Recordó sus abrazos. Y lloro.
Recordó sus te quiero, y murió.

Abrió los ojos con sorpresa,
con las orejas escuchando alerta.
A gritos sin agravio, su ama lo reclamaba.

Su manta era de flores y las olió.
Mordisqueo los brotes y los destrozo.
Hizo un quiebro y se revolcó.

En abrazo se fundieron tal mantequilla
en bocadillo,puesto en asadora con jamón.
Y se comieron sin hartarse, qué es lo mejor.

Ahora, están volando juntos. Los veo
correr a mi encuentro en este día
que siento…,escapárseme la vida.



La esfinge

Permanece el gesto, con el que el cincel la hirió.
Los brazos alzados ,piden  clemencia.
Qué nunca pidió.

Los años lentos pasan. Las aves, vuelven.
La lluvia borra las lágrimas.
Qué nunca lloro.

A veces, aparece como arte de magia
un poeta llorón, enamorado de la piedra.
Qué nunca murió .

Imagina historias de valerosos caballeros.
Princesas, duendecillos y diablos.
Qué nunca vivió.

Acaricia sus formas con adoración,
deteniéndose en un  pecho perfecto.
Qué nunca latio .

Pasa la mano por sus mejillas
y acercándose ,bebé de unos  labios.
Qué nunca bebió.

Cubre con su viejo abrigo el cuerpo
frio y  desnudo, que propio sintió.
Qué nunca lo amo .

Las  huellas se pierden en la umbría
del parque. Y allí, inalterable perduran,
como la esfinge, los sueños de un escritor.



Siento el frío del invierno

Frente al fuego que ilumina tu silencio 
siento el frio del invierno. 
Cierro los ojos. Alargó las manos ciegas.
Y cada día, me acerco al hogar, buscándote.

Soy esa brasa...Soy la ceniza del incendio. 
Una triste mancha en la pared 
contando historias sin final feliz. 
Te busco y no estas. Solo silencio. 

Muevo tu mecedora. Te arreglo el cojín. 
Huelo la manta que tejiste y entre risas 
me dijiste, que era para mí, 
para que no pasará frio cuando fuera viejo. 

Me cubro con ella y huérfano de afecto, 
como un paria, en la tierra que piso, 
camino descalzo por el jardín 
donde las flores contigo han muerto. 

Llego el invierno y aún era primavera. 
Sin ti, soy viejo. Me pesa tu silencio. 
Sin tu risa. ..me duele el pecho. 
Y cada vez que respiro. .te siento.



Llévate, por sugerirte

Llévate, por sugerirte,
aquel pañuelito blanco
con las marcas de tus labios,
que de tu boca limpie
al comer las moras verdes.

Esta dentro del bolsillo
del traje gris. Arriba. Derecha.
Llévate, los zapatos que guarde,
cuando nos atacaron los besos
y caímos riendo al río.

Esos, están envueltos bien.
En el altillo, izquierda.
Ten cuidado al cogerlos,
pues se pueden deshacer
las flores, con que vestí tu pie

Llévate, por sugerirte,
el camisoncito rojo trasparente
que un día, como poseso,
a mordiscos destroce.
mientras morías de risa.

Y luego, de dulce placer.
Esta en mi escritorio.
Bajo, al fondo. No por nada,
pero me da apuro explicar
como ha ido ahí a caer.

Llévate, el perfume que usas.
Esas gotitas de Chanel.
Con dos dedos te tocas la sien.
Luego, detrás de las  orejas.
En el cuello, un poco también.

Y sigues bajando...
Donde se juntan tus pechos,
nunca olvidas de poner.
Y sigues bajando...
Ahí es, cuando me tengo que volver.

Tengo más cosas guardadas
¿Pero para qué ? Haz lo que quieras
Tíralas todas o quémalas.
¿Escuchas las campanas, mi amor?
Están tocando a muerto.
Hoy me entierran a las tres.