Niña y el tiempo


Poema de Beatriz Belinchón

Tu Dios no te ha olvidado.
Reina en abismos celestes.
¡Agreste niña, no prestes
tus ondas al huracán airado!

Te sé huérfana de amores
y te paseas por los muelles,
por las ventanas y, cuando llueve,
llueven en ti mil corazones.

Te paseas por la dicha
de un día de abril, piropeado.
Ahíta de sol, el sol anclado
a tu carita de luz, por ti se agita.

Por ti requiebra, y llueve, y llueve…
¿Será que hiciste mal las maletas?
¿Que aún le lloras? ¿Por él apuestas?
¿Y, de tu pecho, la pena, el clima mueve?

¿Vivirá un Dios por ti afectado,
cambiando el curso de cada nube?
Si ríes, todas sus aguas sube;
si lloras, llora tu Dios amado.

         
Desde las cumbres, hoy no ha atrevido
a florecerse, el clima malo.
En unos meses se ha vuelto ralo,
porque tu alma aún no ha florecido.

¡Alegra a tu Dios, oh, bella, y canta!
¡Virgen de las estepas, de monte herido!
Pues, por empático, a ti se ha unido.
¡Dulce de las dulces, niña de plata!

No quiere Dios acostarte triste.
Quiere que mudes tus ansias chatas.
Por las montañas va, ata que ata,
todos los aires de lamentos que diste.

Alboreará un día tranquilo.
Para que rías, sólo por eso.
Mándale un beso, mándale un beso.
Para que Él ría, pues está en vilo.

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