Las lagrimas de Dios

Prosa poética de Lucía Vilches

El viento es la caricia de Dios, y su susurro es la nana amorosa de una madre que nos acuna en las tardes sosegadas y en el letargo de la sombra de la vid y de la higuera. Con su éter que nos duerme y nos hace pensar que el paraíso nos visita cada día. En el viento están las alas poderosas que nos elevan hasta las nubes blancas y luminosas de los cielos, a esos lienzos olorosos y acolchados, almohadones mullidos donde retozar perezosos y felices, donde avistar el azul eterno del océano de oxígeno y respirar el aroma sutil húmedo y refrescante de la lluvia de verano, el olor a tierra mojada que despierta los sentidos y nos hace conscientes de que estamos vivos.

Despertamos sobresaltados, percibimos la asfixia del veneno impregnado, el enemigo invisible invade nuestros pulmones que se ahogan jadeantes en el intento de sobrevivir. Alveolos fumando contra voluntad , amenazando con desistir y dar paso al cataclismo , a la inexistencia, a la nada, al vacío, a un planeta muerto, hermoso y silencioso, y cuando el error llamado hombre desaparezca, el planeta volverá a florecer, con luz y color pero sin sonido, silencioso , solo el paso del viento con su eco cósmico, un susurro, un silbido, un lamento. Y las nubes desde los cielos derramando las lágrimas de Dios.

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