Tras la ventana del fortín


Poema de Ana María Lorenzo

Había un barco que cruzaba
bajo la ventana del fortín.
El sol salía ahora,
salía desde el mar.
Y el viento sur seguía
el deshilachado velado rojo
de los perdidos ojos 
que miran las aves volar. 
Día tras día,
agotado y sin aliento,
cautivo de paredes gruesas,
moría lentamente, 
y sólo el mástil veía quieto
cuando paraba el motor en seco. 
Me golpeo el pecho,
como soplo de tormenta
que agita la débil mente
y veo inclinada el asta 
y la proa goteante.
Hubo un tiempo 
donde pasé flotando a la deriva
por el verde esmeralda.
Nueve ocasos de refulgente luna.
Blanca espuma saltaba 
y el mar callaba. 
Ahora miro por el hueco abierto,
prisionero como Dantes en su mazmorra.
Y pintadas parecen las aguas claras;
adormilas las olas quietas. 
Agua y más agua…
En todas partes. 
Cercando las toscas rocas.
Lejano el horizonte...
El faro escondido.
Y la boca seca.
Agito el brazo tras el hueco,
pido piedad a los albatros.

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