Poemas de Miguel Bou Piñón


Temprano amor

Salta mi corazón
como un ciervo
al recordarte.
Todos los pensamientos
son camino
que me acerca a ti.
Una isla compraría
para vivir este amor,
podría acariciarte
mientras envejecen
las primaveras. 
Este querer sin saber,
este deseo querido,
precipita mi angustia
hacia el delirio.
Posible canción
que te dedico,
posible requiebro
que te envío.
Acepta mi sentimiento
sin sentido,
recoge el sueño recibido,

Piensa que amarte
es el precio
de mi audacia,
que anticipa amores,
pasiones,
corazones saciados

y risas de alborada.



Silencios

Cuando abandonas
la vociferante multitud,
llegas a un silencio,
y sin un respiro,
aparecen los gritos
de tu interior,
reclamando su sitio.

Son rotos lamentos,
sueños frustrados,
el canto del YO.

Si superas la barrera
de ese niño abandonado
que todos llevamos dentro,
naces a un nuevo silencio,
más denso,
repleto de abismos,
luces multicolores,
música muda
que te acaricia por dentro,
y de repente una voz.

Reconoces su brillo,
que te ama sin decirlo,
que te lleva sin tocarte,
el primigenio aliento vital
de donde nace tu fuerza,
fuente de tu voluntad.

Cuando penetras en ti,
amanece tu verdad,
el espejo en que te miras
el sueño real,
lugar donde inicio y luz
se recrean,
génesis de tu ser,
el primer suspiro
de tu creación,
la mansión de tu paz.



Mira, amor

Mira, amor
que de madrugada 
me despierto,
y no te veo.

Mira, amor,
cuantas sonrisas
me he perdido
en tu desvelo.

Mira, amor,
si cuando ríes,
envuelves tu rostro
en mi pañuelo.

Mira, amor,
que largos tus silencios,
que cortas mis palabras,
siempre esperando un te quiero.

Mira, amor,
y dime si está noche,
me recuerdas en tus sueños,
me miras desde tus cielos.

Y dime, amor
si mis quereres
Incienso en tu memoria
sólo son alegrías
de mi desvarío.


Mi sirena

Rotas las amarras
de mi viejo barco,
navego en el mar
De tus ojos glaucos.

Ninfa lejana
sirena cercana,
arrulla mi sueño,
mientras me embriagan
tus besos de agua.

Eres quimera,
pesadilla o fragancia 
del hondo mar,
quisiera ver tú alma
sin llorar.

Soledad de los abismos
tu morada,
de pez y mujer
tu cuerpo frío, tus entrañas.

Paloma de lo profundo
Tengo el corazón prendido
de tu sonrisa mojada;
vuelve a mis delirios
de madrugada,
ninfa lejana, sirena cercana.


Escucha

Escucha
mi abandonado corazón
y ven en el tiempo
a mi cercanía.

Si sabes leer la historia
verás cuánta soledad
siembran mis veredas,
cuánto abandono
inauguran mis dias
sin tu presencia.

La luz que posees
es el bálsamo,
la medicina del alma.

Si vienes pronto,
aún verás un corazón
vivo y palpitante,
que siempre espera
esa sonrisa que anhelo,
ese calor sanador
que llene mi vida
de una luz brillante
y acogedora.

Somos pobres seres,
que sin el amor,
la comprensión,
y el cariño,
se van desvaneciendo
en el olvido.

Ven, pues, amigo,
Tengo la puerta abierta
y la mesa preparada
y dispuesta.


Mi rosal

El rosal de mi ventana
amanece
perlado de rocío,
y con sus flores,
me regala,
como un homenaje,
la alegría
de su presencia,
cada día.

Tronco leñoso,
viejo rosal de mi infancia,
siendo niño
vino a vivir
bajo mi ventana,
y fiel, cada año,
me ofrece sus bellas rosas,
agradecido,
al amor con que lo cuido.
Son rosas de olor,
penetrante olor,
que me traslada,
a los más bellos momentos
de mi niñez,
de mi juventud,
y ahora, ya adulto,
lo contemplo y amo,
como se ama la pureza,
la constancia,
la fidelidad y lo eterno.

Quisiera,
en ese último instante
de la despedida,
que una rosa,
una rosa suya,
tímida y olorosa,
estuviese a mi lado,
dándome un adiós de amigo
un adiós de hermano.


El corazón amante amanece

El corazón amante amanece
cuando la amada
le sonríe.
No hay aura mas luminosa
que un amor correspondido.
Los hondos suspiros
que exhalan los amantes,
son música apaciguadora,
son los puentes
que unen sus almas
y así se mantienen firmes
en su historia de amor
irrepetible.
Oyen cantos
que nadie interpreta
perciben luces
que nadie enciende,
sus miradas calladas
están llenas
de palabras repetidas:
amor, amor, amor.
Son quereres
que pueden durar horas, días, años
o toda la eternidad,
pero siempre sinceros,
pletóricos y sanadores.
Un minuto de amor puede salvar una vida,
transformar una historia
y llenar de esperanza
un moribundo corazón. 




Sentirte

Quiero que este suspiro
como un requiebro,
adormezca,
la esencia de lo perdido.

Y palabras embriagadas
de rocío,
como olas gigantes
nos envuelvan
cuando anochezca
este desvarío.

Rotas las risas,
las desdentadas cordilleras
anuncian
sus versos tardíos.

Nunca llegarán
mis sueños de niño,
a guardar la luna
para el estío.

Y cuando la voz azul
de las primaveras,
nos encuentre orando
como palomas,

las miradas nos lloverán
con los besos amargos
del olvido.