Poemas de Miguel Bou Piñón


Mi sirena

Rotas las amarras
de mi viejo barco,
navego en el mar
De tus ojos glaucos.

Ninfa lejana
sirena cercana,
arrulla mi sueño,
mientras me embriagan
tus besos de agua.

Eres quimera,
pesadilla o fragancia 
del hondo mar,
quisiera ver tú alma
sin llorar.

Soledad de los abismos
tu morada,
de pez y mujer
tu cuerpo frío, tus entrañas.

Paloma de lo profundo
Tengo el corazón prendido
de tu sonrisa mojada;
vuelve a mis delirios
de madrugada,
ninfa lejana, sirena cercana.


Escucha

Escucha
mi abandonado corazón
y ven en el tiempo
a mi cercanía.

Si sabes leer la historia
verás cuánta soledad
siembran mis veredas,
cuánto abandono
inauguran mis dias
sin tu presencia.

La luz que posees
es el bálsamo,
la medicina del alma.

Si vienes pronto,
aún verás un corazón
vivo y palpitante,
que siempre espera
esa sonrisa que anhelo,
ese calor sanador
que llene mi vida
de una luz brillante
y acogedora.

Somos pobres seres,
que sin el amor,
la comprensión,
y el cariño,
se van desvaneciendo
en el olvido.

Ven, pues, amigo,
Tengo la puerta abierta
y la mesa preparada
y dispuesta.


Mi rosal

El rosal de mi ventana
amanece
perlado de rocío,
y con sus flores,
me regala,
como un homenaje,
la alegría
de su presencia,
cada día.

Tronco leñoso,
viejo rosal de mi infancia,
siendo niño
vino a vivir
bajo mi ventana,
y fiel, cada año,
me ofrece sus bellas rosas,
agradecido,
al amor con que lo cuido.
Son rosas de olor,
penetrante olor,
que me traslada,
a los más bellos momentos
de mi niñez,
de mi juventud,
y ahora, ya adulto,
lo contemplo y amo,
como se ama la pureza,
la constancia,
la fidelidad y lo eterno.

Quisiera,
en ese último instante
de la despedida,
que una rosa,
una rosa suya,
tímida y olorosa,
estuviese a mi lado,
dándome un adiós de amigo
un adiós de hermano.


El corazón amante amanece

El corazón amante amanece
cuando la amada
le sonríe.
No hay aura mas luminosa
que un amor correspondido.
Los hondos suspiros
que exhalan los amantes,
son música apaciguadora,
son los puentes
que unen sus almas
y así se mantienen firmes
en su historia de amor
irrepetible.
Oyen cantos
que nadie interpreta
perciben luces
que nadie enciende,
sus miradas calladas
están llenas
de palabras repetidas:
amor, amor, amor.
Son quereres
que pueden durar horas, días, años
o toda la eternidad,
pero siempre sinceros,
pletóricos y sanadores.
Un minuto de amor puede salvar una vida,
transformar una historia
y llenar de esperanza
un moribundo corazón.