Poemas de Ana María Lorenzo


Gotas de risa floja

Es fácil reír
entre coléricos elementos,
bañada en rojo vino
y entrañas de cordero.

Navego en la curiosa barca
bajo la estrella de la mañana.
Chalana de deseos
donde se ven veloces alas
hacia los hirvientes manantiales
en combate de boxeo.

Toma los cielos, Musa,
que es como coger las rosas
que cayeran de mi pluma.
Chispas embriagadoras de empeños,
de versos divididos en sueños.

Velo.
He aquí la soledad.
Pienso en la felicidad
como ancla entre luceros.
Siento.
Bebo de la copa rota
y floto tocada por los besos.
Miro,
y arrecia el viento.

Suelto el cabello al aire.
Soy poeta iluminada.
Soy viuda vieja.
Soy gota de risa floja,
inquieta.


Al Cristo de Velázquez

Caí en trance cuando te vi
con tus brazos abiertos.
Íntimo, doloroso y cruel
pero lleno de ternura.

El sueño duerme tu rostro
con esa luz de luna clara,
abriendo al mundo tu pecho,
sin latidos, pero no muerto.
Fue el amor quien llevó de la mano
el pincel de Velázquez.
Aventura que sobrevive
resignado en el salón del Prado
Nazareno que sucumbiste
de pleno agrado.
¿Qué piensas hoy al mirarnos?
Espejos de tu corona de espinas.
Blanco tu cuerpo
en esta noche oscura.
Solitaria esta tierra yerma
de corazones apaisados.
No hay ojos que por ti velen
con el rigor de la pureza,
y aún el dulzor aparece en tu rostro
¡Tan callado! ¡Con tanta belleza!
Néctar pongas de eternidad
en el corazón humano
aun cuando parezcas inerte, apolíneo
y clavado con cuatro clavos.
Espiritualidad y misterio
que haces sentir
a la fuerza de las fuerzas,
el temblor del dolor humano.
Alarde de maestría
de un frontal tan sereno,
que hace al humano sentimiento
sentirse pequeño.
Conciencia que supo el maestro,
mostrar al mundo tu bravura,
que duerme apacible y sola,
esperando la respuesta del hombre.
Velada noche para el mundo,
luz en la pintura.