Poemas de Mariana Feride


La muerte del toro

Han pasado tres días desde que
la mirada del toro comprensible y tierna
se volvió sobre la gente.

Ojos grandes, inocentes
La sangre corre
rojo, demencial.
Hasta en la Plaza Mayor
donde la discoteca móvil
hace saltar las mentes
en un baile tremendo.
Tú...te levantas...despacio
yo... busco en la silla que dejaste
esperando encontrar el poco calor de tu cuerpo.
El toro se muere.
La sangre se vuelve loca
con toda la fuerza, por todas las calles,
hasta mi cabeza.
En la Plaza Mayor, donde tú dejaste
el calor de tu cuerpo junto con el corazón
el toro se muere.
La sangre corre demencial, cubriendo todo.
Tú te marchaste a un sitio que no es tuyo
a unos brazos fríos que no te esperan
mientras el río de sangre aumenta
y el toro se muere...


Dibujo del día

Preparación previa: una hoja blanca y lápiz.
Como elemento determinante de esta inédita composición,
elijo el cuerpo humano.
Pongo la línea limpia y decidida.
Pienso: ¿Perfección?
Y de repente la línea se vuelve loca,
la boca se convierte en ave libre,
el beso se coloca entre los ojos
rojo, intenso.
Aparece la mirada de mi padre
tierna pero firme
al sur de mis tierras,
y mi pie bello, hasta impertinente
sale de una bota rota de charol.
La línea continúa su camino
hasta el pecho de tu amante
que guarda el perfume de un niño
recién nacido,
y baja buscando la perfección,
modelando el deseo que péndula
entre tu pierna rosa pálido
y el talón seco cansado.
Mirando esta línea loca,
fogosa y dulce
decido que ya tengo el dibujo del día
y cierro en un circulo la eternidad.   


Pensando en tí

Hay noches como la de ayer  cuando los cascabeles                                                                           bailan Ciuleandra en mi ventana
y la luna llena te presta a ratos su luz
para que se vea desde muy lejos tu belleza.
                   
En la oscuridad miro tu reflejo entre las nubes.
Extiendo la mano tocando de memoria tus curvas,
te abrazo como una acaricia
con todos tus dolores y alegrías,
hasta que desde las rodillas se me cortan las piernas
de tanto deseo, de tanto querer verte,          
y me caigo de bruces besándote con avidez.

Mientras mi frente toca tus bordes,
yo te beso sin pausa
aunque sea sólo un sueño,
            de bruces te beso,
                        continuamente
                                    de bruces

y no quiero que este sueño termine,
            mi tierra sagrada.