Poemas y relatos cortos de Carmen Gago Florenti

Por un sueño imposible

(IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes)

Luchar por un sueño imposible.
Lograr esa estrella inalcanzable.
Desafiar las injusticias de los hombres
o defender el ideal a cualquier precio.

Hidalgo de rancio abolengo
remontando las sendas espinosas
de la incomprendida locura.
¿Es acaso trastorno blandir la espada
en el corazón del necio,
o tal vez en la desmedida codicia
de aquellos, que despreciando
las leyes encuentran paraísos
donde adorar al vellocino de oro?

Si Don Quijote cabalgara de nuevo,
habría de padecer el embate
de incontables molinos,
con un sol de frente, que acabaría
nublando nuevamente su razón.
Mas continuaría luchando por ese sueño quimérico
con el vigor de antaño,
a través de las estelas de la luna.
Y yo, Dulcinea, seguiría su rastro por siempre
desde la aurora hasta el ocaso de los tiempos.


Nunca es vana la amistad

A Emilio Vega

Nunca es vana la distancia  
que separa al mundo  
de la infinitud del tiempo; 
ni corta el ave fénix 
su planeo renacido
desde el ayer a la aurora. 

No cabalga el desafuero 
a lomos de la cordura
con las bridas aflojadas,
ni se enaltece el águila 
por más que remonte el cielo. 

Nunca es vana la amistad  
que como la hiedra al muro, 
se asienta entre la espesura 
más allá de la distancia;
ni se quiebra con el agua 
que encenaga los caminos.



El vino y la fiesta

En tiempos como éstos, en los que parece que todo está de moda, hablar del vino, no es sino una parcela más de algo que pese a formar parte de la cultura de este país, cada vez cobra un mayor auge aunque sea casi tan antiguo como la propia historia de la humanidad, si tenemos en cuenta los más de 7000 años de existencia.

Con todo, no siempre es tomado o utilizado con la debida consideración en algunos lugares de nuestra geografía, donde los excesos son las armas arrojadizas de un conjunto de “seres humanos” que convierten esos medios en algo que haga justificar sus fines.

De cualquier modo, nada más lejos de mi intención que ponerme a moralizar sobre el comportamiento que produce este delicioso líquido, que es en sí exquisito y que conforma tradiciones que se pierden en la memoria del hombre.

Ya sabemos que las culturas griega y romana fueron quienes desarrollaron una pasión por el mismo, creando al dios Dionisio o Baco para rendirle culto; sin olvidar a los egipcios que dejaron por primera vez una clasificación en cuanto a la añada del vino y al propietario del mismo, casi como un etiquetado de referencia. Conocemos igualmente que China hace cuatro mil años ya conocía el proceso de fermentación de la uva; y como no, el indudable valor que le otorga el cristianismo, convirtiéndolo en pieza fundamental del rito de la misa, que lo transforma nada menos que en la sangre de Cristo.

En la Edad Media, a medida que las ciudades crecían y aumentaba la riqueza de la burguesía, comenzó a crecer la demanda de vinos selectos. El comercio de este se expande y las grandes casas comienzan su labor de difusión pugnando tanto por la calidad como por la cantidad, para conseguir que sus productos ornasen las mejores mesas del reino.

Desde Europa hasta América, de manos de enólogos y viticultores que consiguieron implantar esta cultura, el vino fue mejorando hasta conseguir abrirse paso en mercados internacionales, al mismo tiempo que su promoción franqueó la entrada a un turismo ávido de cosas nuevas.

Ahora que se acercan las fechas de la vendimia en España, Francia o Italia –principales países que se disputan la primacía de la producción- no podemos olvidar que nuestra tierra de Valdeorras se ha acercado en los últimos años a Denominaciones de Origen que han llevado el nombre de sus caldos hasta los rincones más exigentes del planeta, concediéndoles merecidas distinciones. Las bodegas donde reposan y duermen estos mostos, ya son puntos de referencia obligados no solo para los amigos, sino para que un turismo emergente orientado hacia la visita de estos lugares, los tomen como una atracción imprescindible al lado de resto de bellezas de la zona.

Todos hemos pasado momentos agradables en estos entornos, resguardados de las tórridas temperaturas estivales, donde los cánticos y las conversaciones animadas, acompañadas de algunas viandas y regadas por un buen vino, daban el tono festivo a un día cualquiera. Quien tenía una bodega donde llevar a sus amigos, poseía un verdadero tesoro. En la actualidad son aprovechadas principalmente para su explotación comercial, y de forma particular son pocos los espacios que aun conservan este agrado de compartir taburete y barrica, porque “a nadie le hace daño el vino si se toma con tino” o “bebido con los amigos nos sabe bien cualquier vino”…

La proliferación de ferias especializadas, son hoy herramientas importantes para la difusión de las marcas y sus localidades de origen, y en este caso, Valdeorras no se sustrae a tales eventos que son como una ventana abierta a un mundo de múltiples y variadas posibilidades.

De norte a sur y de este a oeste, España es como un mar de viñas que conforma los diferentes paisajes de nuestra geografía, imprimiendo un especial carácter al medio ambiente. Puede que ya no se escuche el chirriar de los carros tirados por bueyes camino del centro de almacenaje, dejando tras de sí esa estela entre amoratada y negra, que tardaba días en desaparecer de las calles, suculento manjar de abejas que zumbando por doquier poblaban el camino, pero de igual modo resulta emocionante asistir al proceso de elaboración hasta llegar al momento de la degustación del primer trago surgido de todo ese transcurso, que como una fiesta penetra por la garganta y se hace zumo en el paladar.  

La cultura del vino ha entrado por la puerta grande y si en celebraciones o reuniones como estas que nos convocan cada año resulta imprescindible, de manera cotidiana como siempre ha sido,  mirar su etiquetado antes de la prueba es ya obligatorio: un rito a la identidad. Mas,  siempre con los amigos, para poder brindar con ellos en todas las ocasiones. Por eso…

Viva el vino y los amigos
que en comunión tan sincera
alzan sus copas al viento
entonando rianxeiras.
Viven de cara a la vida
porque la vida les lleva
por veredas y caminos,
por las diversas fronteras
por donde canta la alondra
cuando duermen las estrellas;
o porque es el ruiseñor
quien vela todas sus penas,
cuando se duerme el rebaño
mecido por las estepas.

Viva el vino y los amigos
que comparten esa mesa
llena de viandas y risas
y de música dispuesta
 a templar todas las bocas
cuando la guitarra suena.
Brindo hoy por ti, compañero,
en esta noche serena,
que está tranquila la calle
y hasta la luna se aquieta;
porque el hogar de mi casa
está vestido de fiesta
para que vengan los míos
con las luces de la tierra.

¡Viva el vino y los amigos,
vivan las almas serenas!