Relatos de Xavier Eguiguren

Héroe, quien ayude a un niño acosado

Quiero crecer muy rápido, ser mayor para no volver a estar triste. No entienden que con cada insulto y patada, me muero un poquito más. Nunca voy a sonreír mientras tenga que ir al colegio.

Quiero hacerme daño y así no tener que ver a esos en el patio. Hay chicos que se ríen de mi y cantan canciones con mi nombre, dicen a gritos que mis padres son pobres.

Yo soy un niño, pero me imagino muerto en una bañera, mis manos llenas de sangre, el suelo, mis sueños también son rojos. Me gustaría decírselo a mamá y a papá, pero no quiero que se preocupen.

Tengo pesadillas, en ellas puedo oír como me insultan muchas veces cada vez que salgo al recreo.

A lo mejor escribo una carta y se la dejo a mamá en mi habitación, por si mañana me muero.


Mis fantasmas se agarran a las farolas

Siento las gotas frías de lluvia sobre mi frente caer. Los pensamientos discurren de tres en tres, cual triada. Triunvirato que se postra frente a una hilera de farolas que me guiñan al pasar.

Luces amarillas que se cansan de alumbrar para ti, faros afectos al camino que zumban y tiran de sus raíces, que aúllan como los perros huérfanos que se escuchan en la lejanía.

Cánidos que predicen la muerte del amo, pueden ver en blanco y negro, el color azul del alma del finado escaparse de la tierra.

El origen, el principio, la causa, el motivo, la razón, todos y el mismo son, durante el invierno se aletargan.

Hoy y ahora se reflejan en los charcos del camino, los sonidos de los colores que escupen de sus bocas los fantasmas del pasado, presente y futuro, todos ellos en complot agarrados a las farolas del sendero.

Tres eran tres los pensamientos, el comienzo,  romper, y volver a empezar para morir viviendo.


Ordeno los cajones de un cerebro afecto a un diván de cuero negro

Apoyado en la levedad de un pensamiento imagino vuestros perfiles. Guardo la esencia de las palabras escritas en los cajones de mi subconsciente.

Deseo estar lúcido, con los ojos abiertos dirigidos sobre los contornos de miles de vosotros en formación. Algún día tendré que partir, mi dinero, el anhelo de vuestro recuerdo.

Leéis mis trece vidas, trece abundantes carencias y extremos. Trece muros duros pintados con grafitis de artistas sin caza talentos, que sueñan con su fama.

Obras repetidas en fachadas destinadas al abandono, frases metálicas, robóticas y maquinaria que fumiga colores vivos.

Destinos que circundan mis relatos, unos suaves como el beso de Judas, otros punzantes y dolorosos cual picadura de avispa.

Escucho crecer la hierba, oigo la vibración de las cuerdas vocales con cadencia, pedales flanquean la cabeza, rápido y veloz mueve tus neuronas para leer estas palabras, colgadas como un columpio de un jardín de otoño bucólico.

Recuérdame.


Extraditado sin papel de fumar

Extraditado de la luna, mi eterna compañera. Portadora del mar de los Sargazos, esperas en cada puerta la salida de la noche.

Forma dependiente del sol y su luz, amante de la oscuridad adolescente e irresponsable. Cuna que crece y mengua, engañar al mar, serle infiel con sus mareas es tu premisa.

Estupefacientes esbozados a golpe de probeta, distribuidos por tu camello sin dos jorobas, ha hecho de esa luna una adicta a mi desequilibrio emocional.

Fiel amante de la pluma, yo me declaro insolvente y pareja de hecho de ese satélite, amparado por una orden de alejamiento.

Admito hallarme engrilletado al insomnio más absoluto.