Poemas de Miguel Ángel Matamala


Oscuro es el recuerdo

Oscuro es el recuerdo
de una niñez callada,
quiero destapar esas voces
inocentes jamás contadas.
Pero  hoy vino a verme
ese odioso estirado
con pretensiones de salvar
mi obsesión sobre mi expresión
“a esas voces que nadie oye”
Alegando que vivo sin vida,
guardándome emociones íntimas,
más, creo, que como gozo personal,
que como apoyo equitativo e imparcial.
 ¡Calle entonces continuamente mi voz!
no es mí sino abrir malicias
en moralidades vacías
pues todo gira y se revuelve
en banalidades
y mi corazón puede quedar inmóvil
ante una intimidad mal entendida.


La mar: es mi destino

Anclas adversas a mi destino
impiden el testimonio de varar
en puerto el alegato
de las llamas más libertinas
que el sol arrastra en una cubierta
hilvanadas por solapas de calma.

¿Qué marejada es esta
que nos niega fondear
al amparo del sumiso embate
que libera nuestro miedo?

No olvidar que mi ventura
es ahora la mar.
Ese mar que deja desnudo el odio de su abismo,
sin ser consciente de sus crueles sucesos.
Ese mar que intima relación amor – odio,
en la arterial pasión del obstinado corazón humano.
Ese mar del que vivo y dependo,
donde la sal, la sed, el sol,
me otorgarán quizás un destierro,
quizás la muerte.
Es mi destino.


Mi gozo es amarte

Llueve.
Bajo un paraguas estampado
cuan sombra que buscamos en verano,
nos acoplamos con el estruendo
de una mirada humilde,
que vencen tus ojos
bajo la pertinaz lluvia.
Tu mirada diáfana, sin arrebato,
la alzas a mis ojos para observar
el ímpetu que gravan los míos,
y en ellos reflejo el yugo
de mi corazón en el sencillo instante,
en que se perturba tu pulso.
Y atropelladamente la pertinaz lluvia,
nos teje, sin turbación, la malla,
que nos arropa bajo el colorido
semblante de nuestras sonrisas,
y la lluvia sin amainar nos ovilla
en un apretón que nuestros labios
tienden a rozarse
y yo tejo tu sima sintiendo
el gozo de amarte. 


Tu sonrisa

Me alegré de esa mirada
entrecortada,  perspicaz, sagaz
que ofrecías en el ámbito
confuso de una noche insegura.
Pero lo que más me subyugó
fue tu sonrisa, abierta, clara,
nívea, que a la mañana
siguiente esbozabas como
una imagen primaveral,
de una ninfa marina
que en sus aguas marca
sus huellas, tímida, jubilosa,
y así mi corazón incauto
se impregnó  en  celos
del sol que te templa a besos,
del mar que te rodea y abraza
del viento que su brisa te acaricia.
Y ahora girando en rebeldía,
mi corazón se oprime,
en las arduas noches de espera,
a que tu presencia me otorgue
una mirada inicua, astuta
y una sonrisa avispada,
penetrante de lo más hondo
de tu pensamiento.

Miguel Ángel Matamala Subiza es delegado en Córdoba, Málaga y Granada de la Unión Nacional de Escritores de España.