Poemas de Miguel Ángel Matamala


La mar: es mi destino

Anclas adversas a mi destino
impiden el testimonio de varar
en puerto el alegato
de las llamas más libertinas
que el sol arrastra en una cubierta
hilvanadas por solapas de calma.

¿Qué marejada es esta
que nos niega fondear
al amparo del sumiso embate
que libera nuestro miedo?

No olvidar que mi ventura
es ahora la mar.
Ese mar que deja desnudo el odio de su abismo,
sin ser consciente de sus crueles sucesos.
Ese mar que intima relación amor – odio,
en la arterial pasión del obstinado corazón humano.
Ese mar del que vivo y dependo,
donde la sal, la sed, el sol,
me otorgarán quizás un destierro,
quizás la muerte.
Es mi destino.


Mi gozo es amarte

Llueve.
Bajo un paraguas estampado
cuan sombra que buscamos en verano,
nos acoplamos con el estruendo
de una mirada humilde,
que vencen tus ojos
bajo la pertinaz lluvia.
Tu mirada diáfana, sin arrebato,
la alzas a mis ojos para observar
el ímpetu que gravan los míos,
y en ellos reflejo el yugo
de mi corazón en el sencillo instante,
en que se perturba tu pulso.
Y atropelladamente la pertinaz lluvia,
nos teje, sin turbación, la malla,
que nos arropa bajo el colorido
semblante de nuestras sonrisas,
y la lluvia sin amainar nos ovilla
en un apretón que nuestros labios
tienden a rozarse
y yo tejo tu sima sintiendo
el gozo de amarte.