Poemas y textos de J. Pellicer


Buscando azules

Mañanas azules adornadas de trinos
confundidos por murmullos de vientos suaves
desnudando paisajes que parecen distintos
y que siempre estuvieron;
cómplices del nuevo día
brindando vida desde la paz de la belleza,
mimando los recuerdos que evocan los silencios
en este clarear de esperanza.

Soñando con las mañanas azules
desaparece la pena por la magia de la sonrisa;
se gana el presente para seguir caminando
y todo en su lugar va quedando calmo
ante la inmensa llanura del ahora
que nos separa del horizonte que se añora.

Mañanas azules,
que nacen de las brumas de la nostalgia
asomando entre los sueños
de los que miran y de los que callan
hablando con la mirada -que no está perdida-,
como hicieron ayer y también lo harán mañana,
imaginando otro momento robado a la incertidumbre
de la miseria y la tristeza. 



En la sabiduría del alma

En la sabiduría del alma
dormidos van quedando los porqués de las preguntas,
dejando desplegadas las alas prisioneras
de los temores que marcharon con ganas de volver.
muro infinito de lejano imposible,
haz de esperanza en la bruma del desconsuelo,
patética ensoñación de lo inacabado.
Todo y nada en manos alzadas
buscando un trozo de cielo que está por llegar.

En esa vasta meseta de la duda
donde el hombre arrinconado siente
 que el viento habla y las piedras llaman;
allí donde aún brillan los sueños
formando mágicas hileras de luciérnagas
perdidas en la estela dejada por la Luna.
Donde el mundo desaparece,
 inventándose otro donde los días acarician
y las noches mueren besando.

En esa línea donde vida y muerte se confunden,
donde el mañana perdió su batalla,
allí, en la sabiduría del alma, lar tan desconocido,
vamos quedando entregados,

                                               … prisioneros de una sonrisa.


Atado a ti

Sin separarme nunca de ti;
tu encierras mí historia, la de los míos,
me hablas de otros mundos, de otras gentes...
yo vivo atado a ti, como si fuera parte de ti.

Mis manos envejecidas y temblorosas
sonrisas imposibles dibujan sobre tu cuerpo,
acaso buscando aquél amor,
acaso borrando aquél dolor.

Atado a ti,
como tu azul a tu cielo,
como el pájaro a su aire,
como la rosa a su espina,
como esa mirada que adivina
que en la calma de tus días
busco y busco en silencio, mi alegría.

Atado a ti,
sin separarme nunca,
en esta vieja taberna que me sabe a sal y brea,
borracho de ron, borracho de ayer,
en pie, abrazado imposible a mi sueño,
como quijote implorando a su dulcinea,
sin amo, sin rumbo… sin dueño.

Atado a ti
mi mar azul, mi mar bonito… mi amigo;
atado a ti quiero seguir,
meciéndome en silencio,
escuchando tus músicas
inventadas solo para mi;
cerrando los ojos,
y esperando tu ola final,
la que llegue… la que me lleve.

(Poema publicado en el libro “Los te quiero que no se dijeron…)


De noches y olvidos

Absorto entre los sonidos del silencio,
dejándome llevar por los mundos desconocidos del alma,
me pierdo en las noches donde callan los malditos;
donde mueren los sueños enfrentados a sus quimeras,
y donde la voz dejó de importar para siempre.

Sueñan los proscritos con volver
pidiendo sentir en su piel arrugada de injusticias
los abrazos que faltaron en aquella calle
donde sólo había noche;
sueñan los proscritos de la vida y del amor
que creyeron morir y murieron,
que vivieron a lomos en la certeza de su esperanza
guardando entre sus manos las lágrimas
que no encontraron el momento justo para brotar.

       En las calles de las noches…
                         vuelven a nacer todos los soñadores.

Dejándome llevar
inventado en los personajes de las historias del pasado,
mis pasos nómadas, como sin dueño,
de nuevo escapan libres sin rumbos fijados
sin tiempos, sin prisas…
                                                           en la tierra clavados.

En esta noche gélida y serena,
donde nace y se refugia la pena,
donde se escucha el murmullo del adiós
muriendo un poco más la esperanza
del solitario que camina abrazado a su condena;
en esta noche de dulces sueños,
donde sin verte te llevo y te siento;
en esta noche perfumada de nada que todo lo llena,
que vence mi tormento…

Noche negra que arrastra mi alma como ajena
                                               …más allá del firmamento.


Las sonrisas del mar

Que el tiempo nos lleve
más allá de las estrellas,
que rompan los días su traje de luz
y las noches pierdan la frialdad de sus soledades;
que las voces ya no sirvan
y los abrazos –huecos- sientan
los vacíos de todos los silencios
encontrando por única respuesta
una lágrima escapada y confundida
en la mueca de la vergüenza.

Que las penas busquen otro refugio
donde duermen los mares,
y que los miedos queden en la tierra
quemada por el fuego del odio
prodigadas por las cómplices miradas;
en los paredones de cada esquina,
en los sueños perversos y sangrientos
que acunaban la rabia en los inocentes corazones.

Marchan las penas y con ellas todas las esperanzas
construyendo la historia del hombre;
haciendo grandes los desconsuelos
y más pequeños los sueños
que ya  marchan vencidos sin rumbo ni destino.

Oye este silencio que va dejando la sombra
que avergonzada va desapareciendo en la calle sin final,
escucha las penas que no sabe pronunciar
y mézclate con su muerte si puedes, ¡que no podrás!,
porque tu lo hiciste antes.
Vagan las sombras buscando una razón
que consuele y aplaque su eterna e injusta soledad.

El mar que no vemos
espera a los hombres que ya no son,
a los que cerraron los ojos creyéndose dormidos,
allí, en aquél inexplicable mundo, esperan las sombras perdidas,
allí, quedaran para siempre las ganas de haber podido robar
a un nuevo segundo una nueva sonrisa.

… No pudo ser,
y el mar que no vemos
se hizo grande en la fría mañana del adiós
con todas las que se perdieron. 

(A la memoria de las víctimas del terrorismo de ETA)



Carta de Molay: Oda a la vida

Mi querido Mario, tus letras, que desde mi solitaria y particular “celda” comprendo y comparto, no me dejan indiferente. Me hablas de cómo te sientes, de cómo estás llevando tus días de soledad. Me cuentas que a veces –más de las que te gustaría- te sientes cansado de preguntar y preguntarte. Que te sientes preso de la decepción, el asombro y la perplejidad. Que cada vez comprendes menos la ¿realidad? que te rodea…

Aunque no lo creas, leyéndote me encuentro muy cercano a ti porque una extraña sensación, -complicidad/solidaridad-, se adueña de mis sentimientos. Una sensación que paradójicamente me conforta porque en ella descubro, o quiero descubrir, -que para el caso será lo mismo- que formamos parte de ese aparente “ejercito vencido de nómadas y miserables”; de seres humanos unidos ante la misma preocupación que tanto daña… De personas cuya única posesión es su maltrecha dignidad.

Leyéndote me resulta imposible no hablarte de lo que no vemos y sin embargo está. Mejor aún, lo que realmente me resulta imposible es no compartir contigo esta esperanza que sólo es perceptible a los ojos del corazón. Esas miradas que nos hablan desde los silencios.

En una mirada podemos hallar los mundos que habitan entre nosotros. Mundos donde todo cabe, inimaginados; mundos que lo fueron de paz siendo en este presente la guerra, el conflicto, la tensión, los odios, las envidias… y todo lo que nos separa, su único idioma. Donde la locura y el sinsentido se apoderan de todos los momentos, también los hasta ahora reservados para el alma. Mundos donde la palabra parece haber perdido su valor y también su fuerza. Mundos que nos roban el aliento llevándonos por caminos que nunca quisimos recorrer.

¡Fue tanto lo perdido por negarnos, por intentar seguir siendo lo que siempre quisimos ser!

Son días donde el desánimo encuentra morada y reino en cada uno. Donde las preguntas –todas-  parecen quedar sin respuestas.  Donde los derechos –muchos- se sienten pisoteados, o peor aún, ignorados. Días donde el cielo sentimos se nos queda pequeño para poder clamar y la tierra se avergüenza de ser nuestra madre.

En este barrizal de estulticia nos encontramos mi querido amigo. En este aparente callejón sin salida donde igual da mirar adelante o hacía tras. En este mundo que los “dueños de la malicia y la necedad” se han empeñado en construirnos como si nos gustara.  Perdidos. Confundidos.

“El sueño de los que están despiertos, -decía el clásico- era la esperanza” .  Y así debe ser querido Mario. La Esperanza, aquella que ponemos en nuestros amaneceres, no la otra con que cerramos nuestros días. La primera nos regala la sonrisa, nos hace un poco más fuertes y más libres; la segunda nos esclaviza, nos hace dependientes y vulnerables.  

La vida, en su caprichoso devenir nos juega estas pasadas. Nos tiene reservados estos momentos de luces y sombras. A veces los caminos parecen desaparecer bajo nuestros pies quedándonos abrazados a las dudas y los temores.  Se marchan los amores; lejos van quedando los amigos; se olvidaron los abrazos…  y poco a poco parecen apagarse las luces de nuestro particular “escenario” donde tantas representaciones fueron merecedoras de anónimos aplausos, y donde fuimos capaces de romper con la fuerza de la emoción la “cuarta pared” que quiso separarnos. 

Dicen, y yo me lo creo, que la felicidad no está fuera sino dentro de nosotros. Que la libertad tiene que ver con lo que pasa en nuestro interior y no tanto con lo que acontece de puertas afuera. Dicen, y me lo creo, que otros vivieron la paz entre las letras, y dicen, y también esto me lo creo, que muchos encontraron “sus respuestas” en las preguntas que “parían” sus poemas.

Te invito a que juntos nos sumerjamos a través de la poesía en busca de las nuestras.

Acepta, mi querido amigo, estos versos que un día un poeta acaso sin saberlo dejó escritos para ti y para mi.

Estrofas de Oda a la vida (Pablo Neruda)
“… Vida, los pobres

poetas

te creyeron amarga,

no salieron contigo
de la cama
con el viento del mundo.

Recibieron los golpes
sin buscarte,
se barrenaron
un agujero negro
y fueron sumergiéndose
en el luto
de un pozo solitario.

No es verdad, vida,
eres
bella
como la que yo amo
y entre los senos tienes
olor a menta.

…”

Con este dolor que ya pasó, recibe un abrazo.

Juan A. Pellicer
(J. de Molay)