Poemas de J. Pellicer


Atado a ti

Sin separarme nunca de ti;
tu encierras mí historia, la de los míos,
me hablas de otros mundos, de otras gentes...
yo vivo atado a ti, como si fuera parte de ti.

Mis manos envejecidas y temblorosas
sonrisas imposibles dibujan sobre tu cuerpo,
acaso buscando aquél amor,
acaso borrando aquél dolor.

Atado a ti,
como tu azul a tu cielo,
como el pájaro a su aire,
como la rosa a su espina,
como esa mirada que adivina
que en la calma de tus días
busco y busco en silencio, mi alegría.

Atado a ti,
sin separarme nunca,
en esta vieja taberna que me sabe a sal y brea,
borracho de ron, borracho de ayer,
en pie, abrazado imposible a mi sueño,
como quijote implorando a su dulcinea,
sin amo, sin rumbo… sin dueño.

Atado a ti
mi mar azul, mi mar bonito… mi amigo;
atado a ti quiero seguir,
meciéndome en silencio,
escuchando tus músicas
inventadas solo para mi;
cerrando los ojos,
y esperando tu ola final,
la que llegue… la que me lleve.

(Poema publicado en el libro “Los te quiero que no se dijeron…)


De noches y olvidos

Absorto entre los sonidos del silencio,
dejándome llevar por los mundos desconocidos del alma,
me pierdo en las noches donde callan los malditos;
donde mueren los sueños enfrentados a sus quimeras,
y donde la voz dejó de importar para siempre.

Sueñan los proscritos con volver
pidiendo sentir en su piel arrugada de injusticias
los abrazos que faltaron en aquella calle
donde sólo había noche;
sueñan los proscritos de la vida y del amor
que creyeron morir y murieron,
que vivieron a lomos en la certeza de su esperanza
guardando entre sus manos las lágrimas
que no encontraron el momento justo para brotar.

       En las calles de las noches…
                         vuelven a nacer todos los soñadores.

Dejándome llevar
inventado en los personajes de las historias del pasado,
mis pasos nómadas, como sin dueño,
de nuevo escapan libres sin rumbos fijados
sin tiempos, sin prisas…
                                                           en la tierra clavados.

En esta noche gélida y serena,
donde nace y se refugia la pena,
donde se escucha el murmullo del adiós
muriendo un poco más la esperanza
del solitario que camina abrazado a su condena;
en esta noche de dulces sueños,
donde sin verte te llevo y te siento;
en esta noche perfumada de nada que todo lo llena,
que vence mi tormento…

Noche negra que arrastra mi alma como ajena
                                               …más allá del firmamento.


Las sonrisas del mar

Que el tiempo nos lleve
más allá de las estrellas,
que rompan los días su traje de luz
y las noches pierdan la frialdad de sus soledades;
que las voces ya no sirvan
y los abrazos –huecos- sientan
los vacíos de todos los silencios
encontrando por única respuesta
una lágrima escapada y confundida
en la mueca de la vergüenza.

Que las penas busquen otro refugio
donde duermen los mares,
y que los miedos queden en la tierra
quemada por el fuego del odio
prodigadas por las cómplices miradas;
en los paredones de cada esquina,
en los sueños perversos y sangrientos
que acunaban la rabia en los inocentes corazones.

Marchan las penas y con ellas todas las esperanzas
construyendo la historia del hombre;
haciendo grandes los desconsuelos
y más pequeños los sueños
que ya  marchan vencidos sin rumbo ni destino.

Oye este silencio que va dejando la sombra
que avergonzada va desapareciendo en la calle sin final,
escucha las penas que no sabe pronunciar
y mézclate con su muerte si puedes, ¡que no podrás!,
porque tu lo hiciste antes.
Vagan las sombras buscando una razón
que consuele y aplaque su eterna e injusta soledad.

El mar que no vemos
espera a los hombres que ya no son,
a los que cerraron los ojos creyéndose dormidos,
allí, en aquél inexplicable mundo, esperan las sombras perdidas,
allí, quedaran para siempre las ganas de haber podido robar
a un nuevo segundo una nueva sonrisa.

… No pudo ser,
y el mar que no vemos
se hizo grande en la fría mañana del adiós
con todas las que se perdieron. 

(A la memoria de las víctimas del terrorismo de ETA)