Poemas de José Luis Benítez

El círculo vicioso

.Condenado a ver con poca luz
.la penumbra que dan de sombra...
.despierto del insomnio y entreveo plantas
.que parecen una cosa llamada "flores";
.y otra, animales que me miran
.tan sorprendidos como yo a ellos...
.Feroces/. Descarnados/: Trasgos.
.Nadie se fía de nadie y de nadie se fía nada.
.Y desde la copa de los silbados árboles
.me contemplan los espíritus desinflados
.de mis antepasados que sí tuvieron la suerte
.- tal vez no- de disfrutar de un horizonte
.más ancho y largo de soles
.que aquel con el que se sueña
.en las pesadillas que tiran y tiran...
.Terror a la plancha: la vida está aquí para aniquilarte.
.Lo que miras son sólo musarañas egoístas;
.lo que siento, debilidad mal puesta:
.cuando falla la columna de las falsas creencias.
.Lo que se piensa, el balanceo entre las varias alternativas
.a la eterna pregunta del caos que gobierna y lidera la traición.
.Y el famoso amor que nos horada el coco,
.sólo quiere que lo vacíes de sentimientos
.para no entorpecer la creación
.del nuevo ser que se avecina a pasos de gigante.
.Y luego palparás las piernas que usurpan los caminos
.y desparecerán, como por mago, los campos de tus ojos.
.Crecerá otra vez el poder -siempre llega sin tiempo-
.que te abrirá a los mundos que hoy no alcanzas a sonar.
En algunos gustaría de aposentarme;
.en otros, seguramente huiría atemorizado
.por lo que allí descubra: las olas de la infinita manipulación.
.No se trata de violencia o muerte al uso,
.sino que intuyo el frío aislamiento cotidiano
.-tampoco lo sé ni lo sé tan poco-,
.donde la nada se descifra ni se paga
.con una simple imagen de la imaginación.


El trueque

¿Qué busca la poesía?
La unión.
¿Y la unión?
La ayuda.
¿Y la ayuda?
Explorar:
La ayuda quiere explorar
los confines del viento.
¿Y el viento?, ¿Qué busca el viento?
Sacrificar su habilidad
para que destaque tu destreza.
¿Y si te entrega a cambio un amor
que destroce el corazón,
que rasgue y rompa tu armonía?
Entonces,
no es que lo crea,
empezaré de nuevo…
¡con la poesía!


Improvisando ante la premura del tiempo

Oh, primorosa roseta de la vida/:
líbranos de lo trasnochado, de lo denostado sin tregua,
de los pesares todavía no sufridos.
Aparta el infierno de la ignorancia de nuestra vista,
aclara los misterios del ser,
aquellos arcanos que cada día respiramos,
 y no dudes en mostrarnos los senderos
que nos separan de tus designios.
Envía, si es que puedes, la sabiduría al mundo:
aquellos que se niegan a aceptarla,
confínalos sin piedad entre los cientos
que matan la imaginación que conlleva salvaciones.
Permite a los que luchan por el bien
que triunfe la razón de sus plegarias.
Ay, roseta, sírvete unir el tiempo y el espacio
para que, siendo uno, retorne a la perfección de la realidad;
sin las explosiones que aniquilan la mente
de lo por siempre innovador.
Haz que los seres que habitan este planeta
triunfen sobre el mal que ellos mismos se inventan
para errabundar por círculos viciosos
que no conducen sino al beneficio de los menos,
 con toda la violencia indiscriminada de la sangre...
Que el privilegio secuestrado de la energía sublime
pase a las manos de aritmética de la sedienta multitud.
Abre las puertas de la percepción
y cierra las que abrió la perfidia disfrazada de bienaventuranza.
Fulmina sin consideración alguna las malas lenguas
que utilizan el fraude/ bodrios para plasmar enseñanzas de veneno
que substituyen al genio antiguo,
sin importarles un chavo -más bien todo lo contrario-
tu cabello impregnado de estrellas.
Resucita a los espíritus que te rinden culto en la montaña
ante el libro abierto de la suprema/ sapiencia,
aquella unidad que todo lo aclara:
la revelación del cosmos a los entes de la existencia.
Y preserva los corazones expuestos a la luz.
Que los planos transcurran como el pasar de las hojas
de una bella historia de amor,
como las estaciones de las muchas primaveras.
Que no prime la verdad ni tampoco la mentira.
Levanta el manto del mal y cubre de oro la tierra,
para que la belleza del cuerpo en medio del jardín
que sacia el hambre del sexo eterno
prevalezca entre los más necesitados.
Y, al final, si somos dignos, deja caer tu velo
y descúbrenos tu rostro.


La visita

No una ni dos ni tres,
sino a veces muchas veces
al día los muchos días...
se acercaba trémulo
para disfrutar del trémulo ardor.
Y, con su aliento de miel,
despertaba dulcísimas/ delicias
 de las entrañas rotas del esfuerzo;
anegando de besos ardientes
al corazón herido de la nostalgia.
Sin amor un día de muerte;
y, sin amar la vida, sino la noche,
las plantas te abrazan como locas
al cruzar el puente iluminado
del tránsito sin fe pero rabioso.
Entonces,
la ignorancia se reflejaba en el espejo;
así que al concluir la obscuridad,
ni la paz ni el destino
se adueñaban de memoria alguna.