Emigrante


Poema de Marlene Denis

La calle es el camino pedregoso
pero esto es amor.
Yo tiento a la ira
mientras muero de girasoles en las piernas.
Mis manos se pueblan de cuerpos
                                        y cascabeles
de violetas
que no se ocultan entre las jaurías del alma.
¡Es amor!
Tú deslizas por mi vientre las estrellas
aunque sé que hay sombras.
¡Sí!
Mi asesino está al acecho
y compra flores.
Es la costumbre de regresar con el pecho roto
                                                                      la costumbre…
¡Demasiado infierno para un poema!
Debo encender otra luna
para derramar la fe por los rincones
y acudir a la semilla
          donde cultivé los anillos del tiempo.
Voy a incinerar los viejos paraísos ahora
cuando la tierra prometida
                        no es más la tierra prometida.
¿Quién volverá entonces a los campos de batalla
y cultivará otro Lepanto
                          otra añoranza?
Necesito perdonar al cuchillo
y al crepúsculo lejos de casa.
Este es el festín del matador.
La sierpe apresura en mi cuello otra carcajada.
Todavía hay premoniciones en la carne.
Sé que alguien me volverá a negar
mientras otro me mate con un beso
lejos de casa.
¡Dios mío
                                                tan lejos!

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