Una pequeña historia de amor

Relato de Lucía Vilches



Las miradas se unieron en un cúmulo de versos sin palabras, en una inundación de recuerdos anclados en aquella primavera de una adolescencia caduca que permanecía fresca e intacta en sus ojos verde oscuro, como lago en el atardecer de otoño. 

Nos hicieron las presentaciones: “Mi esposa”, yo dije, “¿Nos conocemos?” ella respondió. “Quizás un leve parecido, un recuerdo del pasado…”. Y me golpeó el viento cálido de aquella tarde en que nos dijimos adiós con promesas de nuevas primaveras que nunca llegaron, mientras brotaban dos lágrimas de sus bellos ojos verdes, las mismas que hoy inundan mi alma…

Siete años antes:

Tan solo hacía siete años. El pueblo costero en fiestas bullía de juventud y alegría. Las gentes amables reflejaban en sus rostros una hospitalidad muy usual para la ocasión, mientras que los niños llenaban el aire con sus ruidosos juegos como trinar de pájaros al amanecer.

Llegué de vacaciones a ese pueblo pescador con la intención de recuperar las materias perdidas durante el curso. Un lugar ideal para estudiar sin apenas distracciones, solo el monótono y continuo rumor del mar. Hubiese querido quedarme en la ciudad con los amigos, y sin embargo ahora estaba  en ese lugar en contra de mi voluntad como posible recurso eficaz por deseo de mi padre. Esa tarde salí a pasear sin ningún interés, hasta que me encontré con su rostro y se cruzaron nuestras miradas. 

Yo era un joven, un adolescente bien parecido, arrubiado, de alta estatura y buena facha. Ella...cómo voy a decir, era realmente hermosa, bella,  una española con rasgos judío árabes, pelo negro golondrina y ojos verdes de mar profundo.   Aquella tarde quedé fascinado. Nos presentamos, comenzamos a hablar y compartimos todo nuestro tiempo y también las pocas monedas con las que contábamos. Compramos palomitas de maíz, subimos al carrusel, paseamos por la orilla de la playa y nos embriagamos de miradas frente a la puesta de sol. Podía escuchar el pálpito de mi corazón cerca del suyo mientras el arrullo del mar nos envolvía.

Volvimos caminando sin prisa por las bulliciosas calles. Apenas sin darnos cuenta nos cogimos de la mano y aunque todavía el pueblo entero andaba por todo lugar  no recuerdo haber visto a nadie, solo a ella, ella, su sonrisa, y sus bellos ojos verdes.

Nos enamoramos y al despedirnos nos dimos un beso. Ella me regaló una última sonrisa cuando la dejé en la puerta de su casa. Hoy mas que nunca conservo ese momento en mi memoria y en mi corazón.

Nada había pasado desapercibido. Al día siguiente estaban hechas las maletas. Nos volvíamos a la ciudad. ¡No lo podía creer! Fui corriendo para hablar con ella, lo que había entre nosotros, aquel amor, no podía desvanecerse como un sueño de hadas, pero así fue, nos tuvimos que despedir. Nos dijimos adiós, ella con lágrimas en los ojos y yo con el corazón abatido y una promesa de regreso que nunca se cumplió, La misma que hoy lastima mi alma.

Leer otros poemas y relatos de Lucía Vilches pinchando aquí.